2001 como ejercicio de memoria

Tiempo Argentino | Opinión

Por Carlos Heller

Recordar las características esenciales de las políticas que derivaron en los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001 nos lleva necesariamente a la comparación con las implementadas por el gobierno de Mauricio Macri y a pensar en los efectos presentes y futuros del programa de Cambiemos.

El 15º aniversario del 19 y 20 nos convoca a un análisis histórico y político de los sucesos, la declaración del estado de sitio en plena democracia, la represión desenfrenada y al recuerdo de las víctimas. Si hacemos un repaso de las políticas implementadas en los noventa, se puede citar la profunda desregulación del comercio exterior, con un fuerte incremento en las importaciones, que dejó infinidad de empresas quebradas (la gran mayoría pymes industriales) y colaboró a engrosar una enorme deuda externa proveniente del elevado déficit comercial.

La caída de las pymes impactó negativamente en la masa de trabajadores, mientras que la flexibilización laboral empobreció a los asalariados y no paró el fuerte incremento de la desocupación. La jubilación mínima se mantuvo en $ 150 mensuales por una década. El régimen se caracterizó también por una liberalización financiera extrema que, con un tipo de cambio fijo atado al dólar, llevó a una elevada dolarización de la economía.

Cuanto más se elevaba la deuda externa, más se incrementaba la fuga de divisas al exterior. La deuda externa llegó a niveles impagables, por su magnitud y por los elevados intereses que aplicaron los acreedores foráneos. La economía se ajustaba para poder pagar los intereses de la deuda: es así que el gobierno de la Alianza llegó a plantear reducir salarios y jubilaciones un 13 por ciento.

Fue un sistema de valorización financiera que ahogó la producción y reconfiguró la estructura económica, con el remate de valiosas empresas estatales privatizadas en condiciones nocivas para el país y los usuarios, consolidando la idea del Estado Mínimo y Subsidiario, que también cultiva Macri. El sistema, prohijado por el FMI hasta último momento, estalló por sus propias inconsistencias y por la presión popular, refrendando que el límite de los ajustes está determinado por la resistencia de los ajustados.

El 2001 en 2016

“Fuimos muy exitosos en evitar otro 2001 porque se salió rápido del cepo, se refinanció el tema de los holdout, se unificó el tipo de cambio y se liberó al campo”, expresó recientemente Macri. Haciendo un juego de palabras, sostengo que, de no cambiar las políticas, comenzaríamos a transitar hacia el 2001, debido a los efectos a los que necesariamente llevarán las medidas impuestas por Macri, similares a las aplicadas en los noventa. Esta definición no está referida a la interrupción del mandato presidencial acosado por sus propias políticas, como sucedió en 2001. No obstante, la coalición actual de Cambiemos (sumado el opo-oficialismo) tiene muchas similitudes con la Alianza de hace algo más de 15 años.

Queda claro que la situación que dejó el gobierno de Cristina Fernández, si bien exhibía algunos desequilibrios, ninguno de ellos tenía ni por asomo la magnitud de los que se potenciaban en 2001. La alocución de Macri, en línea con su declamada “pesada herencia recibida”, tiene que ver con la necesidad de justificar la recesión de este año y sus consecuencias sociales.

El FMI también se suma a este enfoque. En la consulta del artículo IV sobre nuestro país, afirma que “la reversión de los serios desbalances y distorsiones heredadas de la administración previa, necesarios para sentar las bases de un crecimiento futuro robusto, inevitablemente tuvieron un impacto adverso en el corto plazo sobre la economía argentina”. El “inevitablemente” es revelador: indica que con anterioridad se conocía que las medidas de liberalización y desregulación iban a llevar a una recesión con costos sociales. No obstante, el candidato Macri prometió en innumerables oportunidades y en spots oficiales de campaña: “No vas a perder nada de lo que ya tenés”. Proposición tentadora, pero falaz.

Esto nos lleva a un interrogante: ¿es posible que las políticas actuales que están comprimiendo la economía lleven en el futuro a un “crecimiento robusto”? Es imposible. Ya lo hemos vivido, y de allí la importancia de reflexionar sobre las consecuencias políticas de los noventa.

En este año las tasas de interés han sido y siguen siendo positivas en términos reales, impactando negativamente sobre el financiamiento a la producción, que se redujo en forma significativa. Paralelamente, el BCRA duplicó el stock de Lebac. Datos que son indicios del sistema de valorización financiera que se está afianzando.

Una característica más pronunciada aun en esta gestión son las agudas transferencias de ingresos desde el sector de clases medias y pobres hacia los grupos concentrados, que además de injustas, desfinanciaron al Estado. La eliminación de las retenciones a los productos agrícolas y a las mineras, la rebaja de las retenciones a la soja, la reducción de las alícuotas del impuesto a los bienes personales, la eliminación del Impuesto a las Ganancias sobre los dividendos distribuidos, el generosísimo perdón fiscal a las empresas (solo justificable para las pymes) y la frutilla del postre, un blanqueo de capitales que no exige su ingreso al país, son las medidas principales de esas transferencias. El “ya no nos vamos a tener que esconder más” de Macri indica para quién trabaja este gobierno integrado por CEOs y algunos funcionarios que también participaron del gobierno de la Alianza.

Estas medidas que desfinancian al Estado no están puestas en discusión. Ante el reciente acuerdo por Ganancias con los gobernadores y la GCT, que mejora levemente el proyecto original del Ejecutivo (al menos hasta las próximas paritarias), y en algunos temas lo empeora, el presidente fue tajante: dio un agradecimiento público a “todos los que fueron sensatos en las últimas semanas y pensaron desde la responsabilidad a la hora de discutir” y lo extendió “también a aquellos que fueron irresponsables pero después reflexionaron”. ¿Qué es lo que mide la responsabilidad para Macri?: el rechazo a los tributos progresivos, al Impuesto a las Ganancias a los dividendos distribuidos, a la imposición de retenciones a las mineras, a la eliminación del impuesto a los bienes improductivos, entre otros. Tributos necesarios para que el Impuesto a las Ganancias llegara solamente al 10% de los trabajadores, los que más ganan, sin desfinanciar al erario público, como propuso el dictamen votado por la oposición en Diputados. En la sanción del jueves 22, el opo-oficialismo volvió a alinearse con los ejes del proyecto macrista.

Por el lado del salario, también se profundiza la distribución regresiva, dado que los salarios reales cayeron durante 2016, y el gobierno intenta consolidar esa pérdida (mezquino bono de fin de año mediante que alcanzó a muy pocos trabajadores) para comenzar a discutir las paritarias de 2017. El FMI recomienda para Argentina, además de la baja del gasto público y otros ajustes, cambiar la fórmula de actualización fijada por la Ley de Movilidad Jubilatoria para que no supere la inflación, disminuir la relación entre el haber jubilatorio inicial y el salario de los últimos años de aporte, del 72% actual al 60%, y aumentar gradualmente la edad jubilatoria de las mujeres a los 65 años.

Cuanto más nos acerquemos al FMI y a sus recetas neoliberales, un objetivo de la gestión Macri, más cerca estaremos de un esquema económico en el que pierden las pymes, los trabajadores, los jubilados, y el pueblo en general. Eso es lo que Macri ofrece para el futuro.

Nota publicada en Tiempo Argentino el 24/12/2016

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