Hace tiempo que digo que estoy completamente de acuerdo con reestructurar los subsidios. En principio creo que hay que distinguir entre los subsidios sociales y los subsidios a las empresas privadas, porque algunos ya quisieron plantar bandera diciendo que la Argentina paga una masa de subsidios de 65 mil millones de pesos. Aquí incluyen, distraídamente, a los subsidios sociales, es decir los subsidios a las familias, la Asignación Universal, etc.
Entonces, la primera cuestión que hay que aclarar es esta: los subsidios en discusión son los subsidios que van a empresas privadas, es decir aquellos destinados al mantenimiento de tarifas. Se trata de 34 mil millones de pesos, es decir menos de la mitad de lo que algunos están diciendo.
La primera medida tomada es tan de estricta justicia que no creo que nadie se pueda oponer, porque se eliminaron los subsidios a los bancos, a las financieras, a las compañías de seguros, a las empresas de juego de azar, a los hipódromos, a los aeropuertos internacionales, a las terminales puerto fluviales de pasajeros, a empresas de telefonía móvil con jurisdicción nacional y a las actividades extractivas como minería e hidrocarburos. Suena hasta absurdo que se haya estado subsidiando a todos estos sectores hasta ahora. En todo caso lo que tendríamos que hacer es una crítica por la demora.
Este recorte en los subsidios significa un ahorro de 600 millones de pesos en el año en las cuentas públicas, pero a partir de aquí se comenzará a trabajar en un grupo que se ha creado para ver cómo segmentar adecuadamente los subsidios de electricidad y gas para que los sectores de alta rentabilidad también dejen de estar subsidiados.
Boudou decía que el otro día la presidenta había dicho que llegó la hora de pasar el peine fino por todas las instituciones, y a mí me parece que está bien porque cuando uno habla de rediscutir subsidios, no solamente se trata de eliminarlos, sino de hacerlos más justos, más direccionados, más efectivos y que puedan llegar a donde tienen que llegar.
En estas semanas el gobierno tomó una serie de medidas que a mi entender son lógicas y están bien planteadas. Por un lado eliminó un privilegio que tenían las petroleras y las mineras que era absurdo, porque además de llevarse los recursos naturales dejaban los dólares afuera ya que no tenían siquiera la obligación de liquidarlos en el país. Por el otro, estableció que las compañías de seguro que tienen los fondos en el exterior, tendrán 50 días para traerlo de vuelta al país. Y, por último, estableció una norma que controla que quien compra dólares tiene que justificar de dónde se saca el dinero.
A mi entender, el gobierno está repasando las cosas que están mal para mejorarlas y para fortalecer la cuenta corriente que la Argentina tiene que mantener superavitaria.
Creo que todo lo que se está diciendo en contra de la medida específica de la compra de dólares es una jugada más en esta pulseada que existe entre el mercado y las políticas públicas; y entre lo irregular, lo informal, lo ilegal y aquello que efectivamente se puede hacer con apego a las normas, a las reglamentaciones y a la ley.
Lo único que se ha dispuesto en este caso es que, para poder comprar dólares, uno tiene que demostrar que antes ganó ese dinero y que tiene sus impuestos al día. Es decir que se intensificó el control para evitar que se produzcan maniobras irregulares, como el abastecimiento de un mercado ilegal -que algunos para no decir “Ilegal” le dicen “Blue”-, pero que en última instancia es dinero que no se puede justificar su procedencia.
Entonces, si una persona tiene CUIT o CUIL con sus declaraciones juradas de lo que gana y por el que ha pagado impuestos, ya sea un trabajador en relación de dependencia, un autónomo o un empresario, no debería tener mayores problemas para comprar dólares. Para esto la AFIP habilitó un mecanismo instantáneo en el que ingresan el CUIT de la persona y en el momento envía una respuesta que dice si está habilitado para hacer la operación o no. Si le dicen que no está habilitado, por ejemplo porque falta una información, tendrá que hacer un trámite en la oficina de la AFIP.
Esta semana, la titular del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, ensayó una especie de autocrítica: “la incapacidad para identificar la acumulación de vulnerabilidades en el período de antes de la crisis, es un hecho humillante que debe ser encarado“, dijo casi literariamente.
Cuando se escuchan estas cosas, por un lado uno se alegra, pero si hay que ser poco condescendiente con la señora Lagarde, diré que sigue hablando como si el problema fuera técnico: no tuvieron los sensores adecuados para darse cuenta, pero haciendo una autocrítica se sacan la culpa de encima.
La evidencia indica que el problema es que el modelo de capitalismo financiero está agotado, es absolutamente incompetente e incapaz de resolver los problemas de la humanidad. Muy por el contrario: los agrava.
Vivimos en un mundo inmensamente rico, que es una gran fábrica de pobres. Eso es lo que hay que resolver. Porque si bien los países son en sí mismos una fábrica de conflictos y de pobreza, no todos pierden. De hecho, en medio de esta crisis las grandes corporaciones siguen ganando.
En los Estados Unidos, por ejemplo, tomando desde el año 90 en adelante, se produjo un brutal descenso de la cantidad de trabajadores industriales. Pero en ese mismo período, las empresas multinacionales de origen norteamericano, con sus filiales en el exterior, multiplicaron sus ganancias hasta el infinito. Entonces, hay una acumulación de riqueza en pocas manos, que nunca se resolverá si no se cambian las reglas del juego.
Es necesario cambiar de paradigmas, pensar en la economía social como objetivo: el objeto de la empresa debe ser la prestación del servicio y no la maximización de la ganancia. Mientras no hagamos este cambio de paradigma, le vamos a seguir buscando excusas técnicas a la crisis y seguiremos haciendo autocrítica de la forma y no del fondo.
La semana pasada la ministra Giorgi realizó algunas declaraciones respecto a la sustitución de importaciones. Dijo que se acabó la mentira del país de felices consumidores con empresas que cierran, y agregó que si volviésemos a tener planchas importadas de 5 dólares, seguramente las veríamos solo por las vidrieras ya que no las podríamos comprar por falta de trabajo.
El problema es que nos plantean una lógica falsa, vinculada a que existe un porcentaje de la población que está sediento de poder comprar exquisiteces porque no necesitan trabajo para poder hacerlo. Pero, la inmensa mayoría de la ciudadanía lo que necesita es en primer lugar trabajar para poder consumir.
Me parece que hay que dejar de tenerle miedo a esto de que el desarrollo que estamos teniendo será a costa del consumidor porque pagará precios más caros. Me recuerda a la publicidad que se hacía en la época de Martínez de Hoz de las sillas de producción nacional versus las importadas.
De todos modos, lejos del ideal, es necesario decir cuál es la parte no tan positiva. Estamos hablando de empresas internacionales que comienzan a ganar mucho dinero y que al no haber regulaciones, se la llevan a sus países. Esta es una de las asignaturas pendientes. Por eso yo digo que tenemos que trabajar para modificar las condiciones, de manera que estas empresas como mínimo estén obligadas a reinvertir sus utilidades o buena parte de ellas en el país.
El problema es que la Argentina tiene firmados una cantidad de tratados bilaterales de inversión que traban toda posibilidad de solicitar requisitos especiales a las empresas extranjeras. Cuando hablamos de desarmar la arquitectura legal que heredamos de la dictadura y del menemismo este es un ejemplo clásico. Es que al tener un tratado de inversión bilateral con los Estados Unidos, no se le puede plantear a una empresa norteamericana distintas condiciones que a una empresa argentina, como por ejemplo que reinvierta las utilidades. Respecto a este tema en particular, Nuevo Encuentro ya presentó en el Congreso un proyecto para ir desarmando estos acuerdos paulatinamente.
La semana pasada el Canciller Héctor Timerman participó, en la sede de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), de la Reunión “Latinoamérica y el Grupo de los 20: hacia la construcción de un espacio de diálogo en la región”.
En primer lugar, se refirió a quienes hablan del blindaje argentino frente a la crisis internacional al expresar que sería una tontería pensar que uno puede estar fuera de los riesgos. Bajo esa idea, instó a los países centrales a tomar medidas para mejorar sus economías, ya que, dijo : “confiar en que solamente los países emergentes en general y China en particular puedan compensar con políticas expansivas el ajuste de las otras economías, sería un error de cálculo peligroso en el contexto actual“.
Lo que sí existe, a mi criterio, son mejores condiciones que en otros momentos para enfrentar esa crisis y esas mejores condiciones arrancan fundamentalmente de las políticas contracíclicas que se vienen llevando adelante desde hace bastante tiempo. Estas políticas tienen que ver con la vocación de responder regionalmente, con la creación de un ámbito de los ministros de economía y los presidentes de los bancos centrales de la UNASUR para elaborar propuestas comunes, concretas frente a los riesgos de la crisis. Es decir, creo que estamos en guardia, mejor dispuestos, mejor preparados y con fortalezas que en otros tiempos no tuvimos; con la convicción de que, como pasó en 2008 y 2009, lo que hay que hacer es estar alerta, y ante los primeros síntomas actuar con firmeza aplicando políticas contracíclicas para revertir los efectos de esta crisis.
Respecto a la próxima reunión del G20, Timerman planteó que no alcanza con respuestas generales, sino que hay que dar respuestas concretas y a corto plazo: “hay que seguir avanzando hacia una arquitectura financiera que responda a las necesidades de nuestras sociedades, esto es canalizar los ahorros en sentido productivo y con interés social. En particular requiere más esfuerzos alcanzar el consenso suficiente respecto a cómo corregir la especulación y sobre todo los desafíos que plantean los paraísos fiscales, que tiene entre los miembros del G20 algunos interesados en mantener el statu quo“. Y agregó: “un tercio de la riqueza privada del mundo está resguardada en paraísos fiscales, sin pagar impuestos ni estar sujetos a regulación y supervisión“.
Creo que hay temas bastante gruesos e importantes para tratar en la próxima reunión del G20, pero también creo que a pesar de nuestra inserción pasiva en esta globalización financiera, hoy tenemos primero, una mejor comprensión de la complejidad de los escenarios y segundo, una respuesta activa con la que Argentina se suma a los países de la región y con la que trata de establecer coincidencias con los grandes países emergentes.
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