Declaración: Expresar beneplácito por el centenario del natalicio de Arturo Enrique Sampay a celebrarse el día 28 de julio de 2011

Fecha de ingreso: 24.05.2011
Estado: en comisión de “Cultura”
Firmantes: Heller, Carlos Salomon - Nuevo Encuentro Popular y Solidario Ciudad De Buenos Aires; Sabbatella, Martin - Nuevo Encuentro Popular y Solidario Buenos Aires; Ibarra, Vilma Lidia - Nuevo Encuentro Popular y Solidario Ciudad De Buenos Aires; Basteiro, Sergio Ariel - Nuevo Encuentro Popular y Solidario Buenos Aires; Rivas, Jorge - Nuevo Encuentro Popular y Solidario Buenos Aires

La Cámara de Diputados de la Nación

DECLARA:
Su beneplácito por el Centenario del natalicio de Arturo Enrique Sampay, a celebrarse el día 28 de julio de 2011, destacado ciudadano, prestigioso académico y pionero del constitucionalismo social en Argentina.

FUNDAMENTOS

Señor presidente:
El 28 de julio de 2011 se cumplirán cien años del nacimiento de uno de los más destacados pensadores nacionales, el Dr. Arturo Enrique Sampay, quien con su rigurosidad científica, responsabilidad ciudadana, militancia política, coraje personal y prolífica obra, ocupa un lugar entre los intelectuales nacionales fundamentales de la Argentina del siglo XX.

Su vida
Nació en Concordia, provincia de Entre Ríos, el 28 de julio de 1911, hijo de don Fernando Sampay y Antonia Berterame. Realizó sus estudios primarios en su ciudad natal y los secundarios en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay. Su formación escolar fue completada por la influencia que ejerció su tío abuelo, el sacerdote Carlos Sampay, tanto en el ámbito de las ciencias filosóficas como en el conocimiento de latín y griego.

Concluidos los estudios secundarios, ingresa en la Facultad de Ciencias Jurídicas de La Plata, donde se recibe de abogado en 1932. Para completar sus estudios, viaja a Europa donde asiste, en Zurich, a un curso de derecho público a cargo de Dietrich Schindler, discípulo de Herman Heller. Luego, en Milán, cursa filosofía del derecho con Monseñor Olgiati y concurre a un curso sobre los orígenes del capitalismo dictado por Amintore Fanfani. Por último, en La Sorbona de París presencia las disertaciones de Louis Le Fur sobre derecho natural.

Regresa al país ejercer su profesión de abogado en 1944, y se instala en La Plata, Provincia de Buenos Aires, donde ingresa como docente en la cátedra de Derecho Público en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de la misma ciudad. La actividad catedrática la ejercerá en diversos períodos hasta su muerte.

En 1945 fue uno de los tantos ciudadanos de extracción radical que adhirió al peronismo. Poco después, durante la gobernación de Domingo Mercante, se lo designa como fiscal de Estado de la provincia de Buenos Aires y además colabora con Arturo Jauretche durante su gestión en el Banco de la Provincia de Buenos Aires.

En 1949 fue elegido convencional constituyente por la provincia de Buenos Aires, de la Convención que sancionó la Constitución Nacional de 1949, donde cumplió una destacadísima actuación en la Asamblea, transformándose en el miembro informante de la misma.

Fue el ideólogo de la Constitución Nacional de 1949. Y con su sanción se estableció por primera vez en Argentina y en Latinoamérica un constitucionalismo social, profundamente democrático, como así también los prerrequisitos básicos de una patria soberana.

La letra y espíritu de la Constitución de 1949 estuvieron dirigidos a implantar una organización social superadora de la república liberal ideada en 1853. Y para ello introdujo normas que en el marco económico, político, social y cultural, promovieron reformas sustanciales.

En 1956 el gobierno militar derogó ilegalmente la Constitución de 1949 que instauraba una real democracia social. Acto que Sampay, desde el exilio, no tardó en condenar de impropio, arbitrario e ilegítimo.

En 1952 la intolerancia política lo lleva a exiliarse en Montevideo para evadir a sus detractores, allí asesora políticamente al viejo caudillo oriental del Partido Nacional Luis Alberto de Herrera, además de continuar con su producción jurídico-política. Con la revolución libertadora de 1955, no varió su condición, pudiendo regresar al país recién en 1958 luego de que asumiera Arturo Fondizi, prosiguiendo con sus investigaciones y publicaciones.

En 1970 se incorpora al Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), del que fue Presidente, como así también fundador y Director de la revista “Realidad Económica” desde su primer número publicado en 1971 hasta su fallecimiento.

No fue sino hasta 1973, con la vuelta del Justicialismo al poder, que se le reconocieron sus cargos de docente universitario y recupera la cátedra universitaria como profesor de Derecho Constitucional, aunque no ocupó cargos oficiales durante dicho gobierno.

En sus últimos días ejercía, también, la vicepresidencia de la Comisión contra la Discriminación Racial de las Naciones Unidas, para la cual había sido propuesto en 1975, por el Congreso de la Nación. Enfermó en 1976 y falleció el 14 de febrero de 1987 en la ciudad de La Plata.

Su obra
La obra de Arturo Sampay se caracteriza por ser una producción de carácter jurídico-política. De la multitud de artículos, folletos y libros que publicó, se destacan: La crisis del estado de derecho liberal-burgués; La filosofía del Iluminismo y la Constitución argentina de 1853; El informe de la comisión revisora de la Constitución (1949); Introducción a la teoría del Estado (1951); Constitución y pueblo y Las Constituciones de la Argentina entre 1810 y 1972 con introducción (1975).

En su obra “Informe de la comisión revisora de la Constitución”, Sampay denuncia la antropología liberal de la Constitución de 1853. Rescata los derechos sociales del pueblo trabajador, la función social de la propiedad, la dirección de la economía en función del bien común, el principio de reciprocidad de los cambios, la familia como sociedad primaria e indisoluble, los derechos de la ancianidad, los principios de la reforma agraria, la ilegitimidad moral de la actividad usuraria, la nacionalización de las fuentes de energía como bienes públicos que no se pueden enajenar a particulares para su explotación, la formación política del universitario, la educación del niño en la práctica de las virtudes personales, domésticas, profesionales y cívicas.

Como puede apreciarse, ello constituye todo un programa de gobierno para construir en la Argentina una Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana, tal como lo planteará el General Perón en su proyecto político, expresado en el texto de La Comunidad Organizada (1949) como en el Modelo Argentino (1974).

Su principal obra científica es “Introducción a la teoría del Estado”; en ella, Sampay brilla con todo su esplendor, su admirable erudición humanista le permite transitar con igual comodidad tanto a los filósofos alemanes del siglo XIX como a los clásicos griegos y latinos de la antigüedad.

Su teísmo metafísico y la aceptación de un orden moral objetivo, su naturalismo político, su nacionalismo político y económico como único medio para liberar a la nación de su dependencia extranjera, y su confianza en el juicio del pueblo como sujeto del poder constituyente de la Nación, han hecho que pueda definirse a Arturo Enrique Sampay como el padrino del constitucionalismo social.

El constitucionalista Alberto González Arzac, en el discurso pronunciado el 4 de mayo de 2004 en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires en homenaje a Arturo Enrique Sampay dijo: “…fue el pensador argentino más profundo de las ciencias políticas. Sus obras, particularmente la “Introducción a la Teoría del Estado”, trascendieron los límites de la patria para ser editadas y estudiadas en otras naciones porque la hondura de su pensamiento no podía ser desaprovechada por los hombres de ideas y los eruditos de todas las latitudes. Por eso nuestro Carlos Cossio incorporó obras suyas a la biblioteca de filosofía jurídica que dirigía; Ramella las puso a la altura de las de Kelsen y Heller; Recasens Síches las calificó de notables; Hauriou las enseñó en su cátedra considerándolas entre las más acabadas en la materia y Medina Chavarría dijo que tenían “sangre en las venas” frente a los libros exangües que en su época estaba entregando el formalismo kelseniano… …Sampay fue un pensador por excelencia, devoto de la democracia, apóstol de la justicia social y enamorado de su patria…”.

La vigencia de su ética y del imperativo de justicia que signó su vida y obra perduran indelebles en los albores de este siglo, porque como él mismo diría: “No basta con teorizar sobre la justicia, sino que hay que luchar para realizarla”.

Por todo lo expuesto, Sr. Presidente, solicitamos la urgente aprobación del presente Proyecto.

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