Gran brecha entre el discurso y la realidad

Tiempo Argentino | Opinión

Los comentarios del presidente Javier Milei, quien hace unos días reiteró sentirse orgulloso de haber efectuado «el ajuste más grande de la historia de la humanidad», tienen su correlato en la situación económica: las principales variables de la coyuntura argentina muestran un escenario muy complicado.

En el reciente informe de Perspectivas Económicas de la OCDE se prevé que el PIB mundial alcanzará el 3,1% de crecimiento en 2024. Al considerar las economías del G20, la Argentina se destaca negativamente con un marcado descenso del PIB (-3,3%) a contramano del desempeño del resto de los países que crecerían durante 2024, salvo Arabia Saudita con una muy moderada caída del 0,2%.

Las estadísticas locales también reflejan esta reducción de la actividad económica. El dato recientemente conocido de la Utilización de la Capacidad Instalada de la Industria (UCII) se ubicó en marzo de este año en el 53,4%, con lo cual casi la mitad de la capacidad de la estructura manufacturera se encontraba ociosa. Por caso, la industria automotriz redujo la utilización de su capacidad en casi 22 puntos porcentuales con respecto a marzo 2023, pasando del 72,5% al 50,8%.

Los ingresos de los trabajadores tampoco tuvieron un buen desempeño. La caída real del nivel general de salarios, según lo informado por el Indec, alcanzó el 22,4% interanual en marzo. En el desagregado se registró una baja de casi el 41% para el sector no registrado, del 27% para el sector público y del 14,5% para el sector privado registrado.

Una de las novedades de esta semana fue la publicación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) nacional de abril, que registró una variación mensual del 8,8%. Fue un dato «celebrado» por el gobierno, sobre el que resulta interesante hacer un breve análisis.

Por un lado, estamos ante un valor superior al promedio de los meses previos a las elecciones primarias del año pasado, cuando aún no se habían generado expectativas devaluatorias ni de dolarización, apoyadas mayormente sobre las declaraciones de Milei en campaña.

Cabe tener en cuenta que el segmento de precios regulados, relacionado entre otros con la evolución de las tarifas de los servicios públicos, lideró el incremento mensual en abril pasado (18,4%). En dicho mes, según el IPC de la Ciudad de Buenos Aires, la subdivisión correspondiente al «Suministro de Agua» aumentó un 181%, mientras que la de «Gas» un 327,3%. Queda claro que los salarios están quedando bien rezagados con estos aumentos, lo cual implica una fuerte pérdida de su poder adquisitivo.

El rubro de la medicina prepaga también incrementó sus tarifas a niveles muy elevados. Según indica la subdivisión «gastos en prepagas» del IPC del Gran Buenos Aires, estas empresas llevan acumulado durante los primeros cuatro meses del año un aumento del 141,8%, mientras el nivel general de precios sumó en ese lapso un 67,4%.

Respecto al tema de precios, me parece interesante esta comparación: en los cinco meses transcurridos entre diciembre de 2015 y abril de 2016, la inflación de CABA acumulada de Macri dio 23,9%. Parece baja, pero si tomamos el mismo período del año anterior, diciembre de 2014 y abril de 2015 (último año de Cristina Fernández de Kirchner en la Presidencia) la inflación acumulada, también midiendo con los datos de las estadísticas de CABA, fue del 9,21%.

Para seguir la misma medición de CABA, en los primeros 5 meses del gobierno de Alberto Fernández el aumento de precios minoristas fue del 13,1%. En contraste, en los cinco primeros meses de Milei este indicador fue del 109,0%, y como dije, disparado por la devaluación pero morigerado por la gran recesión impulsada por la motosierra y la licuadora.

 

Visto bueno del FMI

El gobierno argentino obtuvo la semana pasada el visto bueno del staff técnico del FMI para el desembolso de aproximadamente 800 millones de dólares, según lo indica la octava revisión del programa de renegociación de la deuda en 2022 y cuyo origen se remonta al crédito tomado durante la presidencia de Mauricio Macri.

La directora del Departamento de Comunicaciones del organismo, Julie Kozack, mencionó el caso argentino en una conferencia de prensa: «Las autoridades han logrado el primer superávit trimestral en 16 años. Ha habido un rápido cambio en las reservas internacionales, una mejora en el equilibrio del Banco Central y una rápida reducción de la inflación (…) Todos los criterios de desempeño cuantitativo han sido cumplidos. Estos son pasos importantes en la dirección correcta y prevemos que la economía empezará a registrar crecimiento nuevamente en el segundo semestre de este año».

A pesar de estos elogios al desempeño de la gestión del gobierno, Kozack se mostró prudente a la hora de proyectar sus beneficios y agregó que «el camino de acá en adelante es difícil», y fiel al estilo del organismo que representa hizo algunas «sugerencias». Entre ellas «mejorar la consolidación (ajuste) fiscal» y asegurarse que la carga de la misma «no caiga de forma desproporcionada sobre las familias trabajadoras». Una vez más, se asume que el esfuerzo lo harán los trabajadores/as y jubilados/as y pensionados/as aunque, según el Fondo, habría que tratar de que éste no sea «desproporcionado».

No puede dejar de pensarse en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el cual ya describí en mi columna anterior, cuando la vocera del Fondo citó la necesidad que tiene Argentina de «eliminar las barreras de entrada a empresas y atraer la inversión privada». Desde nuestro espacio político y luego de analizar el proyecto Ley de Bases, en el que se establece la creación del RIGI, no caben dudas de que implicaría una concesión de grandes beneficios a capitales extranjeros, y una reprimarización de la economía con la consiguiente destrucción de la industria nacional, en especial de las MiPyMes.

El «liberalismo», según lo entiende Milei, no trae más que padecimiento para la mayor parte de la ciudadanía y va a contramano de las políticas aplicadas en los países que lograron altos niveles de desarrollo. «No soy comunista, soy liberal libertario. Ustedes son los creadores de riqueza», manifestó el presidente la semana pasada a los empresarios presentes en un almuerzo del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICyP) integrado por los principales funcionarios de la Sociedad Rural Argentina, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y la Unión Industrial Argentina (UIA), entre otras entidades.

Las políticas neoliberales que pregona el gobierno libertario no funcionaron en nuestro país ni en los países centrales que lograron su crecimiento con Estados presentes y en donde el gasto público se utiliza para fomentar el desarrollo económico.

Un ejemplo reciente lo constituye la decisión del presidente estadounidense Joe Biden de implementar aranceles a las importaciones de algunos productos chinos como el acero y el aluminio (25%), los semiconductores (50%), vehículos eléctricos (100%) y paneles solares (50%). En su cuenta en la red social X (ex Twitter), el mandatario dejó clara su política: «China está decidida a dominar estas industrias. Yo quiero asegurarme de que Estados Unidos lidere su producción en el mundo». Si bien Biden indica la intención de profundizar el carácter hegemónico de Estados Unidos, utiliza políticas regulatorias para defender a la industria estadounidense e intentar lograr ese objetivo, pero ratificando la importancia del Estado en el manejo de la economía y la política .

Nota publicada en Tiempo Argentino el 19/05/2024

Deja un comentario