Impactos esperables de las políticas libertarias

Página/12 | Opinión

Las directrices del actual modelo siguen impactando en la producción y en las condiciones de vida de las argentinas y los argentinos. Lo vengo repitiendo: con estas políticas no puede esperarse algo distinto.

Según los últimos datos de las Cuentas Nacionales, se registró un crecimiento del PBI del 2,3% interanual en el primer trimestre. La mayor contribución al alza provino del Agro y la Ganadería y de la Explotación de Minas y Canteras (que incluye extracción de petróleo y gas, litio, etc.). Sumando ambos rubros se explican dos tercios del aumento de la actividad.

En contraposición, la industria manufacturera continúa cayendo y su peso en el PBI ya es de sólo el 13,7%, inferior al 15,9% de tres años atrás y mínimo de la serie disponible desde 2004.

Por el lado de la demanda, el PBI está siendo traccionado en mayor parte por las exportaciones (sobre todo las del complejo agrícola, la energía y algunos minerales), y no por el consumo interno, cuyo escaso crecimiento es impulsado, según el propio INDEC, “por el aumento de los bienes importados (de consumo final y automóviles)”.

Tampoco ayuda la inversión física, que sigue en caída: una estadística que contradice hasta el momento el discurso oficial de que las inversiones serían el motor de la economía. Para peor, la tendencia a la baja indica que, en los hechos, la economía se descapitaliza: la inversión física bajó un 12% comparando este primer trimestre de 2026 con el de igual período de 2023.

Los datos del intercambio comercial de mayo muestran a su vez que las importaciones de bienes de capital, sus partes y sus piezas siguen en baja, un desenlace esperable dado que difícilmente alguien importe máquinas o piezas si luego no tiene a quién venderle su producción. Además, hay rubros con uso de la capacidad instalada en niveles cercanos al 40%, como el textil y la metalmecánica. Significa que de cada diez máquinas seis se encuentran paradas.

Casi todos los datos oficiales confluyen a una misma situación de profundo deterioro. En este marco, el cierre de empresas, según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), alcanzó a 26.448 firmas desde noviembre de 2023, casi en su totalidad PyMEs.

El gobierno promueve un patrón de especialización en unos pocos sectores, que apunta a la explotación de los recursos naturales y que demanda poco empleo. Los costos de la “reconversión” ya se expresan, por ejemplo, en una fuerte suba de la informalidad, que sólo en el último año se incrementó en 380.000 personas, según el INDEC. Esté “bolsón” va recogiendo a quienes van perdiendo sus empleos formales, lo cual implica también menos ingresos y derechos.

En lo que va de la actual gestión, con datos a marzo del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el empleo asalariado privado sólo subió en 4 de 26 ramas de actividad. Las pocas que crecieron sumaron unas 18.500 personas, mientras que las que bajaron, que son la mayoría, explican una pérdida de 235.000 individuos: es decir, hubo una caída neta de 216.500 en tres años.

Lo propio ocurre con los ingresos laborales. En términos reales, en el primer cuatrimestre de 2026 los salarios privados registrados estaban 5,6 puntos porcentuales por debajo de idéntico momento de 2023. La pérdida se agudiza si se consideran los salarios registrados públicos (-21 puntos).

Si el presente carga con enormes sacrificios, el futuro no luce mejor. Por el momento, los grandes anuncios del RIGI no se tradujeron en la llegada de dólares. Y aunque llegaran, poco le quedará al país, dadas las amplias concesiones tributarias, cambiarias, y los escasos requisitos de contenido local. En rigor, son las muy grandes empresas (principalmente de capitales extranjeros) las que se quedarían con la mayoría de los beneficios.

Mientras tanto, se generó entre los analistas cierto entusiasmo respecto de una posible mejora en la calificación de nuestro país, por parte del MSCI (de Morgan Stanley), lo cual no sucedió. Así, nuestro país continúa en el último peldaño de la clasificación, denominado “fuera de categoría”, imposibilitándolo para recibir principalmente flujos de portafolio, que además son los más volátiles.

Si a la economía productiva le va mal, a la gran mayoría de los argentinos y de las argentinas les irá mal. A no ser que cambie el modelo, no cabe esperar una mejora concreta en la situación de los hogares, que es en definitiva a lo que debieran apuntar las políticas públicas.

Nota publicada en Página/12 el 28/06/2026

Scroll al inicio