Considero que los centros de exclusión social en la Ciudad de Buenos Aires han crecido de manera alarmante. Sigue habiendo una barrera divisoria entre el norte y el sur, que es terrible.
El otro día el diario Clarín pone un título, que dice: “Bajó la mortalidad infantil en la Ciudad de Buenos Aires. En la zona sur sin embargo aumentó”. Primero, está aceptando casi la existencia de dos ciudades, y después está marcando, en el peor de los indicadores sociales que es la mortalidad infantil, la brutalidad de la desigualdad.
Porque si bajó en el consolidado y en el sur aumentó, la diferencia entre la mortalidad infantil entre el sur y el norte debe ser grandísima. Entonces me pregunto, ¿Hay, otro clima en el sur, hace más frío, las epidemias llegan más?
La gestión de Macri privilegia lo cosmético y lo estético, resigna recursos del presupuesto de salud y educación para hacer canteros y calles peatonales. Se privilegian algunas zonas del Norte y el Sur sigue postergado.
Nosotros desde nuestro espacio estamos comprometidos con la construcción de una sociedad justa, solidaria y con plena inclusión.
Creemos que la epidemia de la pobreza, la epidemia de la desigualdad social, de la exclusión, esa es la epidemia que tenemos que combatir, si queremos combatir después las consecuencias que eso genera.
Acompáñanos.
Pienso que la mayoría de los problemas que tienen los porteños son problemas que requieren consenso con la nación y con la Provincia de Buenos Aires, no hay otra manera de resolverlo.
Es necesario construir espacios de acción común, pienso que es una condición fundamental para poder imaginar cómo resolver la mayoría de los problemas que le preocupan a los porteños: como el Riachuelo, el tema del transporte, de la basura o de la seguridad, entre tantos otros.
Es engañoso decirle a la gente que se puede resolver cualquiera de los grandes temas si no es en el marco de un acuerdo nación - provincia - ciudad. Entonces, creo que la existencia de visiones encontradas, de proyectos que se confrontan entre sí; termina siendo una cosa que va en contra de los intereses de los ciudadanos.
Tenemos en la Ciudad un gobierno que en este tiempo si bien ha trabajado, uno podría decir, eficazmente, en la cosmética de la Ciudad, no ha encarado ninguna de las cuestiones de fondo que la ciudad necesita.
No estoy de acuerdo con el planteo simplificador de Macri al decir: “que nos pasen la policía, los recursos y nosotros nos encargamos”, eso no es gestionar, eso no es un planteo serio, a eso lo denominaría demagogia pura.
Lo que hay que hacer, es tener una discusión seria, poner énfasis en el diálogo institucional y buscar acuerdos para lograr soluciones.
Días atrás caminábamos por Mataderos con otros candidatos de “Encuentro Popular para la Victoria” y nos acompañaba una cámara de televisión, entonces le dije: “mira no necesito saltar ningún pozo, apunten para abajo, miren por las veredas que estamos caminando y cómo está todo”.
Si bien no podemos negar que hay una enorme acción de embellecimiento de algunas zonas de la ciudad de Buenos Aires, arreglando veredas, haciendo peatonales de calles que no eran peatonales.
Considero que marca todo un estilo y una definición, porque mientras se invierte en algunas zonas en el norte que están quedando muy lindas, en el Sur todo sigue igual y eso se visualiza en cada recorrida que hacemos por los barrios.
El sur de la ciudad necesita que el Estado se haga presente en las cosas realmente importantes: educación, salud, vivienda y transporte. Creo que es una de las grandes asignaturas que tiene pendiente la Ciudad de Buenos Aires.
El gobierno de la ciudad ha priorizado permanentemente las inversiones que tienen que ver con el Norte de la Ciudad y el Sur sigue tan postergado como siempre. Ocurre lo mismo con las promesas de ampliar el subte: se prefiere gastar en lo cosmético en vez de priorizar lo importante.
Nuestra tarea es hacer que se escuchen también los reclamos y las necesidades de la gente de los barrios populares y de la clase media.
Queremos escucharte.
Considero que el modelo de Macri es un modelo Cosmético. En su gestión de gobierno sólo se ocupa del maquillaje, de arreglar veredas y baches pero hace muy poco en escuelas y hospitales. No cumple lo que prometió en la campaña, engaña a los ciudadanos y defrauda a sus propios votantes.
Esto se visualiza claramente a través de datos objetivos de información pública provenientes de organismos del gobierno de la Ciudad. Lo que verdaderamente hacen es gastar recursos públicos en aquellos lugares más concurridos por sectores medios y altos en vez de direccionar el rol del estado hacia la educación y la salud pública en beneficio de la mayoría.
En el 2008 se gastaron todo en maquillaje electoral, es decir, el presupuesto disponible para baches y veredas, pero ejecutaron sólo el 57% de lo presupuestado en educación y salud.
Tienen recursos, pero priorizan por cuestiones de campaña electoral, aquellas cosas de más visibilidad y postergan las cosas más importantes.
Este modelo cosmético también se expresa en la discusión política: se plantea cuestiones estéticas o de estilo para ocultar las verdaderas intenciones de cambiar el modelo actual por uno similar al de los noventa.
Considero que hay un conjunto de cosas que son interesantes para analizar. En primer lugar, yo soy un ciudadano de la Ciudad de Buenos Aires y por lo tanto alguna de las cosas que digo con un sentido crítico no lo digo hablando de terceros, sino de una realidad que nos apremia y de la que no puedo sentirme ajeno.
Considero que Macri tiene una condición muy especial que ha aprendido a manejar muy bien, el discurso, seguramente muy bien asesorado.
Cuando empezó en la campaña decía que hacía cinco años estaba preparando a los equipos técnicos para gobernar. Y hoy uno ve la más amplia improvisación en todos los planos. Porque aún para bachear no hay un plan, nos cortan calles por todos los lados y no hay por donde transitar. No tiene decisión política para resolver el conflicto docente y muestra su desprecio reiterado por la educación pública.
Hoy sigue hablando de los problemas que tiene la ciudad como si él fuera un simple ciudadano, cuando pasa revista a los problemas que tiene en la Ciudad, todos tienen un culpable externo y una víctima en general, él.
Demuestra que su discurso de modernidad y eficiencia es simplemente eso un discurso, sin proyectos, sin resultados.