El cambio de roles discursivo

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espias1“Yo me acuso, yo me absuelvo, yo me juzgo”. Así tituló  Página/12 el 22 de julio, y es sobre esta idea que me gustaría profundizar.

En principio, lo que Macri está haciendo, desde que salió el tema de las escuchas telefónicas, es abusar o bien del desconocimiento o bien de la inocencia de la gente, porque es una locura pensar que el acusado de un crimen termine indagando a un Juez Federal.

Esto fue lo que sucedió cuando Macri salió del juzgado del Dr. Oyarbide, luego de que lo citaron a declarar, y dijo a los medios que estuvo 6 horas preguntándole al juez qué pruebas tenían contra él. Cualquiera sabe que si a una persona la llaman a declarar, ya sea como acusado o testigo, tiene que responder un cuestionario. Las explicaciones en un juzgado se dan, no se piden.

Después del procesamiento por parte de Oyarbide, Macri dijo que el juez prejuzgó y que, desde luego, confiará en el fallo de la Cámara Nacional de Apelaciones. Cuando ésta ratificó el procesamiento, dijo en conferencia de prensa que el escrito era un “mamarracho” y que los tres camaristas eran “títeres de Kirchner”.

Pero el Jefe de Gobierno tampoco se queda allí. En un acto, que él considera redoblar la apuesta, hace otra voltereta sensacional exigiendo juicio oral y público. Algo que tanto Oyarbide como la Cámara habían resuelto al procesarlo.

La frutilla del postre llega un día después cuando la mesa chica del PRO se da cuenta que el juicio oral y el juicio político tenían un escenario complejo. Es así que Macri sale a declarar a los medios que decidió darles instrucciones a sus legisladores para que “apuren el juicio político”. Es decir, un juicio político hecho por ellos y para ellos.

Creo que queda a la vista el manejo del discurso que hace Macri y de cómo cambia los roles, cuando la realidad es que en su procesamiento la Cámara entiende que el Jefe de Gobierno ha sido partícipe necesario de la asociación ilícita creada para realizar escuchas ilegales.

El árbol y el bosque

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justicia-socialLa súbita preocupación del autodenominado Grupo A por la justicia social resulta, aparentemente, incomprensible dada su férrea oposición a todas aquellas medidas tomadas por el Poder Ejecutivo tendientes a desmontar la herencia del neoliberal-conservadurismo desde 2003 a esta parte.

Para comprender esta aparente paradoja hay que ir más allá del debate alrededor del objetivo de lograr el 82 por ciento móvil de las jubilaciones.

Hay que mirar el proceso político más general, inscripto en la batalla fundamental del actual período histórico: desandar los caminos empujados a partir de la dictadura genocida desde 1976. La etapa abierta allí fundó un nuevo régimen de acumulación apoyado en el terrorismo de Estado. Como bien denunció Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la Junta Militar, el aniquilamiento masivo contra los cuerpos y el despojo de los bienes y los derechos de los militantes populares tuvo un sentido que trascendía esos crímenes horrendos: “Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

Ese plan, instrumentado para la región por golpes de Estado sangrientos en los años setenta, abrió las compuertas para la instalación de los proyectos neoliberal-conservadores, y el año 2001 expresó en nuestro país un agotamiento de ese proyecto de orden social.

¿Qué región y qué país encontró ese fin de ciclo?

Una América Latina desunida, subordinada a los mandatos imperiales de Estados Unidos, que transitó irresponsablemente por las calles de las “relaciones carnales” y la imposición de las fórmulas ruinosas del Consenso de Washington.

La aplicación sistemática de esas fórmulas se expresó en procesos de concentración y extranjerización de la economía, subordinación a los vaivenes del mercado financiero internacional, elevadísimos costos sociales en términos de desigualdad, exclusión, desempleo. Cualquier indicador social revela los efectos catastróficos que ratifican los pronósticos de Rodolfo Walsh.

En términos económicos, el modelo de acumulación se fundó en políticas exportadoras en detrimento del mercado interno, desplegando una economía de servicios -a expensas de una economía productiva- con sus consecuencias en términos del nivel y calidad del empleo.

La privatización de las jubilaciones resultó no sólo un mecanismo fraudulento contra los trabajadores aportantes sino un muy eficaz dispositivo de vaciamiento del Estado, convertido en garante, en última instancia, de administradoras que estimularon irresponsablemente un capitalismo especulativo.

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“Se encerró en un discurso”

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mauriciomacriLuego de escuchar la conferencia de prensa de Macri, ha aumentado mi preocupación al constatar el autismo del jefe de gobierno. Se ha encerrado en un discurso por el que atribuye todo lo que le pasa a supuestas conspiraciones externas, sin asumir ninguna responsabilidad por los actos ilegales que cometió. Macri comete irregularidades y luego se vuelve un autista. El autismo es la posición más cómoda para no dar explicaciones.

Macri tendrá mucho trabajo en las próximas semanas: deberá defenderse ante la justicia en la nueva instancia judicial a la que arribó su caso, deberá defenderse ante la Legislatura porteña, tanto si se decide la conformación de la Comisión Investigadora, el juicio político o su presentación en el recinto. Y, sobre todo, deberá dar explicaciones al electorado de la Ciudad de Buenos Aires.

Con esa nutrida agenda de defensa ante los cargos de ilícitos, el jefe de gobierno debería tomarse licencia a fin de que la ciudad no siga estando a la deriva.

Es necesario el apartamiento transitorio o definitivo de Macri de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad. Un procesado por prácticas ilegales y clandestinas que rememora lo peor de nuestro pasado no debe seguir al frente del gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

Esta nota fue publicada en Tiempo Argentino el día 20 de julio de 2010.

Reforma financiera en el CGERA

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El 20 de julio di en la Confederación General Empresaria de la República Argentina (CGERA), una charla sobre el proyecto de ley de Servicios Financieros presentado en el Congreso por el bloque Nuevo Encuentro Popular y Solidario.

El CGERA manifestó su apoyo al proyecto, al tiempo que los empresarios presentes realizaron aportes que analizaremos en el bloque.

Les dejo algunas fotos del evento.

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Comparaciones arbitrarias

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dineroUna respuesta a La Nación

En la editorial de La Nación del 16 de julio se intenta realizar un paralelismo entre las reformas financieras recientemente aprobadas en los EE UU e impulsadas por Barack Obama, y el proyecto de ley de Servicios Financieros para el Desarrollo Económico y Social de mi autoría.

La comparación es totalmente arbitraria, dado que detalla positivamente las regulaciones establecidas en los EE UU, asociando el dictamen del Parlamento con la propuesta de Barack Obama, cuando esta sufrió muchos cambios en su transitar parlamentario y enfrentó grandes críticas.

En forma paralela, sólo realiza críticas al proyecto de ley de Servicios Financieros, evitando cuidadosamente enunciar las coincidencias que tienen ambos proyectos.

Estas coincidencias, con los lógicos contrastes, se producen en lo atinente a la creación en el seno de los bancos centrales de cada país (la Reserva Federal en los EE UU) de un organismo de defensa del consumidor y también en el mayor protagonismo que se otorga de los entes de seguros de depósitos.

En realidad, los argumentos que La Nación utiliza contra el proyecto de Heller son los mismos que los lobbistas de Wall Street utilizaron para denostar el proyecto de Obama, exagerando o malinterpretando las distintas regulaciones que intentan mejorar la salud del sistema.

Es falso cuando La Nación dice que “el proyecto de Heller” no se preocupa por la estabilidad del sistema, ya que se establece, entre otras cuestiones, un límite a la participación de mercado de las entidades y exige que tengan la aprobación del BCRA para poder operar en derivados. También se fija un listado taxativo de las operatorias que pueden realizar los bancos comerciales, similares a las que realizan actualmente, pero excluye la posibilidad de instrumentar innovaciones que puedan generar inestabilidad sistémica, algo que la actual ley de Entidades financieras no prevé.

Se informa parcialmente sobre el proyecto de Obama, puesto que se evita comentar que se prohíbe a los bancos realizar operaciones de inversión con capital propio, de fuerte carácter especulativo, que constituye un recorte directo de negocios altamente rentables (y riesgosos) para los bancos.

La editorial sostiene que nuestro proyecto propone la “intervención estatal en detrimento de la eficiencia y estabilidad de la operatoria bancaria”. La crisis financiera estadounidense, y las distintas crisis argentinas, en especial la de 2001, muestran que la supuesta eficiencia que postula La Nación fue la causante de los problemas sistémicos, así como también evidencian que la estabilidad no se logró con la libertad del mercado, sino, por el contrario, con una fuerte intervención del Estado.

Los defensores a ultranza de la subsidiariedad del Estado tienen una vara distinta para evaluar la regulación estatal.

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