Temas como los hidrocarburos, los
minerales, los recursos naturales en general, merecen una discusión amplia en la que se contemplen los diferentes aspectos en juego. En este sentido, el país tiene una asignatura pendiente como parte de las discusiones de fondo sobre cuestiones estratégicas.
Por supuesto, todo está vinculado con la preservación del medio ambiente pero, además, su explotación y utilización debe ser en beneficio de toda la población y no para que optimicen su rentabilidad las grandes corporaciones. Los recursos naturales son de la Nación; su utilización y explotación deben ser concebidas en el marco de una estrategia global de desarrollo sustentable del país y en sintonía con los procesos de integración de la región en clave emancipatoria. Claro está que el tema es de gran complejidad y merece un debate amplio y participativo de toda la sociedad, no sólo a través de las instituciones propias de la democracia, sino también a través de mecanismos complementarios que enriquezcan las visiones y logren los acuerdos de los distintos actores sociales locales, nacionales y regionales. En nuestro país, el tema de la minería y de los hidrocarburos aparece como presionando esta agenda y desde una perspectiva política introduce nuevamente el rol del Estado como protagonista frente a las conocidas lógicas de mercado.
Por ejemplo, la cuestión del petróleo y la renacionalización de YPF emerge como una alternativa necesaria. En una situación en la que surge la denuncia sobre cartelización de precios en la venta del gasoil a las empresas transportistas, si tuviéramos una compañía estatal trabajando en el sector podría haber actuado como referencia de precios y permitiría contar con elementos adicionales para evitar o castigar los abusos. La Argentina está dando una enorme ventaja al no tener una compañía estatal en el sector petrolero, como sí la tienen Brasil, Uruguay o México. La renacionalización de la empresa petrolera y el replanteo sobre el uso del subsuelo son parte de esta discusión pendiente y necesaria. La reforma constitucional de 1994, al provincializar la potestad sobre los recursos naturales, fragmentó la capacidad del Estado nacional y dificulta la puesta en práctica de un gran plan estratégico nacional con una cosmovisión avanzada del país, de la región y del mundo.
La tensión entre progreso y desarrollo versus medio ambiente no es exclusiva de la Argentina ni nace de las necesidades coyunturales. Hace ya bastante tiempo que asistimos a denuncias provenientes de un amplio espectro de organizaciones sociales acerca de los riesgos que entraña el desarrollo de un modelo capitalista que, fundado en la búsqueda incesante de lucro, no tuvo escrúpulos en promover acciones predadoras que multiplicaron los riesgos que ponen en un signo de interrogación la continuidad del género humano y de las distintas formas de vida existentes en nuestro planeta. Si el neoliberalismo fue responsable de las catástrofes sociales productivas, militares y políticas, también corresponde adjudicarle los daños en la dimensión ecológica, es decir los diversos impactos en los ecosistemas del planeta todo.
La Cepal advierte que “los principales problemas ambientales en América del Norte son la contaminación del aire y el agua, el crecimiento descontrolado de áreas urbanas y la alta intensidad en el consumo de energía basada en combustibles fósiles. A su vez, se asevera que en América Latina y el Caribe se hacen cada vez más evidentes la pérdida de biodiversidad y de bosques, y la sobreexplotación de los recursos naturales por encima de su capacidad de reposición, lo cual ha provocado la degradación de suelos y el agotamiento de pesquerías, y se señala que la urbanización acelerada y desarticulada y la persistencia de patrones insostenibles de producción y consumo están agravando problemas como la creciente generación de basura y el aumento en la contaminación del aire en las ciudades. Para todo el continente, el panorama descripto se ha visto agudizado por los impactos del cambio climático y el aumento de la intensidad y frecuencia de huracanes, inundaciones y deslizamientos”. (Cepal, Quinta Cumbre de las Américas 1994-2009 Indicadores seleccionados).
Con esta mención, queda claro que la naturaleza fue y está siendo una de las principales víctimas del modus operandi neoliberal. Desde aquí cabe recuperar la voz de quienes nos antecedieron y plantearon preocupaciones que demostraron su vigencia.
Esta nota fue publicada en la Revista Debate el 03.02.2012
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Hace unos días se conocieron datos de la OIT que dicen que este año el mundo alcanzará la cifra de 200 millones de personas sin trabajo, es decir, 27 millones más que antes del estallido de la crisis financiera. Para sumarle a esta situación, el mismo documento dice que entre el 2000 y el 2009 en el 83% de los países se registró un incremento de las ganancias en relación al producto bruto interno. ¿Qué quiere decir eso? Que la renta del capital aumentó su participación mientras que la remuneración al trabajo la disminuyó.
Estos son datos que no se pueden ignorar porque nos dicen dónde está el lado débil y quiénes son los que pagan finalmente las políticas de ajustes. Y esto es tan brutal que lleva a que en Davos, donde los referentes de las grandes corporaciones se reúnen anualmente, se diga sin ningún tapujo que el capitalismo ha ampliado la desigualdad social y empeorado las cosas, pero que sin embargo “no hay otra cosa mejor que el capitalismo y que no queda otra solución”.
Y es en este contexto donde suceden cosas aún más graves, como lo que dijo en Berlin Christine Lagarde, directora del FMI: “Podemos deslizarnos fácilmente a una situación como la de 1930, donde la confianza y la cooperación colapsaron y los países se encerraron en sí mismos. En último término una situación que lleve a una espiral descendente que podría consumir al mundo entero. Se trata de evitar una situación como la del 30′ en la cual la inacción, el aislamiento y la rigidez ideológica se combinaron para causar un colapso en la demanda global“. Ahora, ¿cuál es la solución para esa supuesta inacción, rigidez ideológica, colapso de confianza, etc. para Lagarde? Lo dijo al final de su intervención: “El mundo necesita hoy un fuerte rol de liderazgo por parte de Alemania y es Alemania la principal interesada en jugar ese rol”. Lo único que queda por decir frente a esto, es que ya escuchamos ese discurso y que fue dramático para la humanidad.
Si a esto le sumamos que Angela Merkel dice que es necesario avanzar en una mayor coordinación recíproca de las políticas cediendo gradualmente más competencia a Europa, la situación empeora. Porque lo que está pidiendo la canciller alemana es una entrega de la soberanía, aceptar que la comunidad europea dirigida por Alemania tenga clara injerencia en las políticas internas de los países miembros de la comunidad. “Una integración más profunda implica que por ejemplo el Tribunal de Justicia de la Unión Europea tenga la obligación de controlar los presupuestos nacionales, entre otras muchas cosas“, dice Merkel en clara alusión a un pensamiento neoliberal que sigue liderando los principales países de Europa.
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En notas anteriores expliqué cómo la inflación es producto de la puja distributiva y producto de la acción de los formadores de precios y no por causa de los aumentos salariales. Esto es así porque el país ha distribuido recursos a sectores carenciados, como la Asignación Universal, los planes trabajar, el desarrollo de las cooperativas, sumado a los incrementos salariales por convenio, han dado capacidad de consumo a un sector de la población que justamente consume todo lo que recibe porque al tener demandas insatisfechas, no ahorra. Entonces, al haber libertad de precios, los formadores se adueñan de parte del mayor poder de consumo de la población aumentando los precios.
La rentabilidad de los grandes grupos económicos estuvo en el techo, mientras que la remisión de utilidades de las grandes empresas al exterior ha sido record. En este contexto los salarios no parecen haber deteriorado la capacidad de ganar. Se habla de la inflación, como si la inflación fuera en definitiva culpa de las políticas públicas, pero lo cierto es que la inflación la generan los que aumentan los precios.
Yo creo que la manera de afrontar esta problemática es una reforma impositiva progresiva de manera que si el precio sube, suba también la presión impositiva. Así se estaría esterilizando el aumento. Creo razonable aceptar una rentabilidad, pero no dejar que el mercado fije libremente la rentabilidad empresaria. Si esto no se ataca, no se va a resolver nunca.
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Según estimaciones, varias economías europeas podrían entrar en recesión, o como prefiere decir Krugman, en depresión. La verdad es que el panorama no es el de un mundo que mejora sino todo lo contrario. De cualquier manera, como la economía no es matemáticas sino política, habrá que ver cuál es el desenlace de la crisis y hasta dónde se profundiza para así avizorar cuáles pueden ser los posibles impactos tanto en la región como en la Argentina.
Según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), nuestro país crecerá en 2012 cerca del 4%, es decir menos que en 2011. Estas estimaciones se basan en dos factores: el debilitamiento de la economía mundial y su demora en recuperarse; y el riesgo del enfriamiento de la demanda interna en Brasil, país con el que no tenemos una coordinación macroeconómica, ya que aquí en la Argentina la política es de maximización del crecimiento mientras que en Brasil tienen el llamado esquema de metas de inflación. Esto significa que Brasil se fija un objetivo de inflación y no puede superarlo, y si sucede, desaceleran. ¿Cómo se desacelera? Se suben las tasas de interés y los encajes. De todos modos Brasil ya mostró que es pragmático y que cuando vio que la desaceleración no funcionaba, cambió de táctica, bajando rápidamente las tasas de interés e implementando medidas de estímulos fiscales.
Ante este escenario, no creo que estemos blindados a la crisis, lo que sí creo es que no nos golpeará como podría golpearnos si no tuviéramos las políticas que tenemos. Las herramientas que el estado tiene en este momento y que se han hecho explícitas en estos últimos años, nos permiten enfrentar mejor la crisis.
Un ejemplo claro, y que al estar tan cerca nos permite hacer memoria, es la crisis internacional de 2008/2009. En ese momento las políticas públicas compensatorias pudieron minimizar los efectos negativos de la crisis. En términos de producto bruto, la Argentina fue –después de China- el país que más gasto social tuvo.
Yo me imagino que este año se van a aplicar medidas del mismo tipo, que tiendan a proteger el nivel de empleo y que mantengan la balanza comercial, porque durante todos estos años la Argentina ha tenido fuerte superávit comercial y el propio crecimiento económico ha hecho que suban muchísimo las importaciones y ese superávit comercial se achique.
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El tema de las importaciones tiene dos cuestiones que son muy importantes y que deberían preocuparle a la sociedad en su conjunto. Una es el tema del superávit comercial, es decir exportar más de lo que se importa; y la otra es la sustitución de importaciones.
Esta última se está presentando en los medios de una manera que suena hasta ridícula. He leído artículos criticando que en las listas de casamiento ya no se pueden incluir planchas importadas, o que ya no se consiguen quesos franceses u holandeses. Cualquiera podría decirme que se trata de humoradas, pero lamentablemente no, los planteos son muy en serio. Se refieren a que ciertos sectores están privados del acceso a ciertos bienes.
Según lo veo yo, creo que en realidad lo que se esta sustituyendo es la posibilidad de trabajo argentino, porque nuestro país lo que necesita es seguir trabajando en un programa de inclusión y de generación de empleo. Esto es, que todo lo que se pueda producir en el país y se pueda proteger dentro de las reglas de los acuerdos internacionales (como la Organización Mundial de Comercio) y que permita proteger la industria nacional y sustituir importaciones, es favorecer trabajo argentino y ayudar a consolidar este proceso.
Lo que sí es necesario revisar es la aplicación de la reglamentación. Es decir, que se haga con inteligencia y no se frene la entrada de aquellos insumos que hacen falta en los procesos productivos, como drogas que forman parte de las necesidades de los laboratorios o maquinas imprescindibles, porque esto jugaría en contra del efecto que se esta buscando. Es necesario que no sea burocrático ni discrecional y que efectivamente proteja a la producción nacional.
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El año 2011 ha sido un año prolífico para los avances en la integración latinoamericana, un proceso que podemos calificar como una integración del nuevo tipo, que va mucho más allá de los acuerdos en materia comercial, para extenderse a las cuestiones estratégicas de la integración, a la importancia política de la misma y a definiciones históricas e ideológicas profundas.
Para justificar esta proposición, nada mejor que mencionar algunas declaraciones de la recientemente creada Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en los primeros días de diciembre último, contenidas en la Declaración de Caracas que tiene un título por demás sugerente: “En el Bicentenario de la Lucha por la Independencia Hacia el Camino de Nuestros Libertadores”.
Las jefas y los jefes de Estado declaran estar “inspirados en la obra de los Libertadores, y asumiendo plenamente su legado como acervo fundacional de nuestra Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños constituir la CELAC” como así también reconocen actuar “inspirados en el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, (convocado por Simón Bolívar), acto fundamental de la doctrina de la unidad latinoamericana y caribeña, en el que nuestras jóvenes naciones soberanas plantearon la discusión de los destinos de la paz, el desarrollo y la transformación social del continente”.
Para terminar con una conclusión que no puede pasar inadvertida, afirman que “la región se encuentra hoy en condiciones de abordar, por la experiencia y la madurez adquiridas, el desafío de la unidad e integración de América Latina y el Caribe”.
También se hace mención a la importancia de los aportes morales, políticos, económicos, espirituales y culturales de los pueblos indígenas y afrodescendientes en las luchas independentistas, y en la conformación de nuestras identidades y Naciones. El nuevo estilo de integración no se agota en la inspiración de nuestros libertadores, sino que, a partir de ello, avanza en definiciones esenciales sobre los objetivos de la integración económica, para lo cual se elaboró un Comunicado Especial sobre el Compromiso para la Inclusión Social, en el cual las jefas y los jefes de Estado están “convencidos de que la transformación del Estado y el desarrollo en nuestros países es una tarea histórica que requiere mecanismos y políticas sociales que permitan superar la desigualdad y alcanzar una auténtica inclusión social, que se refleje en una mejora sustantiva en las condiciones de vida de nuestros ciudadanos y asegure igualdad de oportunidades y el ejercicio de una ciudadanía plena”.
En ese sentido, reconocen que “la inclusión social es un elemento fundamental del desarrollo, de la democracia, y de la construcción de una nueva relación entre el Estado y la Sociedad basada en la confianza de los ciudadanos y en un Estado al servicio de todos, en particular de los más desfavorecidos”.
Esto los lleva a “diseñar políticas públicas orientadas a alcanzar resultados concretos que se traduzcan en mejoras significativas en la calidad de vida para nuestros pueblos, como serán la erradicación de la pobreza, en especial de la pobreza extrema, el acceso a un empleo digno que mejore sosteniblemente los ingresos de la población y la reducción de las brechas de acceso y calidad de los servicios sociales básicos, en particular los de salud y educación”.
Quizá parezca excesiva la utilización de citas textuales, pero tratándose de párrafos que expresan la voluntad de los 33 mandatarios que participaron de la Cumbre, tiene un alto valor ideológico y convierte cualquier comentario sobre el tema en redundante.
No obstante, cabe expresar la alegría y el regocijo que generan estas definiciones a los que siempre hemos bregado por la unidad latinoamericana; ratifica también la justeza de la línea política de quienes hemos decidido apoyar fervientemente la orientación de la política exterior, tanto del gobierno de Néstor Kirchner como el de Cristina Fernández.
Los avances en la integración realizados este año tienen un denominador común, además de los ya enunciados, que es la férrea decisión de enfrentar en forma conjunta y coordinada los efectos de la crisis de los países centrales.
De allí que la reunión de la CELAC estuvo también alcanzada por este tema, dado que el Documento de Caracas expresa la atención de los mandatarios a los desafíos que la crisis económica y financiera internacional presentan al futuro de la región y a las legítimas aspiraciones de inclusión social, crecimiento con equidad, desarrollo sustentable e integración.
Estas preocupaciones no pueden desvincularse del importante acontecimiento que es la creación del Consejo Suramericano de Economía y Finanzas de la Unasur, en la reunión de Lima del 28 de julio de 2011. Este consejo, que se constituyó en Buenos Aires, intenta enfrentar los efectos de la profundización de la crisis en algunos países centrales con varias medidas, como impulsar la posibilidad de expansión del Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR); fomentar el uso de monedas de la región para cursar las transacciones comerciales intrarregionales que sirvan de incentivo para profundizar los procesos de integración; acelerar el lanzamiento del Banco del Sur y asumir el compromiso de fortalecer a la Corporación Andina de Fomento (CAF); incentivar el comercio intrarregional, adoptando las medidas que sean necesarias, para incrementar los flujos comerciales, y que resulte mutuamente beneficioso, considerando las asimetrías existentes entre los países, que confluya hacia la complementación socio-productiva, sobre las bases de la cooperación, aprovechamiento de las capacidades y potencialidades existentes en la región, así como en el uso sustentable de los recursos naturales y la generación de empleos.
Son salidas que, aprovechando las fortalezas económicas y políticas que ha exhibido la región en la última década, promueven el afianzamiento de la integración económica, productiva, comercial y financiera entre los países, con un enfoque totalmente opuesto al paradigma neoliberal del ajuste y la valorización financiera que impera en los países centrales.
Durante 2011, la Argentina y Uruguay aprobaron el Convenio constitutivo del Banco del Sur, sumándose a Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Venezuela, lo que permite que el mismo quede formalmente creado y pueda comenzar a funcionar. Este banco ayudará a fortalecer la integración regional mediante la creación de una nueva institución común, que tiene como objeto servir al financiamiento del desarrollo de los países de la Unasur y a la reducción de las asimetrías. En un contexto histórico signado por la decadencia de las instituciones heredadas de Bretton Woods, el Banco del Sur permitirá que la región se dote de nuevas y necesarias instituciones signadas por otras lógicas que las tradicionales centro-periferia propias del FMI, el Banco Mundial o el BID.
Más recientemente, se realizó una nueva reunión del Consejo del Mercado Común del MERCOSUR en Uruguay, en la cual la Argentina tomó la presidencia pro tempore, acto en el cual la presidenta Cristina Fernández de Kirchner expresó que “hay que superar el criterio de vernos solamente desde un punto de vista comercial, sin perder de vista que (el comercio) es un importantísimo instrumento”. Alertó sobre la elevada extranjerización de la economía de AlyC, y observó que “lo que antes se iba por intereses de la deuda hoy se va por remesas de utilidades, sin reinversión”, e instó a promover regionalmente un proceso de sustitución de importaciones, y también destacó la importancia del ingreso de Venezuela al Bloque para cerrar la ecuación energética de la región.
En esta cumbre del MERCOSUR, se tomaron medidas importantes, entre ellas la creación de un grupo de trabajo ad hoc para la incorporación de la República del Ecuador como Estado parte. También se adoptó la decisión de elevar, de forma transitoria, las alícuotas del impuesto de importación para 100 posiciones arancelarias por cada país, por encima del Arancel Externo Común (AEC) para las importaciones originarias de extrazona, sin superar el máximo estipulado con la OMC. De esa forma, se crea una barrera de protección a las importaciones extrazona en momentos en que los países que no les pueden vender a las naciones centrales tienen una agresiva política de colocación de sus excedentes en el continente.
En definitiva, son todas acciones resultado del mismo impulso integrador que se inició con la asunción de gobiernos populares en nuestro continente, y cuyo hito inicial puede asociarse con el No al Alca producido en la Cumbre de Las Américas de Mar del Plata en noviembre de 2005, proceso que se ha ido profundizando hasta llegar a las importantes definiciones de espíritu latinoamericanista e independentista que dieron origen a la CELAC.
Esta nota fue publicada en la Revista Debate el 06.01.2012
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El 2012 recién comienza, sin embargo ya se vislumbra complicado en términos de crecimiento para las economías avanzadas y los países centrales. Gran parte del problema está enmarcado por las políticas que se han aplicado generando una enorme incertidumbre financiera que agravó la crisis.
Si bien la eurozona es el foco del problema desde hace bastante tiempo, Estados Unidos e Inglaterra no están al margen. Según algunas estimaciones, durante el 2012 algunos países tendrán prácticamente crecimiento nulo y hasta algunos crecimiento negativo.
La oficina de estadísticas europeas, sin ir más lejos, dice que la eurozona en su conjunto crecerá 0.5%, un número demasiado optimista a mi parecer debido a que reconocer que las recetas neoliberales no llevan a buen puerto los puede complicar aún más. Es que la economía obedece a factores objetivos pero también hay factores subjetivos que influyen muchísimo.
En las particularidades país por país, la cosa se pone un poco peor. En España el flamante Ministro de Economía –y ex representante de Lehmann Brothers en España y Portugal- debutó anunciando recesión; Grecia cerró el 2011 con un 5.5 de PBI negativo; Inglaterra (que no es eurozona) creció sólo el 0.7%. Pero no sólo en Europa se siente la crisis, Estados Unidos cerró el 2011 con un crecimiento del 1.6%, exactamente la mitad que en 2010.
Como me referí al principio de esta nota, esta situación no es más que una consecuencia de las políticas aplicadas, recetadas todas por del el Consenso de Washington. Una pregunta interesante para realizarnos es qué piensan los gobernantes cuando hacen los ajustes, sabiendo que no llevan a ninguna parte.
En este punto creo correcto hablar de una dictadura financiera. Se trata de un fuerte dominio del capital financiero que es el que empuja a rajatabla para la implementación de este tipo de medidas. Un ejemplo claro es el hecho de que tanto en Italia como en Grecia se hayan reemplazado gobernantes por tecnócratas que vienen curiosamente del mundo de los grandes grupos financieros.
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Hace tiempo que vengo escuchando que aquello que llamamos “sintonía fina” es en realidad un ajuste encubierto. Lo que yo creo es que la derecha tiene un enfoque –basado en el Consenso de Washington- que parte de la concepción de que los subsidios son malos por sí mismos. Lo que esta gente esta expresando, son sus ganas de que la Argentina comience un ciclo en el que se hagan ajustes al estilo europeo.
Uno de los argumentos que utilizan quienes creen ver políticas de ajuste, estaría dado en el tema de la suspensión de los subsidios a las tarifas de los servicios públicos. Lo gracioso es que todos estos años se dedicaron a criticar los subsidios diciendo que había que eliminarlos, pero ni bien se tomó esta medida, empezaron las críticas por el “ajuste”.
Para ser contundente y que no haya ninguna duda de lo que pienso, estoy absolutamente convencido que el gobierno no impulsa ningún ajuste, sino todo lo contrario. Lo que el gobierno informó es que hay una reestructuración de los subsidios, por la cual van a van a quitárselos a aquellos sectores empresarios y de la población que tengan ingresos más que suficientes para no necesitarlos. Las PYMES por ejemplo, seguirán manteniendo los subsidios, porque las políticas de fomento al trabajo y empleo hacen necesario que este sector los mantenga.
Ahora, ¿qué significa la reorientación? Significa, ni más ni menos, que los esos recursos que hoy se están usando para subsidiar gente que no los necesitan, quedarán libres para ser utilizados en sectores que lo necesitan más, creando de esta manera políticas anticíclicas por el impacto de la crisis internacional.
Para ponerlo en ejemplos claros, si le sacamos el subsidio a una persona de alta renta, esa persona ahorrará menos, y si ese dinero se lo damos a alguien de bajos recursos, esa persona consumirá más. De lo que se trata es de que los subsidios se apliquen bien, ya que son una herramienta importantísima para mejorar las políticas de distribución del ingreso. Entonces, si tenemos una familia que vive, por ejemplo en un edificio donde hay una pileta climatizada, me parece absurdo que la sociedad en su conjunto esté subsidiando a esa familia, cuando con ese dinero se podría estar subsidiando más y mejor a la garrafa de gas, que tiene un precio altísimo y que lo pagan sectores de bajos recursos.
Que quede claro que en ningún lado escuché que esta redistribución o reorientación de los subsidios está destinada a achicar el gasto. En todos los discursos de la presidenta y de Boudou cuando era ministro de economía, siempre se habló de reorientar. Reorientar es dejar de dárselo a uno para dárselo a otro.
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La semana pasada se extendió hasta el 31 de diciembre de 2012 el impuesto interno a la venta de unidades 0 km. Este impuesto grava con el 10% de su valor a los autos nafteros y con el 15% a los autos gasoleros, aunque sólo afecta a automóviles con un precio superior a los $212.000 sin IVA.
Lo novedoso de esta nueva medida, es que se tomaría como valor limite el del modelo más caro fabricado en el país: el Peugeot 408 que se ubica en los $156.600. Es decir que todos los autos importados que estén por encima del valor del auto más caro que se fabrica en el país, pasarían a tener ese impuesto del 15% según se estima.
La industria automotriz es la que más ha crecido en los últimos tiempos y su aporte a la economía argentina es importante, ya que no sólo hablamos de fábricas de autos sino además de todas las fábricas de auto partes y los servicios que se desarrollan alrededor de la mayor existencia de automotores, como los talleres mecánicos, las estaciones de servicio, los estacionamientos y cocheras. Es decir hay una infinidad de actividades que crecen a la par que crece el parque automotor.
Como ya dije el nuevo esquema impositivo es una medida interesante que fomentará la producción local de automotores y que complementa otras medidas que se vienen tomando conjuntamente con Brasil para que los automotores locales tengan cada vez mayor proporción de auto partes fabricadas localmente.
Adicionalmente, se trata de medidas preventivas frente a las amenazas de crisis y recesión a las que tenemos que prestar atención. De esta manera, sustituir importaciones o gravarlas, es una manera de orientar el consumo hacia los productos fabricados en la Argentina.
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Hace un tiempo me preguntaban cómo explicaría que en un momento de expansión económica, haya tantas provincias con problemas financieros. Quisiera empezar primero recordando un poco la historia, porque en el 2001 las provincias tenían, debido a la profundidad de sus crisis, papel pintado en monedas propias. Es que el vaciamiento productivo que se produjo en la mayoría de ellas repercutió principalmente en el empleo, que es mayormente el de la administración pública.
Los problemas de Córdoba no son novedad, el propio Mestre ni bien asumió dijo que la ciudad estaba quebrada y que iba a tener que refinanciar todas las deudas. Claramente lo que se necesita es de soluciones no ortodoxas, es decir evitar los modelos de ajuste.
Lo que es necesario hacer es crear polos productivos para absorber esta fuerza laboral y de esa manera reducir el peso específico que tiene el empleo público. Porque en última instancia el empleo público es una manera de evitar el desempleo, porque en realidad esa persona trabaja de empleado público o no trabaja.
Es necesario crear políticas impositivas, proyectos de inversión, facilidades para que se instalen determinadas empresas, y revisar los contratos petroleros y mineros en las provincias y ver de qué manera se mejoran los ingresos provinciales para que las cuentas balanceen mejor. En definitiva, crear otro tipo de condición social, productiva y económica para efectivamente hacer un país menos concentrado en los grandes centros urbanos.
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