No los va a defraudar (a los inversores)

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Tiempo Argentino | Opinión

Por Carlos Heller

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La pregunta que plantea Mauricio Macri a los inversores es la siguiente: ¿quieren que bajemos los subsidios más rápidamente o que ganemos las elecciones?

Esta estrategia, que comenzamos a debatir en la columna del pasado domingo, ha ido tomando cada día más entidad. Una orientación que trae aparejado un costo significativo: el fuerte incremento en el ajuste y en las tarifas luego de las elecciones. Queda claro que muchos de los votantes que se entusiasmen con este diferimiento de las tarifas saldrán defraudados, porque el ajuste al fin y al cabo no se detendrá. A quienes no quiere defraudar el gobierno es a los eventuales inversores: les pide paciencia para intentar consolidar la “estabilidad política” que le exigen a gritos desde que asumió.

Una reciente nota de The Economist postula: “Es sorprendente que Macri siga siendo tan popular” y propone que se “debe evitar la percepción de una derrota, lo que haría que el gobierno de Macri parezca un paréntesis en un país populista en vez del comienzo de una nueva era”. El texto luego aclara que el riesgo estriba en que “la elección se produce antes de que estén claros todos los beneficios de políticas más racionales”.

Mucho más descarnado es el comentario de Marcelo Bonelli (Clarín 17/03/17). El cronista cita una frase de Felipe González (exjefe de gobierno español) en una reunión a solas con Macri: “Quiero que sepas que nadie va a invertir en serio en Argentina hasta que los hechos de corrupción de Cristina sean juzgados y condenados”. Si un tercero se entera de lo hablado en un encuentro entre dos participantes, o no es cierto, o alguno de los dos lo contó. Bonelli asevera que “muchos empresarios locales resolvieron postergar decisiones económicas hasta que se aclare si la expresidenta tiene reales chances electorales” dado que “nadie quiere arriesgar dinero, si hay una mínima posibilidad de que vuelva Cristina”.

Ya no alcanza con la pesada herencia, tienen que asegurarse de que no vuelva “el populismo”. De esa forma, la recesión, el desempleo, el ajuste o la falta de inversiones no serían consecuencia de la actual gestión, sino del pasado y de lo que podría ocurrir en el futuro. Parece ciencia ficción.

Profundizando la grieta

En ese contexto, en el cual se intenta aplicar un ajuste que parezca “suave”, aparece claramente que el conflicto docente es una movida política por parte del gobierno.

El problema de fondo es que Macri y sus funcionarios no quieren cumplir con la Ley de Financiamiento Educativo, no quieren actualizar el sueldo de los maestros, y quieren achicar las transferencias a las provincias como pide el FMI. De hecho, el Presupuesto 2017 prevé destinar $ 21.240 millones al Fondo de Incentivo Docente para transferencias a instituciones provinciales y municipales, que es el doble de lo ejecutado en 2016. Esto quiere decir que recursos hay.

La gobernadora María Eugenia Vidal pidió a los gremialistas docentes que vuelvan a negociar pero que antes “digan si son kirchneristas”, como si tal cualidad los invalidara para liderar los reclamos de los maestros. Por un lado, quiere poner a los gremialistas del bando de los supuestos “enemigos”, por otro lado, el diálogo que este gobierno propone es solo con los que están dispuestos a recibir instrucciones.

Elisa Carrió, por su parte, les pidió a los docentes “tratar de buscar la salida, hoy seríamos Venezuela si no ganaba el presidente Macri”. Demonizar al kirchnerismo es el deporte favorito de los políticos de Cambiemos.

Refiriéndose al contexto más amplio de las demandas sociales, Marcos Peña lo expresó claramente: “No dejarnos llevar por las voces de los que quieren que fracase el cambio, los que necesitan que fracase el cambio”. Con respecto a las medidas de la CTA y la CGT, comentó: “Estamos convencidos de que el paro no es necesario y de que no va a mejorar la situación de los trabajadores. Si el cambio en el rumbo económico es la vuelta atrás, a un modelo que los argentinos rechazaron, entonces no hay ahí un espacio de discusión posible, salvo en la discusión electoral y partidaria”. Claramente, con el foco puesto en las elecciones.

Para reforzar esta postura, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, fue contundente: “Sin duda, hay una manifestación política en estos reclamos. Es innegable, es obvio. Hay un conjunto de dirigentes que tienen una vocación desestabilizante desembozada, sin pruritos”. El ministro también señaló que entre esos dirigentes se encuentran “desde la expresidenta para abajo, como también dirigentes gremiales que la acompañaban”.

Para evitar que el malestar económico y social general repercuta sobre sus posibilidades electorales, la estrategia elegida por el macrismo es profundizar “la grieta”, analizando los sucesos en un esquema amigo-enemigo. Una guía básica para los trolls del PRO, para quienes, por ejemplo, reclamar en las calles es golpismo.

No hay siquiera despegue

La desocupación llegó al 7,6% en el último trimestre de 2016. Si bien indicaría una aparente mejora respecto del trimestre anterior (8,5%), es el valor más alto para un cuarto trimestre desde diciembre de 2009 (con excepción del cuarto trimestre de 2015, no calculado por el Indec). Para ser desocupado hay que estar buscando trabajo. Lo que sucedió a fines de 2016 es que se produjo un efecto desaliento por el cual muchos dejaron de buscar empleo y por lo tanto no entran dentro de la categoría de desocupados: así es como bajó la tasa de desocupación.

Para el Indec no es un fenómeno de desaliento: “Disminuye la actividad y la desocupación por refugio en la inactividad”. Es como refugiarse de una tormenta ¡en el medio del campo! Un comentario técnicamente incomprensible y éticamente reprobable. Los datos muestran además una reducción en el empleo en el trimestre que afecta a 18 mil personas, poniendo en duda los comentarios oficiales sobre el aumento del empleo hacia fines del año pasado.

En la semana también se realizó un anuncio propio de la estética de globos de colores del PRO: el acuerdo automotriz. El mismo no es más que una colección de deseos, debido a que no contiene ninguna medida específica.

El plan prevé alcanzar el millón de unidades producidas y crear 30 mil puestos de trabajo hasta 2023 (Télam, 15/3/17). Como meta intermedia, se planea llegar a los 750 mil automotores producidos en 2019, que es un volumen similar a la producción realizada en los años 2011, 2012 y 2013: muy poco ambicioso. Pero además, la UOM informó que desde el inicio de la gestión Macri se perdieron 15 mil puestos en la industria automotriz y se produjeron 15 mil suspensiones; ante los problemas laborales para estas 30 mil personas plasmados en solo 15 meses, se propone crear similar cantidad de trabajos en siete años, apelando a la mejora de la productividad, una proposición que, ya conocemos, implica incrementar la flexibilización laboral. Una burla más.

En la reinauguración de la planta de Peugeot, Macri sostuvo: “Empezamos una etapa de transición difícil, dura”, una obviedad, producto de sus políticas, que tardó 15 meses en reconocer. En este supuesto “sinceramiento”, se lamentó porque la economía “para muchos todavía no arranca, porque hay mucha gente a la que hace 20 años que no le arranca”. El presidente está dando por sentado que antes de estos últimos 20 años la economía “marchaba” (pleno menemismo), aunque cabe recordar que entre 1995 y 1997 la desocupación osciló entre el 15% y el 17 por ciento.

En definitiva, los neoliberales vuelven siempre a sus fuentes, y si bien las pasadas experiencias han sido decepcionantes, siempre prometen que el futuro será mejor. Una profecía que en la práctica nunca se cumple.

Nota publicada en Tiempo Argentino el 19/03/2017

Para Heller, “sólo falta que Vidal les diga subversivos a los docentes”

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El diputado sostuvo que el Gobierno intenta descalificar la movilización y la protesta social

“Esta cuestión de «digan de qué partido son», en el marco de una disputa por un convenio laboral, es una avanzada peligrosísima. La verdad, cuando escuchaba a la gobernadora Vidal pensaba «sólo falta que les diga subversivos», porque incluso dice que los docentes tienen un plan para desestabilizar al gobierno”, manifestó hoy el diputado nacional Carlos Heller (Partido Solidario), en el marco de la embestida de la Alianza Cambiemos contra los trabajadores docentes que reclaman la apertura de la paritaria nacional.

“El Gobierno tiene una línea que se expresa en las declaraciones del Presidente, sus ministros y la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, de intentar descalificar la movilización, la protesta social y además ponerle el adjetivo, para ellos invalidante, de «política», lo cual muestra su perfil ideológico”, agregó el legislador.

“La gobernadora dice «yo sé que los maestros tienen razón pero pienso en los pobres chicos que se quedan sin clases». Si los maestros tienen razón y los pobres chicos se quedan sin clases, ¿no será cuestión de sentarse a negociar en serio para que los maestros que «tienen razón» resuelvan su problema y los «pobres chicos» tengan clases? Al gobierno, ¿no se le ocurrió probar con el método de tratar de mejorarle la situación a los maestros? ¿Ese camino no se les ocurrirá transitarlo?”, señaló el diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires.

“Escuchaba ayer a una senadora, que es uno de los «9 ángeles» elegidos para defender lo indefendible, que a toda costa decía que es un tema de las provincias y que la Nación no tiene nada que ver”, comentó Heller, para quien esta mecánica de la Alianza Cambiemos repite el modelo del “enorme desastre que Cavallo le hizo al sistema educativo cuando, también bajo el lema de buscar eficiencia, trasladó la administración de la educación pública a las provincias, generando ese fenómeno de un Ministerio de Educación sin escuelas”.

Heller también se refirió a los anuncios recientes del Jefe de Estado: “Mauricio Macri hizo un pomposo anuncio acerca de que para 2023 quiere que se llegue a producir un millón de autos y algo así como 750.000 al final de su mandato en 2019. Lo primero que habría que decirle es que 750.000 autos es lo que se produjo en 2011, 2012 y 2013. Es decir que si tiene éxito va a llegar a donde estábamos durante el kirchnerismo, como le pasa en un montón de otros temas”.

Los cambios en el PAMI también fueron tema de análisis para el referente del movimiento cooperativo: “Los diarios titulan: «Macri corrió al titular del PAMI para acelerar el ritmo de los recortes». ¿No tendrá este cambio algo que ver con las «recomendaciones» que el FMI le ha hecho a la Argentina a fines del año pasado en la revisión del Artículo IV, acerca de que hay que achicar el costo previsional y que ese achique incluye no sólo buscar la manera de reducir el valor real de las prestaciones previsionales sino también de ir recortando servicios, es decir, menos gastos en remedios, menos gastos en provisión de artículos como audífonos?”, preguntó Heller de modo retórico. En esa misma línea, el legislador consideró que “evidentemente los recortes que hizo Regazzoni no fueron suficientes para Macri”.

Finalmente, el diputado también mostró su preocupación porque “sólo uno de cada cinco dólares ingresados por extranjeros tuvo como destino inversiones en la economía real” y citó el balance cambiario de febrero que confirma que “cae la inversión extranjera directa, que se acentúan los ingresos especulativos para apostar al súper peso. Además fueron récord en el bimestre la compra de dólares por parte de los argentinos y la salida por gastos de turismo”. En esa línea, Heller explicó que “el proceso de endeudamiento implementado por el macrismo lo que está haciendo es financiar la fuga y el atesoramiento en dólares”. “Y no lo digo yo solamente, también lo dice la Nación: «Del total de 588 millones de dólares que ingresaron en febrero, sólo 98 tuvieron algún destino productivo y los otros 491 se volcaron a inversiones de portafolio o financieras para aprovechar el diferencial de rendimiento que ofrece el país frente a otros mercados semejantes en un mundo aún caracterizado por los bajos retornos para este tipo de colocaciones»”.

“Es decir –completó Heller- que la Argentina es un paraíso de la especulación financiera. Con un dólar planchado y las tasas de interés que se pagan internamente es un enorme negocio venir con dólares, convertirlos a pesos, invertir por ejemplo en Lebac, vencido el plazo hacer la operación inversa y llevarse la diferencia”.

“La economía se achica y Macri está financiando el déficit con deuda. Esa deuda genera intereses y eso aumenta el déficit fiscal. El Gobierno tiene dos caminos: o más endeudamiento o ajustar el gasto para achicar el déficit, entonces aparece este empecinamiento con los maestros y todo lo que es el sector público, porque quiere ajustar la suba del gasto por vía de uno de los gastos más importantes que tiene, los salarios de los empleados públicos”, concluyó Heller.

Heller junto a Caballero en el Instituto Patria

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El diputado nacional Carlos Heller acompañará mañana al periodista Roberto Caballero en la presentación de su libro “Macri, el año perdido”, que se llevará a cabo a partir de las 18 en el Instituto Patria.

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La disputa es por el modelo

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Tiempo Argentino | Opinión

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Los malabares mediáticos del gobierno no llegan a ocultar el creciente malestar que generan las significativas políticas de transferencias de ingresos hacia los sectores concentrados. La movilización del último martes resultó un claro reflejo de ello, con una nutrida participación no solo de gremios, sino también de pequeños y medianos empresarios, profesionales, y ciudadanos en general. Todos ellos saben que su destino está íntimamente ligado al mercado interno y a la preservación del salario real, precisamente lo que no contempla este modelo.

Los reclamos en torno a la definición de la fecha para un paro general se explican acabadamente. De hecho, la idea hace rato que se viene demorando. Los orígenes del planteo pueden rastrearse desde el momento del veto presidencial a la ley antidespidos, en mayo de 2016, acallado momentáneamente en octubre con la firma de una –insuficiente— compensación salarial y con el “pacto antidespidos”, incumplido finalmente por el sector empresario.

En un primer momento el gobierno sostuvo que la medida de fuerza obedecía a intereses sectoriales asociados al año electoral, una mirada parcial e interesada de los hechos. Fue el ministro de Energía, Juan José Aranguren, quien tiró por la borda esta caracterización al afirmar que “si alguien quiere cambiar la política económica, primero tiene que ganar las elecciones y luego aplicarla, o dictar las leyes que le permitan generar condiciones económicas distintas”.

En el sistema democrático en que vivimos, tal como está pensado, las elecciones son un hito trascendente y suelen marcar la continuidad o no de las políticas. Esto es algo que el gobierno entiende a la perfección, por ejemplo, cuando encara la campaña en la apertura de las sesiones ordinarias del 1 de marzo, con un discurso presidencial plagado de posverdad.

Desde los medios hegemónicos, quien expresó de manera concreta la estrategia política fue Carlos Pagni (La Nación, 9 de marzo). Según el periodista: “El jueves pasado el Presidente ordenó moderar al máximo las decisiones que puedan determinar un deterioro del salario (…). La eliminación de los subsidios y, por lo tanto, la reducción del déficit fiscal serán aun más gradualistas. A los inversores inquietos se les preguntará: ¿Quieren una macroeconomía más equilibrada o que ganemos las elecciones?”

Así, cada vez es más explícito que lo peor del ajuste quedará para después. En la portada de La Nación (10 de marzo) se tituló: “Macri ordenó demorar medidas para evitar reacciones negativas con impacto en los comicios de octubre. Postergarían aumentos en los servicios y el transporte (…). Macri definió una prioridad para este año: la coalición oficialista Cambiemos deberá ganar las elecciones legislativas del 22 de octubre próximo. Por eso ordenó atenuar y postergar los ajustes del gasto público, el recorte de los subsidios y el aumento en las tarifas del gas, el transporte público y el agua.” Una sinceridad escalofriante, más pensando que, de ganar, el oficialismo lo consideraría como un cheque en blanco para profundizar el ajuste que está en marcha.

Hasta el propio Observatorio de la UCA mostró en un informe cómo en los primeros nueve meses de gestión de un gobierno que tendría entre sus objetivos eliminar la pobreza en la Argentina, la misma aumentó en un millón y medio de personas. Uno de los factores que explican la dinámica, además del mayor desempleo, es la suba de la inflación, que para colmo en febrero alcanzó un valor del 2,5% mensual, la más alta desde junio pasado. No podía esperarse otra cosa dados los aumentos autorizados en las tarifas de luz, en la educación, la salud y los alimentos. Para marzo también se espera un índice elevado.

Para su propio consuelo, el gobierno debe haber visto con buenos ojos la deflación del 0,5% en Indumentaria, que se suma a la del 2,2% de enero. No deben pensar lo mismo los productores del sector. Los industriales textiles nucleados en la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) informaron que en enero la actividad del sector se contrajo un 11,1% y que las importaciones se incrementaron 11,5% respecto de un año atrás. El aumento de las importaciones y la caída del consumo interno afectaron duramente a la producción local. Con este ejemplo, mejor ni pensar cuál debiera ser la caída de la actividad económica y el ingreso de importaciones requerido para contener los precios generales.

Por su parte, la última información de utilización de capacidad instalada en la industria marcó un valor del 60,6% en enero, apenas por encima del valor de enero de 2003 (58,8%), que siguió a la brutal recesión de 2002. Con una ociosidad del 40% difícilmente pueda esperarse una lluvia de inversiones en la industria.

Hacia adelante

La paradoja de las políticas del gobierno es que este dice combatir la inflación y la duplica; trata de reducir la pobreza y la aumenta; habla de generar actividad económica y produce recesión; intenta crear empleo y solo se ve más desempleo. Sin embargo, no se trata de un gobierno errante. Este gobierno vino a cumplir una tarea y esa tarea es la de modificar de manera regresiva la distribución del ingreso en la Argentina, con una activa participación y con políticas que van en ese sentido. Por ejemplo, con la baja y eliminación de retenciones, con el retoque a la fórmula de movilidad jubilatoria, o cuando planea aumentar la edad mínima de las jubilaciones, para citar algunos casos.

El economista Ha-Joon Chang citó estos días en una entrevista una frase muy elocuente del escritor norteamericano Gore Vidal: quien sostuvo que “el sistema económico norteamericano es socialismo para los ricos y capitalismo para los pobres”. Para Chang, “resume muy bien lo que fue el capitalismo de libre mercado durante las últimas décadas, especialmente, aunque no únicamente en Estados Unidos. Durante las últimas décadas los ricos recibieron cada vez más protección de la fuerza del mercado, mientras que los pobres han sido cada vez más expuestos a ella.” Este es el tema que atraviesa todos los análisis y en este sentido el gobierno argentino ya ha dicho, como era de esperar, que no se va a rectificar. Es atendible: ello implicaría modificar la matriz de beneficiarios del modelo, algo que no está dispuesto a sacrificar.

Los que nos oponemos a este modelo excluyente tenemos un gran desafío por delante. Es preciso organizar una respuesta efectiva que no esté limitada a una alianza destinada a ganar exclusivamente las elecciones. Argentina necesita un frente que sea lo más amplio posible, pero basado en ejes programáticos comunes. Que permita resistir el ajuste ahora y que además esté preparado para implementar su agenda en caso que pueda ser gobierno.

En esta línea de resistencia y propuestas, el Paro Internacional de Mujeres y la movilización del día 8 constituyeron una demostración rotunda para tratar de erradicar toda forma de violencia y discriminación por cuestiones de género. Desde el Frente de Mujeres del Partido Solidario se participó activamente y se emitió un documento. Entre los ejes planteados se sostuvo “la importancia, especificidad y transversalidad de las reivindicaciones de género, así como su inseparabilidad de la lucha contra el neoliberalismo en todas sus formas y expresiones políticas. Porque con ajuste económico y sin presupuesto para políticas públicas no hay #NiUnaMenos; por el proceso evidente de feminización de la pobreza, y porque el ajuste neoliberal en áreas de servicio recae sobre el trabajo gratuito e invisibilizado de las mujeres”.

Nota publicada en Tiempo Argentino el 12/03/2017

La política en las calles

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Página/12 | Opinión

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Durante tres días de la última semana la política nacional cambió de lugar: salió de los ámbitos cerrados donde el macrismo realiza sus convocatorias al “diálogo” y se expresó masivamente en las calles de todo el país. Se desplazó desde el anonimato de esos encuentros reservados hacia las muchedumbres retratadas en imágenes aéreas. Fueron tres días donde la política tuvo la mirada panorámica de los drones.

Miles de docentes, miles de trabajadoras y trabajadores, miles de mujeres en manifestaciones masivas.

Este ciclo de movilizaciones, que además da la impresión que está en sus inicios, parece poner en crisis una etapa de la Argentina reciente: la de un gobierno que llama a un diálogo de ficción mientras empuja políticas neoliberales que producen miles de nuevos pobres y desocupados. Marcaría, también, el final de un período en el que algunos dirigentes sindicales han oscilado entre una doble lealtad: hacia sus representados que quieren detener el ajuste, por un lado, y hacia el gobierno que quiere continuarlo, por el otro. En este último aspecto, no es un problema en sí la presión que ejerció Mauricio Macri sobre la cúpula de la CGT para que ésta no llame a un paro. El problema es que haya tenido éxito.

En este marco, la demanda de los trabajadores movilizados, el último martes, parece saldar algunas discusiones. Una parte visible de ellos pidió a viva voz a sus dirigentes una fecha precisa de convocatoria a un paro general que ponga un límite al proyecto neoliberal, responsable de los despidos masivos y de los niveles de pobreza en aumento. Se desprende de allí una precisión: no se quiere una CGT unida para que acompañe o negocie con el programa neoliberal. Se la quiere para que lo enfrente. Y ello parece fijar los límites de la demanda de unidad: unidos sí, pero con un objetivo, el de enfrentar sin vacilaciones a ese proyecto neoliberal.

¿Qué dice ante esto el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne? “Bueno, y si hay un paro qué problema hay, al día siguiente todo sigue igual”, sostiene.

Y esto, en parte, es verdad. Porque este gobierno tiene un compromiso muy fuerte con las políticas de ajuste que viene implementando. Cuando Macri se reunió con Mariano Rajoy en España, y este último señaló “no ver otro desafío que perseverar en las decisiones”, el mandatario argentino garantizó que seguirá dando señales concretas para generar confianza tanto de cara a los argentinos como hacia los inversores extranjeros. Ante el pedido de ajuste, Macri garantizó la continuidad de las políticas de recorte.

Incluso, con relación a otra de las grandes movilizaciones de la semana, la de los docentes, se sabe que hay más de 20 mil millones de pesos en el Presupuesto nacional para el fondo de incentivo docente que el gobierno decidió no usar. Y ello se debe a que el Fondo Monetario Internacional, a través de la revisión del artículo IV, en las recomendaciones para achicar el déficit fiscal sugiere que hay que reducir las transferencias a las provincias. Por eso no quieren la paritaria nacional, y por eso no quieren el incentivo docente. Porque cumplen con las recomendaciones del Fondo. Lo mismo pasó con el intento de modificar la fórmula para calcular las jubilaciones. Detrás estaba el Fondo Monetario afirmando que es muy alto el costo de la seguridad social en la Argentina y que es necesario bajarlo.

¿Qué dice otro ministro, en este caso Juan José Aranguren, ante las multitudinarias movilizaciones? Señala: “Si alguien quiere cambiar la política económica, primero tiene que ganar las elecciones”.

Y tiene razón: en este sistema democrático las elecciones son un hito y marcan la continuidad o no de las políticas en curso.

Por eso el gobierno inicia el año lanzando su campaña electoral el 1° de marzo en el Parlamento.

Por eso el gobierno insiste con el gradualismo, con posponer la parte más dura o más profunda del ajuste para luego de la contienda electoral. Primero hay que ganar las elecciones y luego ir a fondo con el ajuste, y no al revés: ir a fondo ahora con el ajuste y perder las elecciones después, porque en este último caso se dificultaría la continuidad del ajuste.

Parecen decir: “Muchachos, no nos presionen más con apurar el ajuste, déjennos ser gradualistas ahora porque necesitamos ganar las elecciones para poder dejar de ser gradualistas después”. No podemos evitar rememorar la tristemente célebre frase: “si decía lo que iba a hacer no me votaba nadie.”

Así todo parece claro: el macrismo necesita ganar las elecciones de este año para ir a fondo luego con el ajuste. El frente opositor al macrismo necesita lo contrario: ganarlas para ponerle un límite al proyecto neoliberal. La novedad es que ya no parece haber un lugar intermedio.

En este sentido, hace un año que la CGT viene demorando el paro. Porque éste se anunció cuando se sancionó la ley antidespidos. Allí se dijo: si Macri la veta hacemos un paro. Pero Macri la vetó y el paro no se hizo. Esa decisión se fue posponiendo. Y se siguió dilatando hasta este martes, cuando parte de la ciudadanía movilizada reaccionó indignada por la omisión.

Y esto ocurrió en una marcha que estuvo lejos de estar protagonizada exclusivamente por trabajadores. A ella se sumaron también una gran cantidad de comerciantes, pequeños empresarios y profesionales, que se dieron cuenta que su destino está íntimamente vinculado al mercado interno y que ese mercado interno está ligado al nivel de empleo, a los niveles salariales y a la restricción de las importaciones competitivas con la producción nacional.

Lo que sucedió en el acto frente al Ministerio de la Producción parece un símbolo del fin de una etapa: ya no hay lugar para estar en el medio. Esta ciudadanía en las calles demanda definiciones. O se apoya al plan neoliberal o se lo enfrenta. Y esto vale tanto para el conflicto social y las movilizaciones en el espacio público como para el próximo escenario electoral. Las movilizaciones, la política en las calles, contribuirán a que esa divisoria de aguas se haga cada vez más nítida. Y la próxima contienda electoral definirá si el gobierno obtiene legitimidad para profundizar el ajuste o un frente anti neoliberal con una clara propuesta programática adquiere la fuerza necesaria en las urnas para limitar definitivamente este modelo de ajuste.

Nota publicada en Página/12 el 12/03/2017

 

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