Declaración: Expresar pesar por el fallecimiento del escritor, maestro y militante de los Derechos Humanos Eduardo Rosenzvaig, ocurrido el día 8 de octubre de 2011

Fecha de ingreso: 04.11.2011
Estado: en comisión de Derechos Humanos y garantías
Firmantes: Heller, Carlos Salomon - Nuevo Encuentro Popular y Solidario Ciudad De Buenos Aires; Rivas, Jorge - Nuevo Encuentro Popular y Solidario Buenos Aires; Basteiro, Sergio Ariel - Nuevo Encuentro Popular y Solidario Buenos Aires; Sabbatella, Martin - Nuevo Encuentro Popular y Solidario Buenos Aires; Ibarra, Vilma Lidia - Nuevo Encuentro Popular y Solidario Ciudad De Buenos Aires

La Cámara de Diputados de la Nación

DECLARA:
Su pesar por el fallecimiento del escritor, maestro y militante Eduardo Rosenzvaig, ocurrido el 8 de Octubre de 2011, en reconocimiento a su inclaudicable labor en defensa de la educación pública, los derechos humanos y a su compromiso vital con la construcción de un mundo justo, solidario, y sin discriminaciones.

FUNDAMENTOS

Señor presidente:
Tras una lucha desigual que no eligió y que libró hasta donde le fue posible, el 8 de Octubre de 2011, falleció Eduardo Rosenzvaig.

La cultura nacional, popular, transformadora, perdió tempranamente a un intelectual que hizo de la batalla de ideas el sentido de su existencia.

Podría apelarse a la fría descripción de sus innegables méritos, funciones y tareas en términos de un obituario clásico; decir que Eduardo era escritor, profesor de la Universidad Nacional de Tucumán donde dirigía el Instituto de Investigaciones sobre Cultural Popular, que había escrito más de cuarenta libros y trescientos artículos publicados en todo el mundo, etc. Pero esa mera enumeración está bien lejos de calibrar la importancia de Eduardo Rosenzvaig y de su obra, en este tiempo histórico en que lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer, aunque se está gestando.

Sus escritos constituyen aportes invalorables para comprender el mundo actual, denunciar sus injusticias y construir otro futuro de dignidad y justicia para todos y todas.

“El Sexo Del Azúcar” - referido a las durísimas condiciones de existencia en el Ingenio Azucarero en Tucumán- y “La Oruga En El Pizarrón” -relato de la vida y la muerte de Isauro Arancibia, maestro y fundador de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), son apenas dos de las decenas de títulos que revelan su valiosa producción literaria y política, dos aspectos que convivían enriqueciéndose y sin invadir sus respectivas incumbencias. Así, el escribir, revelaba una cierta densidad que hacía patente sus valores y apuestas ético políticas. Pero la militancia vital de Eduardo Rozensavig no se expresaba en sus múltiples escrituras como panfletos más o menos soportables, sino como obras capaces de imbricar belleza y compromiso.

Eduardo Rosenzvaig interpretó su trabajo intelectual como un lugar específico en la batalla más amplia de las ideas, asumiendo el carácter eminentemente político de su pensar, de su decir y de su hacer.

Entre otras cosas, su militancia en el campo de la izquierda se expresó, por caso, en la participación en las Brigadas del Café que se armaron solidariamente desde Argentina para apoyar el proceso político iniciado en Nicaragua en la década del ‘80.

Antes de eso, participó de acciones de resistencia frente a la barbarie del Operativo Independencia, para luego rescatar en sus escritos la memoria de esos crímenes, recuperar el relato de las resistencias al accionar genocida de esas fuerzas de seguridad.

Sus comienzos como escritor fueron arduos, pero él asumió desde el inicio un compromiso existencial con ese esfuerzo creador. Alejandro Carrizo, escritor y compañero de vida, recuerda aquellos años, algunos de trabajo conjunto, a través de estas palabras: “Estuvimos más de un año juntos, casi 18 horas diarias, a veces incluidos los domingos. Yo no salía de la bohardilla corrigiendo; él hacía varias cosas: un rato escribía, un rato leía, estudiaba, o preparaba las clases, y otro rato atendía la bicicletería (¡sí, vendía “tripillas”, cadenas, cuadros, rayos y hasta emparchaba a veces!), pero debajo del mostrador de atención al público tenía un cuaderno, una lapicera, un libro de Foucault y el mate, por supuesto. Todo quedaba con los bordes engrasados, sobre todo porque no veía ya que tenía un problema en la córnea. De ahí en más la topadora Rosenzvaig no paró más (¡publicó 40 libros!). Yo estaba alucinado porque nunca había conocido a alguien tan consecuente, tan noble, tan obsesivamente productivo, pero sobre todo tan simple, tan niño. Y, quizá lo más importante, tan desprendido, tan solidario. Yo no se lo podía decir, pero me preguntaba “¿cómo se hace para ser tan buena gente?, ¿cómo se hace para no tener malos pensamientos, para ver siempre el vaso medio lleno?, ¿cómo se hace para no cargarse de odio y no putear en Tucumán?”. Sí, lo tengo que decir, Eduardo era un “puro”, un “mahatma” (…). No era ingenuo, ¡por favor!, era consecuente. Y contundente en la lucha sin denuedo contra el fascismo,con una de las mejores armas: la producción intelectual. (…). Era un hombre de una ética impecable, ni bueno ni malo,¡justo! El “proyecto Rosenzvaig” es un paradigma, sí. Y tenía, por supuesto, muchísimos admiradores (sus amigos, sus lectores, pero sobre todo los alumnos que llenaban el aula de su cátedra optativa de Historia del Arte) y también -como corresponde algunos detractores, sobre todo por reflejo de clara impotencia.”

Como afirma también su compañero y amigo José Schulman, “Eduardo Rosenzvaig vivirá en su obra, arma temible para los defensores del olvido y la impunidad. Cada vez que volteemos un mito y repongamos lo realmente ocurrido en la historia de nuestro pueblo, la sonrisa y la boina de Eduardo estarán con nosotros como él”

El recuerdo de Eduardo Rosenzvaig es un modelo de intelectual necesario, imprescindible en todo momento pero, particularmente, cuando soplan vientos de verdaderos cambios de época.

Caben para él las reflexiones que hiciera Rodolfo Walsh sobre los intelectuales: “El campo del intelectual es, por definición, la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, pero no en la historia viva de su tierra.”

Eduardo Rosenszvaig, intelectual que supo comprender y sentir, compañero de resistencias y construcciones, se fue mucho más pronto de lo esperado, sorprendentemente, en la mitad de proyectos alimentados por su inigualable capacidad creadora.

Las instituciones democráticas deben rendir un merecido homenaje a quién luchó cada día de su vida por una sociedad más justa y solidaria.

Por todo lo expuesto, Sr. Presidente, solicitamos la aprobación del presente Proyecto.

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