En las distintas comisiones del Parlamento se han generado varios proyectos de carácter económico que impactan negativamente sobre el erario público, dado que la mayoría de ellos vulnera la más elemental de las técnicas legislativas, que aconseja acompañar todo proyecto de mayor gasto o reducción de ingresos, con la previsión de nuevos recursos fiscales que lo compensen. Esta debilidad de los proyectos no se trata de un olvido, puesto que en su tratamiento en comisiones se ha mencionado en forma reiterada esta falencia, la que ha sido desestimada obstinadamente por los autores de los proyectos y quienes los apoyan.
La estrategia mencionada puede analizarse desde varios puntos de vista. Por un lado, estos proyectos parten de la machacada idea del neoliberalismo que se centra en la necesidad de reducir el gasto público; si bien algunos proyectos tienden a aumentar ese gasto -como el de modificación a las jubilaciones-, al no proponer fuente de financiamiento, de aprobarse, terminará obligando a reducir otros gastos del Gobierno, en muchos casos, esenciales para el funcionamiento del Estado. Estoy convencido de que debe gastarse más y mejor, generando los recursos apropiados, una premisa que no persiguen los proyectos que se analizan.
Desde otro punto de vista, esta metodología no es más que una forma de poner palos en la rueda al modelo actual, al llevar a la administración fiscal a una tensión máxima por la desfinanciación que generan. Hacen demagogia con el aumento a jubilados, ilusionándolos con incrementos que no serán sostenibles en el tiempo, mientras que sus proyectos, realizados a partir de una estrategia política ideada especialmente para complicar al Gobierno, tendrán un efecto negativo sobre toda la sociedad. Si bien la actividad legislativa es eminentemente política, quienes presentan estos proyectos dejan de lado su compromiso parlamentario, cuyo objetivo siempre debe tender a mejorar las condiciones de la sociedad. Sólo los inspira un mero cálculo político que evalúa cuánto van a esmerilar al Gobierno sus proyectos.
Otro enfoque tiene que ver con la génesis de estas medidas, orientadas a responder a exclusivos intereses sectoriales o corporativos.
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Los delitos conocidos como salideras son un problema que aqueja a la sociedad desde siempre, y es una cuestión que debemos empeñarnos en combatir. Pero debe dejarse en claro que la mejor forma de evitar este tipo de delitos, es reducir las extracciones de dinero al mínimo posible e incrementar la bancarización.
En ese aspecto, desde el bloque hemos presentado un proyecto de ley de servicios financieros que establece la obligación de proveer “servicios esenciales” dirigidos a la población; también se prevén distintas medidas para fomentar la bancarización en las zonas de menor desarrollo relativo.
Si bien el fenómeno de las salideras se solucionaría con la mayor bancarización, la utilización de efectivo responde, en la mayoría de los casos, a prácticas usuales derivadas de la informalidad de la economía, en algunos casos fomentada por la fuerte e inequitativa presión impositiva hacia las pymes, por los costos del impuesto a los débitos y créditos bancarios, y en otros casos, por decisiones lisas y llanas de evasión. El combate a la evasión y a la informalidad, junto con medidas fiscales que no graven excesivamente a las pymes o a determinadas operaciones, es una cuestión que debemos encarar para resolver estos delitos de seguridad bancaria.
En el corto plazo, el dictamen de Diputados que apoyamos, coincide con varias medidas que están tomando distintos entes gubernamentales, lo que demuestra la confluencia de intereses entre ambos poderes, una práctica positiva.
Esta nota fue publicada en Tiempo Argentino el 2 de septiembre de 2010.
Hoy jueves 16 de Setiembre de 2010 a las 23:00 hs. participaré del programa “Economía Argentina” que conduce el periodista Marcelo Bonelli en canal Metro.

Hace unos días me sorprendía con un informe internacional que refiere a inversión española en el extranjero. Decía que en el 2009, las 35 empresas que forman el índice IBEX (que sería el equivalente al de la Bolsa de Buenos Aires), generaron el 52% de sus ingresos totales fuera de España. Dos años antes generaban el 24% de ganancias fuera de la península, es decir que se duplicaron. Según el informe, es la primera vez que los ingresos de la actividad internacional representa más de lo que se genera en el propio país.
Las empresas más beneficiadas son los bancos Santander y BBV, dos entidades con una presencia muy fuerte en América Latina. El banco Santander, por su parte, es uno de los pocos bancos internacionales cuyo beneficio en el primer semestre de 2010 repitió la cifra del mismo período del año pasado generando el 70% de su ganancia fuera de España. Y fue gracias a todo lo que ganaron en Latinoamérica que pudieron aventurarse a invertir en Estados Unidos, Asia, Alemania o a dar el salto en el mercado Inglés.
Es por datos de este tipo que en nuestro proyecto de Ley de Servicios Financieros proponemos diferenciar la banca nacional de la banca extranjera, otorgándole al Ejecutivo Nacional la facultad de autorizar el funcionamiento de nuevas entidades así como a autorizar el aumento de la participación en el capital de entidades financieras del exterior en el sistema financiero. Somos concientes que no podemos incluir en el proyecto medidas restrictivas a la banca extranjera porque tenemos convenios bilaterales de inversión vigentes, pero lo que sí incluimos en el texto es el reestablecimiento del criterio de reciprocidad con los países de origen.
Prat Gay decía la semana pasada, luego de las Jornadas Monetarias y Bancarias que se realizaron en el Banco Central, que nuestro país está aislado del mundo. Eso es lo que nos quieren hacer creer. Lo cierto es que la Argentina lidera la UNASUR, y desde esa posición ha tenido destacadas actitudes en situaciones de conflictos regionales, como el caso de Colombia y Venezuela. Tan destacado ha sido el papel argentino, que la encargada de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado norteamericano estuvo con Néstor Kirchner y destacó el rol positivo que UNASUR jugó en dicho conflicto.
Volvamos a la pregunta, ¿aislados de la región? No, jamás estuvimos más fuertes en nuestras relaciones con la región. ¿Aislados del mundo? Tampoco, la Argentina canceló su deuda con el Fondo Monetario Internacional y hoy forma parte del G20, el club más selectivo de países, en el que están los ocho más grandes. Somos los representantes de la región latinoamericana junto a Brasil y México.
De lo que sí estamos aislados es del mercado de créditos, pero hasta por una buena razón: la Argentina salió del default y recurre al fondo de desendeudamiento, que no es ni menos que pagar con reservas excedentes que no necesita. Como consecuencia de esto, la Argentina no tiene que salir a colocar bonos en los mercados internaciones para el pago de deuda. Seguramente lo haga de aquí a un tiempo, pero sólo de forma simbólica porque el riesgo país viene bajando y es una manera de demostrar que se ha recuperado el acceso a los mercados, pero no porque se necesite de ese financiamiento.