Para Heller, el Presupuesto 2017 “lleva al ajuste y a la flexibilización laboral”

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“Este Presupuesto fija los ejes del proyecto político conservador que encara el PRO y que siguen promocionando como positivo para el país, a pesar de los reiterados resultados negativos que ha venido mostrando en las distintas naciones en las que se aplica”, opinó hoy el diputado nacional Carlos Heller (Partido Solidario) al ser consultado por el proyecto del Ejecutivo que está en discusión en la cámara baja.

“Lo que está en la base de las proyecciones del Presupuesto 2017 es el ideario neoliberal que lleva al ajuste y a la flexibilización laboral”, agregó el Vicepresidente Primero de la comisión de Finanzas. En ese sentido, Heller explicó que “los supuestos macroeconómicos para confeccionar el Presupuesto se basan en la idea de que la productividad de la economía está en descenso por «los desequilibrios heredados». Pero lo que en verdad esconden detrás de este concepto (y lo han dicho explícitamente los funcionarios) es su idea de que los salarios reales son muy altos, y que son éstos los que frenan el incremento en la productividad”.

Para el diputado, en el texto presentado por el Ejecutivo “se cargan las tintas en la supuesta mala herencia recibida, a la cual se le dedican diez párrafos, cuando sólo se emplean tres párrafos para la situación internacional, y doce párrafos para las medidas tomadas por el nuevo gobierno”.

Heller cuestionó el tono alarmista del texto del oficialismo sobre la situación de la economía recibida. “Eran ellos o el caos -sostuvo en tono irónico-. Sin embargo, la caída de la actividad y el hundimiento de los salarios reales se produjeron con el «sinceramiento» implementado por la gestión macrista”.

El referente del movimiento cooperativo también señaló que el ministro Prat-Gay expresó en varias oportunidades que “se presentó el primer Presupuesto en diez años con números reales”. “¿Qué significa «números reales» en un Presupuesto que es una estimación de la evolución futura de la economía y de las principales variables? ¿Acaso la realidad es el promedio de estimaciones de los economistas vernáculos que proyectan un aumento del 3,5% del PIB para 2017 (coincidente con el número recogido en este Presupuesto que estamos discutiendo), o las estimaciones del FMI que dan un 2,8% de crecimiento para 2017?”, se preguntó el legislador.

El diputado nacional también fue crítico con la inflación proyectada para 2016 y 2017: “¿Cómo se logra pasar de una inflación acumulada del 43,5% para agosto (inflación CABA) a una estimada en el Presupuesto del 37% para 2016, cuando, entre otras cuestiones, las tarifas de gas residenciales van a aumentar (en promedio) un 203% en octubre de este año?”, puntualizó. Respecto de los números previstos para el año próximo manifestó: “Para el 2017 plantean un objetivo de inflación de entre el 12 al 17%, una cifra que resulta poco creíble” y recordó que “para este año anunciaban una inflación de entre el 20 al 25%, y bien lejos vamos a estar de ese número”. “A mi entender, lo que desean con esta cifra de inflación esperada para 2017 es poner bandas de referencia para los aumentos salariales”.

Heller añadió que la estimación de las cuentas públicas que ofrece el Presupuesto 2017 “solamente es sostenible en un optimismo desmesurado”, pues el gobierno“augura un crecimiento del producto sostenido, con generación de empleo e inclusión, cuando en realidad la economía está transitando por un camino de estanflación”.

Malvinas: superficial y preocupante accionar de Macri y su Gabinete

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Por Carlos Heller

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Sorprende la liviandad con la que Mauricio Macri aborda un tema de enorme trascendencia para la mayoría de los argentinos, como lo es nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas.

Al “comunicado conjunto” de la Cancillería Argentina y el Foreign Office, que implica acuerdos a espaldas del Congreso de la Nación, se suma ahora el papelón internacional que protagonizó Macri en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El Jefe de Estado dijo que dialogó sobre la soberanía de las Islas con la primera ministra Theresa May, pero fue desmentido por la propia canciller Susana Malcorra, primero, y por el mismísimo gobierno británico después.

Si bien está claro que no comparto la filosofía ni la línea política de Mauricio Macri, admito que siento vergüenza por la superficialidad con la que el Presidente y su Gabinete abordan el tema Malvinas. Es que su desesperación por lo que entienden como “integrarse al mundo” es de tal magnitud que los lleva a cometer errores en un asunto que implica soberanía pero también enormes intereses económicos y geopolíticos.

Sigo pensando que nuestro lugar en el mundo sigue estando junto a los países de Nuestra América. La clave para discutir con los grandes bloques y las potencias está en el fortalecimiento de la integración regional.

En el marco de este “desmadre” y de esta ausencia total de institucionalidad, como integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados firmé hoy un proyecto consensuado con las demás fuerzas políticas para que el pleno de la Cámara respalde “el rol insoslayable del Honorable Congreso de la Nación en la adopción de medidas de política exterior, puntualmente en materia de pesca, hidrocarburos, navegación y aquellas que afecten lo establecido en la Primera Disposición Transitoria de la Constitución Nacional, que dispone la reafirmación permanente de la legítima e imprescriptible soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes”.

Además, desde la Comisión de Relaciones Exteriores citamos para el miércoles próximo al vicecanciller Carlos Foradori para que brinde explicaciones sobre el “comunicado conjunto” de la Cancillería Argentina y el Foreign Office para afianzar las relaciones bilaterales y promover inversiones extranjeras en las Islas Malvinas y en el Atlántico Sur.

Entre amigos

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Tiempo Argentino | Opinión

Por Carlos Heller

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El diario El País, de España, tituló: “Las multinacionales reclaman a Argentina más flexibilidad laboral”. Es una buena frase para resumir los resultados del encuentro –pretenciosamente denominado Mini Davos– que se llevó a cabo en el Centro Cultural Néstor Kirchner.

Las corporaciones están felices con Mauricio Macri, quien con su victoria inició el giro político en Latinoamérica: “Macri cuenta con un aliado clave que le ha dado un respaldo casi sin matices: el mundo de las grandes empresas, en especial las multinacionales, y los gobiernos de los países más relevantes, sobre todo Estados Unidos” (El País, 13/09/16).

El Foro también sirvió para observar las enormes coincidencias de Macri y su equipo con el pensamiento de los grandes empresarios. Un ambiente que lleva a recordar similar euforia suscitada al inicio de los noventa.

Cada nueva actividad que realiza Macri sirve para intentar avanzar un poco más hacia la flexibilidad laboral, y menospreciar la dedicación que ponen los trabajadores en sus tareas. En un reportaje concedido en Hangzhou, China, Macri sostuvo: “Cada uno debe hacer su máximo esfuerzo. Cada uno que falta a su tarea, que no hace bien su trabajo, repercute sobre los demás. Hay que volver a trabajar, alejarse de esas recetas del populismo de no esforzarse, del facilismo, porque a la larga todo lo que es gratis alguien lo paga”.

Las expresiones del presidente coinciden con las de Bob Dudley, de la petrolera británica BP: “En los últimos 12 años se perdió el espíritu de trabajo que siempre tuvo Argentina”. Por el lado vernáculo, Paolo Rocca, titular de Techint, sentenció en inglés: “Hay que convencer a los sindicatos para que no peleen por el sueldo de algunos, sino por el empleo de muchos”, una intimidación ya planteada por el ministro de Economía.

En esa “mini cumbre”, el presidente Macri volvió a cometer un sincericidio, esta vez vinculado a los datos del empleo: “Los primeros números de este mes empezan a mostrar que se revirtió levemente a positivo, con la creación de 10 mil empleos nuevos. Pero por lo menos paró el drenaje de los 30 mil empleos por mes, que obviamente lejos está de esos postulados oportunistas de ola de desempleo”. Hagamos una cuenta: 30 mil despidos por mes en ocho meses da 240 mil desempleados. El Centro de Economía Política Argentina (Cepa) acaba de calcular en 208 mil los despidos en el mismo período.

En el encuentro con CEOs y lobbistas estuvo presente en todo momento el tema de la “herencia recibida”. La expresidenta Cristina Fernández definió correctamente lo que significa en este ámbito: “La pesada herencia que dejamos fueron salarios altos y paritarias plenas”. Son esos logros los que desean suprimir los empresarios y es el cambio que el gobierno macrista intenta imponer.

Otro de los temas que quedó claro en este foro es la dificultad de la recepción de inversiones, y el tiempo que tardará que estas generen los efectos que están esperando los funcionarios macristas. Muchos de los asistentes marcaron que aún persisten muchos desequilibrios y que requieren mayores certezas de continuidad y de la tan mentada “seguridad jurídica”. No es casual que hayan disertado el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, y el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. Este último se preocupó por dar señales de continuidad del modelo más allá de la finalización del mandato de Macri. “No hay vuelta atrás”, dijo convencido Monzó, y para no dejar dudas citó con nombre y apellido: “No va a pasar un presidente que no sea María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Ernesto Sanz o Ramón Mestre”.

Una mención aparte requieren los distintos comentarios de los economistas invitados a disertar. Un buen resumen de los objetivos perseguidos por los empresarios fue realizado por Diego Giacomini, de Economía y Regiones: para que haya inversiones “no alcanzan los buenos modales, hay que ofrecer la posibilidad de ganar dinero”. En la misma orientación, Eduardo Levy Yeyati comentó: “En el largo (plazo) influye el costo argentino, el laboral. La inversión es un proceso de acumulación, nadie se tira a la pileta si no ve posibilidades de rentabilidad”. Giacomini se atrevió a sostener que “aumentar la edad jubilatoria es un objetivo para las cuentas públicas”.

Para no hacer muy extensa la colección de citas, voy a cerrar con dos que tuvieron tono de advertencia. Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Ecolatina, dijo que, pese a que el año que viene va a haber expansión de la economía, “va a ser de muy baja creación de puestos de trabajo”. Por otra parte, Ramiro Castiñeira, de Econométrica, sostuvo que, si bien el nivel de deuda pública es aún bajo, “es peligroso financiar el déficit (fiscal) con deuda externa”.

No es casualidad que ante los CEO de las principales empresas radicadas en Argentina, y algunos de las principales empresas internacionales, Macri haya expresado que “los argentinos no pueden pagar más impuestos”, ratificando su política de reducción de los tributos que ya ha venido aplicando desde el primer día de su mandato.

También en este “Mini Davos”, Macri comenzó a develar los verdaderos efectos y costos de sus políticas, que se cuidó muy bien de ocultar durante la campaña electoral. Sostuvo que “la Argentina estaba en recesión hace más de seis meses y estancada hace más de cuatro años. Pensar que íbamos a sincerar la economía y a su vez crecer inmediatamente era un imposible”, y repitió su metáfora mágica a quienes desean resultados inmediatos: “Para eso hay que ir a Las Vegas, ahí está (David) Copperfield”.

Presupuesto 2017

Se presentó el Presupuesto Nacional 2017, sobre el cual Alfonso Prat-Gay dijo enfáticamente: “Está basado en la verdad”. Un comentario incomprensible, puesto que el mismo está construido con estimaciones sobre el futuro, que podrán ser más o menos certeras, pero especulaciones al fin. Salvo que se piense que la verdad se encuentra en los promedios de las estimaciones de los analistas del mercado. En ese aspecto, el Presupuesto las sigue con precisión: propone una caída del PBI del 1,5% para 2016 y un crecimiento del 3,5% para 2017. Cifras que no dejan de ser optimistas.

Más auspiciosa aún es la meta de inflación de entre el 12% y el 17% para el año próximo, máxime si se cumple con los proyectos informados por el ministro Juan José Aranguren en el inicio de la audiencia pública: un aumento promedio del 237% para los usuarios domiciliarios de gas y del 500% para las empresas. A esto hay que sumar los dos aumentos del 21% en dólares que tendrían las tarifas en abril y octubre del próximo año.

El Presupuesto estima que el dólar acompañará a los precios, por lo cual no se prevé modificación sustancial en el tipo de cambio real respecto del que existe al día de hoy. Los economistas del establishment seguirán preocupándose por tal cuestión.

Los mencionados son sólo algunos datos. La discusión importante –que transitará además por el nivel de endeudamiento para sostener el déficit mencionado– se dará en la Comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados a partir del martes próximo. No obstante, este Presupuesto fija los ejes del proyecto político ultraconservador que encara el PRO, que siguen promocionando como positivo para el país, a pesar de los reiterados resultados negativos que ha venido mostrando –en especial sobre el bienestar de la ciudadanía– en las distintas naciones en las que se ha estado aplicando. La mejora en el futuro es sólo una parte más del relato.

Nota publicada en Tiempo Argentino el 18/09/2016

Para Heller, Aranguren violó la Ley de Ética Pública

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El diputado nacional también planteó que el “Mini Davos” es un escenario para plantear la desregulación laboral

“Se come algún detalle, como le pasa habitualmente”, expresó el diputado nacional Carlos Heller (Partido Solidario) al referirse a la defensa que Mauricio Macri hizo de la venta de las acciones que Juan José Aranguren poseía en Shell. “Desde el 1° de enero a la fecha las acciones de Shell en la Argentina crecieron un 37% en dólares. Se ve que esto al Presidente no le importa. Es decir, el señor Aranguren ya ganó un 37% de su inversión en Shell, y esto en sí mismo es una violación a la Ley de Ética Pública y no sé si no es enriquecimiento ilícito. Es un tema para analizar”, planteó anoche Heller en declaraciones radiales.

En diálogo con Roberto Caballero, y citando información difundida por un matutino, el Presidente del Partido Solidario también señaló que “el Gabinete energético de Aranguren también posee acciones en empresas del sector”, lo que a su criterio también es “incompatible”.

Consultado por el denominado “Mini Davos” que se realiza en la Ciudad de Buenos Aires, Heller apuntó a su organizador, el marroquí Richard Attias. “Attias aparece en Panamá Papers con una empresa que se llama «The Experience by Richard Attias», radicada en las Islas Vírgenes Británicas y él explica: «la triangulación con paraísos fiscales en imprescindible en función de los impuestos agobiantes que hay que pagar en países que no tienen opacidad tributaria». Ésta es la ideología del organizador de la «Mini Davos»”.

“«La Argentina de remate», la podríamos titular. «Señores, acá está la oportunidad, ¿qué quieren comprar?»”, sostuvo Heller con tono irónico, antes de advertir que hay que ver con atención procesos que se dan en la región, como el recientemente anunciado “plan de privatizaciones para intentar salir de la recesión en Brasil”.

“¿Qué es en definitiva lo que el gobierno llama reformas estructurales y les ofrece a estos inversores? Fuerte deterioro en la distribución del ingreso, apertura del comercio, liberalización financiera, libre movimiento de capitales, pago a los buitres y brutal endeudamiento externo (alrededor de 35 mil millones de dólares de nueva deuda entre la de la Nación y las provincias). A pesar de todo eso la lista de nuevas inversiones sigue siendo flaquita y los supuestos interesados dicen «falta flexibilidad laboral»”, añadió el legislador. “La famosa globalización no es la globalización de las relaciones entre los Estados, es el predominio de los intereses de las corporaciones sobre los intereses de las Naciones y de sus habitantes”, puntualizó.

“Argentina ya abrió la economía, ya les permite que se la lleven cuando quieran sin ningún tipo de restricciones, ya abrió el comercio exterior a que entren las importaciones sin ningún tipo de limitaciones, ya bajó impuestos. ¿Qué falta? La flexibilidad laboral, que es lo que van a intentar implementar”, expresó el referente del movimiento cooperativo. Heller destacó que en este escenario “el proceso de acercamiento y de búsqueda de acciones en común que se vislumbra en el movimiento obrero tiene que ver con que todos los sectores (los más cercanos al gobierno y también los menos cercanos) tienen claro que lo que viene es el intento de avanzar en la desregulación laboral”.

Unirse detrás de un proyecto transformador

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Página/12 | Opinión

Por Carlos Heller

Mauricio Macri lo acaba de decir sin rodeos: no piensa reabrir las paritarias porque, según su particular punto de vista, la inflación está bajando aceleradamente.

Si la movilización social, que alcanzó su punto más alto con la Marcha Federal y la llegada al centro de la ciudad de Buenos Aires de numerosas columnas de trabajadores de todo el país, no altera sus planes, este gobierno habrá cumplido su primer objetivo: la reducción del salario real de los trabajadores.

Lo venimos diciendo: las devaluaciones tienen por objetivo producir un cambio en los precios relativos de la economía, en el cual el precio del trabajo quede atrasado con relación a todos los precios restantes. En los últimos meses ha habido una inflación anual acumulada del 47% y salarios que han aumentado entre el 20% (con cláusulas de reajuste que el gobierno no quiere abrir) y un 35% en el mejor de los casos. La diferencia es lo que ha perdido el salario real de los trabajadores.

Entonces, cuando los asalariados quieren abrir las paritarias para recuperar la pérdida de salario real el gobierno dice: “no, esto ya está, ahora hay que discutir para adelante”, en base a indicadores más bajos de inflación que proyectan con gran optimismo hacia el futuro. Así consolidan la reducción del salario real.

Pero no es el único modo de deteriorar el poder adquisitivo de los sectores populares. La decisión del gobierno de aumentar de modo sideral las tarifas de los servicios públicos, con el gas y la electricidad a la cabeza, tiene por objeto incrementar las rentas de los productores de energía y reducir los subsidios a costa de los usuarios.

Mediante la devaluación o mediante los aumentos de tarifas los sectores populares pierden poder de compra y ello redunda en baja de la demanda interna, en caída de las ventas minoristas, de los índices de construcción, del turismo, y de la mayoría de los indicadores de la actividad económica.

Según un estudio del Instituto Estadístico de los Trabajadores dependiente del Centro de Innovación de los Trabajadores (Citra) y de la Universidad Metropolitana del Trabajo (UMET) la participación de los asalariados en el PIB retrocederá este año del 51,2% al 48,5%.

Pero el macrismo no está solo en el escenario político ni la historia ha comenzado cuando ellos llegaron al gobierno.

Por un lado, la Marcha Federal que congregó a 200 mil personas provenientes de todo el país, y en la que participaron los gremios de ambas CTA y muchos sindicatos alineados con la CGT unificada, creó un primer piso de reagrupamiento social y político contra las iniciativas de ajuste neoliberal conducidas por Macri. En este escenario, la propia CGT unificada inició una serie de reuniones con distintos actores sociales con el objetivo de aumentar su volumen político y su capacidad de negociación.

Por otro, una extendida red de organizaciones de consumidores, cooperativistas, centros culturales, clubes de barrios, entidades de pequeñas y medianas empresas y del comercio han desplegado movilizaciones en las calles y estrategias jurídicas para frenar el aumento sideral de las tarifas.

Finalmente, una potente memoria social anclada en los últimos doce años de políticas expansivas y de redistribución del ingreso parece emerger como un recurso efectivo para acelerar los tiempos de la movilización social y el reagrupamiento contra las políticas neoliberales.

Como ya lo hemos dicho varias veces, el único límite para las políticas de ajuste es la resistencia de los ajustados.

Y los ajustados, hoy, por contraste con su propia memoria del ciclo distributivo, parecen movilizarse más rápidamente y constituirse del modo más veloz.

Todos estos sectores tienden a confluir, a tender puentes, a unificarse detrás de estrategias comunes –no sin las dificultades y los avances y retrocesos propios de campos de fuerzas muy heterogéneos– bajo la intensidad de la memoria de un proyecto incluyente de los sectores populares y frente el horror de un plan que repone los peores contornos del país excluyente de los años noventa.

El Partido Solidario integra desde adentro ese proceso de confluencia de fuerzas: muchos de sus militantes y dirigentes enfrentan todos los días al proyecto neoliberal desde su participación en organizaciones de pequeñas y medianas empresas, entidades de consumidores, clubes de barrios, centros culturales, sindicatos, agrupamientos juveniles y de género, entre otros frentes de lucha.

Hoy, cuando el proyecto neoliberal comienza a mostrar sus efectos perversos, con miles de nuevos desocupados y nuevos pobres, con destrucción de las industrias y el avance sostenido de la exclusión y la desolación de los argentinos, el compromiso con la unidad y con el reagrupamiento de fuerzas detrás de un proyecto que recupere lo mejor de los doce años de transformaciones populares e incorpore lo que faltó o lo que no se hizo bien, no es sólo una necesidad sino también una obligación.

Se trata de unirse. Pero no de cualquier modo: unirse detrás de un proyecto de transformación.

En eso estamos, a eso los convocamos, a eso debemos dedicar todas nuestras energías en los próximos meses.

Nota publicada en Página/12 el 11/09/2016

 

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