Con la gente adentro

Página/12 | Opinión

El gobierno atribuye la falta de una mayor baja del riesgo país a la incertidumbre política y a la desconfianza de “los mercados” sobre la continuidad del rumbo económico más allá del 2027. En ese sentido, trasciende que entre los grandes actores de la economía se intensifican las preocupaciones por las consecuencias del actual modelo y sus posibles efectos electorales.

Hay una idea clara: mientras más disciplinadas estén la sociedad y la oposición, más bajo tenderá a estar el riesgo país. Por el contrario, mientras más protestas y resistencias haya hacia las actuales políticas, mayor será el riesgo país. El establishment aprueba los trazos generales del actual rumbo económico, y demanda su continuidad después de las próximas elecciones.

¿Qué expresa el riesgo país? El diferencial de tasa que, en este caso, la Argentina tiene que pagar para tomar créditos internacionales. ¿Cuál es la referencia? La tasa del bono del Tesoro de Estados Unidos. Por lo tanto, la diferencia entre esta última y la sobretasa que piden los eventuales inversores es el riesgo país. Hagamos un ejercicio: si la Argentina tiene 500 puntos de riesgo país, quiere decir que a la tasa del bono del Tesoro de los EEUU hay que sumarle un 5%. Como aquella tasa está rondando el 5%, se pagaría un 10% de interés para financiarse en el exterior.

El riesgo país es, entre otras cosas, utilizado como un instrumento de manipulación política. En la previa de los comicios del año pasado, por ejemplo, hicieron subir ese índice diciendo que se venía un caos y que el lunes siguiente a las elecciones el dólar se iba por los aires y todo se disparaba. No crearon riesgo país, crearon “pánico país”. Un clima en el que parecía que todos y todas nos caíamos en un precipicio. En ese contexto, probablemente muchos decidieron su voto por temor y no por convicción.

Respecto al rumbo del gobierno, nada parece que vaya a cambiar demasiado. Si la actual administración quiere mantener el equilibrio fiscal como objetivo innegociable y, en simultáneo, se reducen los ingresos impositivos porque los rubros en los que crece la economía (en el escenario de las excepciones del RIGI) generan muy poca recaudación, el único camino que les queda parece ser profundizar el ajuste.

En ese marco, la gente consume menos porque gana menos en términos reales. Además, entran productos importados que contribuyen a un círculo nocivo: el que produce a nivel local, produce menos y como produce menos ajusta su estructura y despide gente. Esos ciudadanos y ciudadanas reducen sus consumos y la rueda negativa se acelera. En otros casos, las fábricas y los negocios van más allá: directamente cierran y ello agrava la espiral recesiva.

¿Cómo consumen las personas si no les alcanzan los ingresos? Algunos lo siguen haciendo por un tiempo, endeudándose. Pero eso se termina, en algún momento les es imposible seguir tomando deuda, llegan a un tope. No es viable resolver la reducción o la falta de ingresos con endeudamiento porque, más temprano que tarde, el problema es que carecen de los medios para pagar la deuda contraída y tampoco pueden consumir.

Javier Milei tiene una convicción firme. Recientemente utilizó en una entrevista televisiva la frase “voy a morir con las botas puestas”. Se refería a que no pensaba implementar medidas distributivas con fines electorales. De ese modo ratificaba que mantendrá sin variaciones el rumbo de su programa económico. “Este es el proyecto, no voy a cambiarlo”, dice repetidamente. El gobierno está convencido de que, en base al crecimiento de la minería, los combustibles, el agro y las finanzas, la economía va a crecer. Ello es posible. Pero se trata de un proyecto de país que deja un tendal de gente afuera.

La escisión entre el modelo que impulsan y sus consecuencias ―el cierre de empresas, la caída de la actividad económica y el desempleo― no se sostiene. Tal separación entre el modelo y sus consecuencias no es posible. Lo que sucede no es “un error” de implementación de la gestión. Las consecuencias son inherentes al propio modelo. Se trata de un proyecto de país en el cual las empresas que cierran producen la pérdida de miles de puestos de trabajo y las empresas que abren ―en los sectores donde el gobierno apuesta al crecimiento― no son mano de obra significativamente demandante. Es un modelo excluyente y es necesario pensar otro modelo con la gente adentro.

El Presidente destacó que el Índice de Precios Internos al por Mayor de julio registró una suba del 0,8%. Lo asoció con su promesa de que la inflación mensual “empezaría con cero”. Pero la inflación mayorista es algo diferente del índice de precios al consumidor. Por empezar, el índice de precios mayoristas no contiene los servicios y está fuertemente influido por el precio de los productos importados. Por lo tanto, si el dólar se ajusta por debajo de la tasa de inflación, es lógico que el aumento de esos precios mayoristas va a tender a ser bajo. Por el contrario, la composición del índice de precios al consumidor, más allá de la variación de los precios de los bienes que provienen del exterior, está influida por muchos otros factores. Y, como ya dijimos, y no está de más repetir, muy fuertemente por el costo de los servicios.

Lo más probable es que todo tienda a seguir igual. Los sectores que ganan van a seguir ganando y los que pierden van a seguir perdiendo. Esto nos conduce directamente al modelo 80/20, un 80% que sufre una situación de deterioro constante y un 20% que vive bien e incluso mejora. Por eso decimos que se trata de un modelo con la mayoría de la gente afuera.

A medida que se acerquen los tiempos electorales, da la impresión de que se van a ir aclarando los alineamientos y va a resultar más difícil rehuir las definiciones. Las preguntas van a tender a simplificarse. Por ejemplo, ¿qué se elige? ¿Una política impositiva redistributiva? ¿O se continúa eliminando ciertos impuestos, reduciendo los ingresos y, por lo tanto, profundizando el ajuste?

En este marco, la ciudadanía deberá elegir entre dos modelos. Esta vez hay algo que cambia con relación a las dos elecciones anteriores: ahora la mayoría de la población ha experimentado a fondo las consecuencias del modelo libertario.

Nota publicada en Página/12 el 23/08/2026

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