Un reconocimiento en vida a quienes contribuyen al legado cultural de nuestra Argentina

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escritorLos escritores aportan a la cultura general de una comunidad; son creadores individuales que generan una suerte de “riqueza social”, difícil de cuantificar o particularizar, pero fácilmente perceptible en su conjunto.

En la Argentina, son muchos los escritores que terminaron sus días en la indigencia, y muchos más los que, adicionalmente, lo hicieron en el silencio y el olvido.

Es por esta razón que en el mes de octubre de 2010, presentamos el Proyecto de Ley para Asignación Única por Trabajos y Obras en Reconocimiento a Escritores, en su acrónimo AUTORES.

Se trata de un proyecto que pretende retribuir a los escritores su aporte a la cultura nacional, y al mismo tiempo reparar las situaciones de injusticia y descuido que han padecido muchos de ellos.

Intentamos, con este proyecto, no sólo reparar este descuido, sino también realizarlo en términos de equidad y generalidad, reconociendo en términos previsionales a quienes han realizado un esfuerzo individual que ha redundado en beneficio colectivo.

Numérica y económicamente, el universo de probables beneficiarios no resulta relevante ni gravoso. La gran mayoría de los escritores atienden sus necesidades materiales con otras labores, oficios y profesiones, obteniendo por ellas sus eventuales beneficios previsionales. Son contados aquellos que, por una vía u otra, no acceden a ninguno.

Por lo tanto, en muchos casos esta ley actuará como solución para aquellos cuya obra no ha sido suficientemente ponderada en vida, o que por diversas razones no pueden acceder a un beneficio previsional que cubra sus necesidades en forma íntegra.

De esta manera, los beneficiarios de éste régimen recibirán una asignación mensual, de carácter personal, intransferible y vitalicia, equivalente a tres veces el haber mínimo de las prestaciones a cargo del Régimen Previsional Público del Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones.

Los requisitos para acceder a ella serán tener la edad mínima jubilatoria de 65 años; acreditar una trayectoria pública y constante en la creación literaria no inferior a veinte años o haber publicado cinco libros de creación propia o diez incluyendo coautoría artística; y haber realizado aportes al Sistema Único de la Seguridad Social durante 15 años.

El presente proyecto propone un reconocimiento a la labor del escritor como tal, independiente de su mérito individual, pero atendiendo a su contribución a la construcción colectiva de una cultura propia, para garantizarle una vejez digna como contraprestación de los aportes realizados durante su vida activa.

La economía post Kirchner

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argentina-economiaMucho se ha hablado en estas semanas de cómo seguirá el país sin Kirchner. Yo estoy convencido de que no hay que esperar nada diferente de lo que se viene haciendo desde el 2003 porque –siendo absolutamente objetivos-  las medidas de mayor profundidad se han tomado durante la gestión de Cristina. La Asignación Universal por Hijo, la eliminación de las AFJP y la creación del Sistema de Reparto, la estatización de Aerolíneas Argentinas, la movilidad jubilatoria, la incorporación de 2 millones de jubilados que no tenían aportes, el fondo de desendeudamiento, la Ley de Medios… es aquí donde ha pasado lo más profundo de este modelo.

Ahora, ¿qué significa profundizar el modelo? Básicamente intensificar muchas de las cosas que se hicieron, porque en última instancia todo termina siempre reflejado en cómo se distribuye el ingreso.

Las medidas de asistencia como la ampliación de la Asignación Universal por Hijo, la ampliación de las jubilaciones mínimas, o el avance hacia el objetivo absolutamente justo de llegar al 82% para los jubilados es una de las maneras de profundizar la distribución del ingreso.

Otra de las maneras sería seguir adelante con el proyecto de distribución de las ganancias entre los trabajadores. Por todos lados se dice que las empresas nunca ganaron tanto como hasta ahora entonces, creo que no hay que tener miedo de avanzar en esta dirección.

Por otro lado, la informalidad laboral es todavía una de las lacras que quedan de los 90. Creo que hay que eliminar las leyes que permiten la flexibilidad laboral. Por ejemplo, todo lo que hoy se discute sobre la tercerización, no es ni más ni menos que una de las formas de precarización que tiene el trabajo.

También creo imprescindible una reforma impositiva. Es muy difícil pensar que se puede avanzar en políticas de distribución con impuestos regresivos, como el IVA en el que tanto un ejecutivo de una multinacional como un empleado de supermercado o un desocupado pagan lo mismo. Reforma impositiva significa que aporten más los que más tienen.

Para concluir, y no por esto es menos importante, creo fundamental insistir en desarmar la arquitectura legal que se montó desde la dictadura. Esto significa avanzar con leyes fundamentales, como la Ley de Servicios Financieros y con la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central. Son cosas imprescindibles porque estas nuevas arquitecturas legales son la base sobre las cuales vamos a construir realmente la fortaleza de este modelo.

No estoy de acuerdo con la Ley de Jubilación Anticipada

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jubilacion-anticipadaHace una semanas, en la última reunión de comisión que realizamos, hubo dictamen de varios temas, entre ellos la ley de jubilación anticipada. Se trata de un proyecto para aquellas personas que tienen los años de aportes, pero no la edad y se encuentran desocupados.

Más allá de que nuevamente se presenta un proyecto ley sin haber realizado un estudio previo sobre el costo final que tendría aprobarla ni de a cuánta gente afectaría, creo que el proyecto en sí no es una buena solución. Lo que necesitamos hacer con la gente que no tiene trabajo y no tiene la edad jubilatoria es crearles las condiciones para que puedan trabajar, no jubilarlas.

Me parece que el gran objetivo de la época es generar trabajo. Por ahí vi, dando vueltas en proceso legislativo, un proyecto que generaba un incentivo fiscal a las empresas que contraten gente mayor a la que aún le falta para llegar a la edad jubilatoria. Creo que ese es el camino, incluirlos en el sistema, no jubilarlos y mandarlos a la casa.

La solidaridad previsional es una de las claves del sistema de reparto

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solidaridadMe gustaría analizar algunas cuestiones que hacen a la solidaridad previsional. Primero es necesario comprender que los fondos de la ANSES no están compuestos sólo de aportes de los trabajadores y de los empresarios. De hecho, el 40% de los fondos provienen de aportes tributarios. En este sentido, hablar del dinero de la ANSES no equivale a hablar del dinero de los jubilados.

Re-estatizar las jubilaciones fue el primer paso para llegar a la solidaridad previsional. El régimen de capitalización individual instaurado durante el menemismo excluía a gran parte de la población que al haber sido explotada durante años trabajando en negro, no iban a acceder a una jubilación. Era el sistema del “arréglese quien pueda”.

Gracias a que volvimos a un sistema de reparto, dos millones cuatrocientas mil personas, a las que se les había negado la posibilidad de jubilarse, hoy perciben una jubilación mínima. Y no se trata de mirar el ombligo propio y decir “yo aporté toda mi vida y aquél nunca, sin embargo percibe lo mismo que yo”. Se trata de pensar qué modelo de país queremos: uno exclusivo e individualista; o uno inclusivo, en el que haya cada vez menos desigualdad.

Para mantener un sistema de reparto, es necesario que existan cuatro trabajadores activos por cada pasivo. Hoy por hoy en la Argentina, el sistema se mantiene a duras penas con 1,4 aportantes.

La seguridad del futuro jubilado que va a cobrar es que haya muchos trabajadores activos aportando. Es por esta razón que no podemos estar de acuerdo con aquellos que opinan que el dinero de la ANSES debe ser un fondo intangible. Lo cierto es que cuando ese fondo se utiliza para ayudar a generar empleo desarrollando obras de infraestructura, para financiar actividades productivas, se está generando posibilidades de que haya más empleo que nos ayude a aproximarnos a esos cuatro trabajadores activos por cada pasivo indispensable para que el sistema jubilatorio sea sustentable. Esta es la verdadera defensa del jubilado.

El árbol y el bosque

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justicia-socialLa súbita preocupación del autodenominado Grupo A por la justicia social resulta, aparentemente, incomprensible dada su férrea oposición a todas aquellas medidas tomadas por el Poder Ejecutivo tendientes a desmontar la herencia del neoliberal-conservadurismo desde 2003 a esta parte.

Para comprender esta aparente paradoja hay que ir más allá del debate alrededor del objetivo de lograr el 82 por ciento móvil de las jubilaciones.

Hay que mirar el proceso político más general, inscripto en la batalla fundamental del actual período histórico: desandar los caminos empujados a partir de la dictadura genocida desde 1976. La etapa abierta allí fundó un nuevo régimen de acumulación apoyado en el terrorismo de Estado. Como bien denunció Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la Junta Militar, el aniquilamiento masivo contra los cuerpos y el despojo de los bienes y los derechos de los militantes populares tuvo un sentido que trascendía esos crímenes horrendos: “Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

Ese plan, instrumentado para la región por golpes de Estado sangrientos en los años setenta, abrió las compuertas para la instalación de los proyectos neoliberal-conservadores, y el año 2001 expresó en nuestro país un agotamiento de ese proyecto de orden social.

¿Qué región y qué país encontró ese fin de ciclo?

Una América Latina desunida, subordinada a los mandatos imperiales de Estados Unidos, que transitó irresponsablemente por las calles de las “relaciones carnales” y la imposición de las fórmulas ruinosas del Consenso de Washington.

La aplicación sistemática de esas fórmulas se expresó en procesos de concentración y extranjerización de la economía, subordinación a los vaivenes del mercado financiero internacional, elevadísimos costos sociales en términos de desigualdad, exclusión, desempleo. Cualquier indicador social revela los efectos catastróficos que ratifican los pronósticos de Rodolfo Walsh.

En términos económicos, el modelo de acumulación se fundó en políticas exportadoras en detrimento del mercado interno, desplegando una economía de servicios -a expensas de una economía productiva- con sus consecuencias en términos del nivel y calidad del empleo.

La privatización de las jubilaciones resultó no sólo un mecanismo fraudulento contra los trabajadores aportantes sino un muy eficaz dispositivo de vaciamiento del Estado, convertido en garante, en última instancia, de administradoras que estimularon irresponsablemente un capitalismo especulativo.

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