Entre amigos

Tiempo Argentino | Opinión

Por Carlos Heller

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El diario El País, de España, tituló: “Las multinacionales reclaman a Argentina más flexibilidad laboral”. Es una buena frase para resumir los resultados del encuentro –pretenciosamente denominado Mini Davos– que se llevó a cabo en el Centro Cultural Néstor Kirchner.

Las corporaciones están felices con Mauricio Macri, quien con su victoria inició el giro político en Latinoamérica: “Macri cuenta con un aliado clave que le ha dado un respaldo casi sin matices: el mundo de las grandes empresas, en especial las multinacionales, y los gobiernos de los países más relevantes, sobre todo Estados Unidos” (El País, 13/09/16).

El Foro también sirvió para observar las enormes coincidencias de Macri y su equipo con el pensamiento de los grandes empresarios. Un ambiente que lleva a recordar similar euforia suscitada al inicio de los noventa.

Cada nueva actividad que realiza Macri sirve para intentar avanzar un poco más hacia la flexibilidad laboral, y menospreciar la dedicación que ponen los trabajadores en sus tareas. En un reportaje concedido en Hangzhou, China, Macri sostuvo: “Cada uno debe hacer su máximo esfuerzo. Cada uno que falta a su tarea, que no hace bien su trabajo, repercute sobre los demás. Hay que volver a trabajar, alejarse de esas recetas del populismo de no esforzarse, del facilismo, porque a la larga todo lo que es gratis alguien lo paga”.

Las expresiones del presidente coinciden con las de Bob Dudley, de la petrolera británica BP: “En los últimos 12 años se perdió el espíritu de trabajo que siempre tuvo Argentina”. Por el lado vernáculo, Paolo Rocca, titular de Techint, sentenció en inglés: “Hay que convencer a los sindicatos para que no peleen por el sueldo de algunos, sino por el empleo de muchos”, una intimidación ya planteada por el ministro de Economía.

En esa “mini cumbre”, el presidente Macri volvió a cometer un sincericidio, esta vez vinculado a los datos del empleo: “Los primeros números de este mes empezan a mostrar que se revirtió levemente a positivo, con la creación de 10 mil empleos nuevos. Pero por lo menos paró el drenaje de los 30 mil empleos por mes, que obviamente lejos está de esos postulados oportunistas de ola de desempleo”. Hagamos una cuenta: 30 mil despidos por mes en ocho meses da 240 mil desempleados. El Centro de Economía Política Argentina (Cepa) acaba de calcular en 208 mil los despidos en el mismo período.

En el encuentro con CEOs y lobbistas estuvo presente en todo momento el tema de la “herencia recibida”. La expresidenta Cristina Fernández definió correctamente lo que significa en este ámbito: “La pesada herencia que dejamos fueron salarios altos y paritarias plenas”. Son esos logros los que desean suprimir los empresarios y es el cambio que el gobierno macrista intenta imponer.

Otro de los temas que quedó claro en este foro es la dificultad de la recepción de inversiones, y el tiempo que tardará que estas generen los efectos que están esperando los funcionarios macristas. Muchos de los asistentes marcaron que aún persisten muchos desequilibrios y que requieren mayores certezas de continuidad y de la tan mentada “seguridad jurídica”. No es casual que hayan disertado el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, y el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. Este último se preocupó por dar señales de continuidad del modelo más allá de la finalización del mandato de Macri. “No hay vuelta atrás”, dijo convencido Monzó, y para no dejar dudas citó con nombre y apellido: “No va a pasar un presidente que no sea María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Ernesto Sanz o Ramón Mestre”.

Una mención aparte requieren los distintos comentarios de los economistas invitados a disertar. Un buen resumen de los objetivos perseguidos por los empresarios fue realizado por Diego Giacomini, de Economía y Regiones: para que haya inversiones “no alcanzan los buenos modales, hay que ofrecer la posibilidad de ganar dinero”. En la misma orientación, Eduardo Levy Yeyati comentó: “En el largo (plazo) influye el costo argentino, el laboral. La inversión es un proceso de acumulación, nadie se tira a la pileta si no ve posibilidades de rentabilidad”. Giacomini se atrevió a sostener que “aumentar la edad jubilatoria es un objetivo para las cuentas públicas”.

Para no hacer muy extensa la colección de citas, voy a cerrar con dos que tuvieron tono de advertencia. Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Ecolatina, dijo que, pese a que el año que viene va a haber expansión de la economía, “va a ser de muy baja creación de puestos de trabajo”. Por otra parte, Ramiro Castiñeira, de Econométrica, sostuvo que, si bien el nivel de deuda pública es aún bajo, “es peligroso financiar el déficit (fiscal) con deuda externa”.

No es casualidad que ante los CEO de las principales empresas radicadas en Argentina, y algunos de las principales empresas internacionales, Macri haya expresado que “los argentinos no pueden pagar más impuestos”, ratificando su política de reducción de los tributos que ya ha venido aplicando desde el primer día de su mandato.

También en este “Mini Davos”, Macri comenzó a develar los verdaderos efectos y costos de sus políticas, que se cuidó muy bien de ocultar durante la campaña electoral. Sostuvo que “la Argentina estaba en recesión hace más de seis meses y estancada hace más de cuatro años. Pensar que íbamos a sincerar la economía y a su vez crecer inmediatamente era un imposible”, y repitió su metáfora mágica a quienes desean resultados inmediatos: “Para eso hay que ir a Las Vegas, ahí está (David) Copperfield”.

Presupuesto 2017

Se presentó el Presupuesto Nacional 2017, sobre el cual Alfonso Prat-Gay dijo enfáticamente: “Está basado en la verdad”. Un comentario incomprensible, puesto que el mismo está construido con estimaciones sobre el futuro, que podrán ser más o menos certeras, pero especulaciones al fin. Salvo que se piense que la verdad se encuentra en los promedios de las estimaciones de los analistas del mercado. En ese aspecto, el Presupuesto las sigue con precisión: propone una caída del PBI del 1,5% para 2016 y un crecimiento del 3,5% para 2017. Cifras que no dejan de ser optimistas.

Más auspiciosa aún es la meta de inflación de entre el 12% y el 17% para el año próximo, máxime si se cumple con los proyectos informados por el ministro Juan José Aranguren en el inicio de la audiencia pública: un aumento promedio del 237% para los usuarios domiciliarios de gas y del 500% para las empresas. A esto hay que sumar los dos aumentos del 21% en dólares que tendrían las tarifas en abril y octubre del próximo año.

El Presupuesto estima que el dólar acompañará a los precios, por lo cual no se prevé modificación sustancial en el tipo de cambio real respecto del que existe al día de hoy. Los economistas del establishment seguirán preocupándose por tal cuestión.

Los mencionados son sólo algunos datos. La discusión importante –que transitará además por el nivel de endeudamiento para sostener el déficit mencionado– se dará en la Comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados a partir del martes próximo. No obstante, este Presupuesto fija los ejes del proyecto político ultraconservador que encara el PRO, que siguen promocionando como positivo para el país, a pesar de los reiterados resultados negativos que ha venido mostrando –en especial sobre el bienestar de la ciudadanía– en las distintas naciones en las que se ha estado aplicando. La mejora en el futuro es sólo una parte más del relato.

Nota publicada en Tiempo Argentino el 18/09/2016

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