La Argentina es un país que tiene un sistema de gobierno presidencialista, no parlamentario. Y esta situación no es sencilla para un Ejecutivo que tiene un Parlamento con dos cámaras en las cuales la mayoría opositora está plantada en rechazar todo lo que se le proponga y tratar de imponer otro tipo de marco legislativo. Esta postura genera una situación crítica, lo cual nos puede llevar a un camino sumamente complejo.
Resulta indispensable buscar una manera de funcionar para que los distintos proyectos se puedan discutir, que se encuentren consensos que permitan un avance. Los trámites parlamentarios adquieren una complejidad táctica difícil de seguir para no profesionales de la política. Para dar una idea de esta complejidad, investigando mas a fondo aparece que una altísima proporción de los decretos de necesidad y urgencia se dieron durante el funcionamiento del período legislativo.
Desde la oposición se obvian estas complejidades y muchas veces se enuncian dislates, como ha expresado un jefe de bloque opositor, al decir que “las reservas son los depósitos de la gente”; sin embargo este disparate puede inculcar miedo en la población como parte de una estrategia destituyente.
La acumulación de Reservas Internacionales responde a las políticas de defensa del tipo de cambio real implementadas por este gobierno. Si se hubiese seguido la política de no intervención cambiaria, hoy tendríamos menos Reservas y un tipo de cambio sobrevaluado, como muchos otros países.
Considero valido hacer referencia al fenomenal proceso de desendeudamiento que la Argentina tuvo en todos estos años, que es resultado del canje de deuda de 2005 y del crecimiento del producto bruto, combinado con un importante aumento de las Reservas.
En este contexto debe entenderse el pago de deuda con Reservas Internacionales, teniendo en cuenta que los pagos se irán desarrollando durante todo el año, con un mayor peso en agosto de 2010, mientras que se espera un fuerte ingreso de divisas derivado de la excepcional cosecha de soja de esta campaña. Ello indica que existen grandes probabilidades para que las reservas utilizadas para el pago de deuda se recuperen con facilidad durante el año.
La utilización de Reservas permitirá dejar de emplear recursos fiscales para cancelar deuda y sumar esos recursos para otros empleos más productivos, ya que el país se está recuperando del impacto de la crisis internacional, lo cual requiere un nivel de gasto público de fomento elevado.
Por las razones expuestas la mejor opción existente para cancelar deuda durante este año es la utilización de las Reservas.
Porque fundamentalmente, esta decisión tendrá una positiva repercusión en el financiamiento externo tanto del gobierno como de las empresas privadas en el exterior, al reducir la tasa de interés.Y porque ello mejora las posibilidades de un mayor éxito en la reapertura del canje de la deuda, de forma tal que Argentina pueda salir del default, lo que redundará en menor tasa aún y en el acceso a préstamos de fomento de organizaciones y gobiernos internacionales.
La implementación de esta estrategia a partir de una ley sancionada por el Congreso es muy importante, dado que la posibilidad del gobierno de pagar deuda con reservas internacionales tiene que estar vinculada con una discusión de los recursos presupuestarios y financieros que necesariamente se liberan, y cómo se aplicarán los mismos.
En ese debate, me propongo lograr que el resultado de estos recursos liberados se aplique a la mejora de las prestaciones sociales, tanto en servicios como en infraestructura. Será un primer paso para ir desarrollando políticas que acentúen aún más la mejorara en la distribución del ingreso, un tema sobre el cual, el uso de Reservas para el pago de deuda no es ajeno.
Si la cuestión de la inseguridad fuera un problema simple, sencillo de resolver con medidas obvias, como las que sugiere cierto sentido común o mejor dicho cierta visión mecanicista o reduccionista del problema, los distintos gobiernos de muchos países de la región y del mundo ya lo hubieran solucionado. En realidad el tema es de gran complejidad, vamos a intentar ofrecer un punto de vista que trate de dar cuenta de dicha complejidad y ofrecer algunas ideas con visión política.
Las ideas simplistas y unilaterales acerca de cómo resolver el problema del delito y la criminalidad, se manifiestan exasperadamente al grito de ¡basta de impunidad! o ¡aumenten las penas! o ¡que vuelva el servicio militar obligatorio! o ¡que los militares intervengan en la “lucha” contra el delito!.
Este enfoque parte de un gran supuesto, que el hombre es malo por naturaleza, que las civilizaciones modernas están poniendo más agresivo este atributo y que solo mediante la represión es posible combatir al delito. Y en forma complementaria, como nada se puede hacer en conjunto y organizadamente, se instituye un sálvese quien y como pueda, encerrándose en barrios ya no cerrados sino fortificados y armándose hasta los dientes.
Todo ello distorsiona la percepción profunda del fenómeno, y muchas veces a través del discurso político y/o de la espectacularización mediática, opera como encubrimiento de las causas y del accionar de las instituciones pertinentes a la problemática.
Nos referimos a la inseguridad en las calles y en los barrios, a esa incertidumbre que afecta en forma directa a la gente, y particularmente a los mas humildes. A quienes un robo o un hurto los privan de cosas esenciales y que además son justamente los que menos recursos tienen para proteger su propiedad y su integridad.
Debemos reconocer que existe una relación directa entre marginalidad y violencia. Es decir que hay una estrecha relación entre la cantidad de robos y hurtos que se comenten cotidianamente en las barriadas populares y en distintas zonas comerciales de las grandes ciudades, y la situación social de miles de personas, particularmente jóvenes varones de entre 15 y 30 años de edad que se encuentran sin trabajo, sin escolaridad y sin ningún tipo de contención social, y muchas veces sin contención familiar y ni siquiera de vecinos o círculo social alguno.
Además, al referirnos a estos sectores, principalmente juveniles, no estamos de ningún modo sugiriendo que la solución sea criminalizarlos, es decir reprimirlos. Seguir leyendo
Las consecuencias sociales de los programas de enfriamiento de la economía sobre las clases populares siempre han sido mucho más graves que los efectos de la inflación. La inflación le quita poder de compra, pero el ajuste les quita el trabajo.
En la Argentina, la inflación históricamente ha sido un mecanismo de licuación de los salarios; al ser más lenta la recomposición salarial, siempre fue detrás de los precios, y en ese proceso se perdió gran parte del poder de compra de los trabajadores, como así también se generaron innumerables océanos de rentabilidad en las grandes empresas.
Utilizando una metáfora que repito insistentemente, la inflación es a la economía lo que la fiebre a las personas, un síntoma y no una enfermedad en sí misma. Entonces, puesto que nadie está enfermo de fiebre, la discusión de fondo es determinar cuál es la enfermedad.
Este diagnóstico de los orígenes de la inflación excede ampliamente el ámbito económico, ya que la adopción de una u otra explicación revelan ideologías y políticas bien definidas.
La crisis financiera internacional de la que se está saliendo no sólo con gran dificultad, sino también con altos costos sociales, en especial en lo relativo al desempleo, fue generada en gran parte por la aplicación de las recetas monetaristas y el conocido andamiaje teórico neoliberal del consenso de Washington. Sin embargo, las grandes debilidades que exhibió la crisis sobre las teorías que alimentaron su gestación no fueron suficientes para que las mismas perdieran adeptos.
Por eso aún hoy es habitual encontrar en el plano internacional, y especialmente entre los gurúes de la economía argentina, quienes relacionan la inflación con la emisión monetaria.
Personalmente, he tenido que rebatir esta tesis hace sólo unos días ante un economista ortodoxo al discutir la situación de la economía argentina. No sólo resulta inaplicable en un país como el nuestro, con un muy bajo nivel de monetización, sino que puede citarse que desde el primer trimestre de 2008 la base monetaria ha venido creciendo bastante menos que el PBI nominal, con lo cual, aplicando la errónea tesis, los precios deberían haber bajado, una situación que huelga decir que no se cumplió. Seguir leyendo
El escenario de tranquilidad que esperábamos para estos meses fue modificado, hace tiempo que no ocurría un enero con tanto movimiento, el tema de los DNU (Decreto de Necesidad y Urgencia) y el conflicto de poderes.
Podría definir a la circunstancia política en la que se inició el año como un momento de turbulencias, no solo modifico el escenario de tranquilidad sino además desconcertó al país en el sentido de que si las cosas se hubieran desarrollado como estaban previstas tal vez a esta altura la Argentina ya estaría en pleno proceso de canje, y podía haber aprovechado mejor una coyuntura de acceso a los mercados en un momento más favorable.
Sin embargo, pienso que en el 2010 se consolidará el proceso de crecimiento económico. El desarrollo esperado puede ser generado, por ejemplo, a través del Fondo del Bicentenario, con el mismo se podría atender a la deuda externa y a la deuda interna, crear mejores condiciones para ir a negociar. Inclusive si se negocia bien se puede llegar a no utilizar las reservas, porque la Argentina podría salir al mercado voluntario de crédito y hacer lo que hacen los países que están en mejores condiciones externas que la Argentina, que es pagar el servicio y renovar el capital, si esa fuera por ejemplo la intención.
Con la generación de la liberación de recursos contenidos en el presupuesto para atender pago de deuda externa, se puede mejorar la distribución del ingreso con programas como el de la asignación universal por hijo y seguir avanzando en las obras de infraestructura pendientes para cubrir necesidades esenciales de la población.
Estoy confiado que la economía va a crecer, economistas que trabajan en nuestro equipo tienen una visión positiva del futuro. Este año, será un año de turbulencias políticas pero el incremento económico sucederá.
El análisis de la situación nacional no puede desvincularse de la coyuntura regional e internacional. Estoy convencido de que la posibilidad de un futuro de dignidad para todos nuestros habitantes está ligada, indisolublemente, a la suerte de toda nuestra América.
No podemos limitar el análisis de la derrota de la Concertación y el triunfo de la derecha a una perspectiva de política interna del país hermano. Pienso que el viraje que produjo el triunfo de Sebastián Piñera en Chile conllevará consecuencias para la Argentina y la región.
Debemos recordar que el modelo que se viene impulsando en nuestro país desde 2003 hasta ahora tiene una dirección decididamente antagónica a la matriz neoliberal preexistente. Es cierto que hay asignaturas pendientes, pero los cuestionamientos opositores no son por las cosas que faltan, sino por las que, para mí, se hicieron bien y contribuyeron a dar un paso más hacia la superación de las calamidades del neoliberalismo.
Se puede observar que las políticas sociales han seguido una orientación reparadora, revelada en la incorporación de casi dos millones de ancianos a los derechos jubilatorios, y a la sanción de una norma (respondiendo a una decisión de la Corte Suprema) de movilidad de las jubilaciones y pensiones.
También se puede observar que el modelo económico se direccionó hacia la producción de bienes, sin descuidar los servicios en un contexto de recuperación de los derechos laborales e incremento, insuficiente, pero incremento al fin, de la masa de trabajadores bajo protección legal.
Creo que el rumbo es el correcto, que hay cosas que se hicieron bien, que hay cosas por mejorar y cosas que faltan y es por ello que seguiré comprometido con la tarea de construir unidad en la diversidad, por todo lo que se hizo bien y por todo lo que falta por hacer.
Mi objetivo es poder librar con fuerza las batallas que se avecinan, como son por ejemplo la nueva ley de entidades financieras, la redistribución de la riqueza, la recuperación de la soberanía sobre los recursos naturales y la lucha contra la corrupción.
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