Un modelo, muchas víctimas

Página/12 | Opinión

Durante la semana, varios representantes empresarios se manifestaron a favor del modelo impulsado por el gobierno que, en muchos casos, afecta directamente a sus representados. Algunos de estos empresarios se benefician con el modelo. Pero otros actúan ideológicamente, es decir, apoyan políticas que pueden afectar a empresas de su propio sector.

Uno de los más claros fue el presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, Mario Grinman, quien afirmó que durante 2023 “había anabólicos”, en referencia al que denominó como “Plan Platita”. “Todos sabíamos que eso era la Isla de la Fantasía, que no podía durar (…). El consumo volaba, porque la gente sabía que el dinero en el bolsillo le quemaba y había que salir rápidamente a desprenderse. Hoy eso no sucede, los precios están estables y, es cierto, el consumo ha mermado, pero las expectativas, de a poquito, sabemos que esto va a funcionar”, sostuvo y luego agregó: “nosotros somos conscientes, es duro reconocerlo, que algunos vamos a quedar en el camino, pero si ese es el precio que hay que pagar para que nuestros nietos, nuestros hijos, tengan una Argentina normal, un país que progrese con futuro, yo creo que vale la pena”.

Propongo una pequeña corrección a las palabras de Grinman: más que “algunos vamos a quedar en el camino”, se debería decir “muchos vamos a quedar en el camino”. Pero, además, seguramente él forma parte de los que no van a quedar en el camino. Hace un juego de palabras poniéndose entre los afectados, pero da toda la impresión de que está lejos de serlo.

También hay una referencia al “Plan Platita”, es decir, a la distribución de ingresos por parte del anterior gobierno para tratar de contrarrestar el efecto de la inflación y poder mantener el nivel de consumo de la población.

Grinman lo cuenta al revés: sostiene que como la gente sabía que el peso se iba a depreciar, entonces salía a gastar y eso era lo que explicaba la mayor inflación.

En realidad, los argentinos y las argentinas, en un marco de inflación creciente, necesitaban más ingresos para mantener sus niveles de consumo habituales. Pero, en la medida que había más plata para gastar, los grandes empresarios subían los precios y, de ese modo, captaban buena parte de esos ingresos adicionales generados por las políticas del gobierno. En un marco de puja distributiva, la inflación funcionaba como un mecanismo de apropiación de esos mayores recursos en circulación.

La responsabilidad por generar la inflación no la tenían las políticas redistributivas del gobierno anterior, sino los grandes formadores de precios.

En ese contexto, lo que falló no fue darle plata a la gente, sino la falta de medidas complementarias para que esas grandes empresas concentradas no se quedaran con el aumento de los ingresos de la población.

El gobierno de ese entonces no contó con el apoyo decidido de la sociedad o el empuje social necesario para llevar esas medidas a cabo.

Existe en la Argentina, como venimos diciendo, una disputa entre modelos. El que propone el Presidente se sostiene en el desarrollo de la minería, la energía y el agro. Todo lo demás, si es más barato producirlo afuera, desde su perspectiva hay que importarlo y los consumidores se “beneficiarían” con productos a menores precios.

Este martes se publicó el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de diciembre 2025, el que muestra un crecimiento de la economía, impulsado fundamentalmente por la gran cosecha de trigo (50% superior a 2024 y 75% por encima de 2023). ¿Cómo se condice este crecimiento de la actividad con el recurrente cierre o la paralización de fábricas de diversos rubros que se conoce día a día? La respuesta está en la heterogeneidad que se observa en la evolución sectorial. Si tomamos la producción de todo 2025 con respecto a 2023, las divisiones con mayor crecimiento fueron el sector agropecuario (+41%), Intermediación Financiera (+19%) y explotación de minas y canteras (incluye la extracción de petróleo y gas, +16%). En contraste, la industria manufacturera (-8,1%), la construcción (-14%) y el comercio (-3,6%) fueron los sectores con peor desempeño.

Además, los sectores que crecen, aparte de no generar gran cantidad de empleo, hoy tampoco tienen potencialidad para aumentar la demanda de bienes sobre otras ramas de producción. Un ejemplo claro es el agro: las máquinas que se utilizan no son necesariamente producidas en el país. Leyes sancionadas recientemente permiten el uso de maquinaria usada traída del exterior. Por lo cual, las fábricas locales de tractores, cosechadoras, etc., también correrán el riesgo de entrar en crisis. Ello supone que el modelo que está impulsando el gobierno seguirá dejando gente sin trabajo que, a la vez, dejará de consumir. La intensidad, profundidad y velocidad con la que avanzan en la implementación de un proyecto de país para una minoría no tiene precedentes.

Todas las empresas, en una sociedad capitalista, quieren ganar la mayor cantidad de dinero posible. Por eso es imprescindible la existencia de límites y regulaciones que protejan a los más débiles en los procesos económicos. Cuando el Presidente dice que es un topo infiltrado para destruir el Estado desde adentro y Federico Sturzenegger afirma que ya eliminó una gran cantidad de regulaciones y que va a seguir por ese camino, lo que están sosteniendo es que los grandes grupos económicos tendrán las mayores facilidades para aumentar todo lo que puedan sus ganancias.

Desde el arranque del gobierno de Milei hasta el mes pasado se implementaron 138 medidas puntuales para abrir la economía y liberar el comercio. Al desagregarlas, 88 están relacionadas con las importaciones. Si a ello le sumamos los acuerdos con los Estados Unidos y con la Unión Europea, la Argentina va camino a transformarse en un productor de bienes primarios generados por los tres sectores a los que apuesta el gobierno nacional.

Es imprescindible seguir insistiendo en la discusión de modelos. Hay muchas luchas, varias exitosas, pero todas giran alrededor de reivindicaciones puntuales. Los problemas se circunscriben a cada sector. El resultado: una dispersión de esas luchas. Es necesario ponerlas en contexto para que todas ellas confluyan en la crítica al modelo actual y en el despliegue de un modelo alternativo.

El proyecto gubernamental es de inserción pasiva en un orden mundial dependiente de los Estados Unidos y de apertura indiscriminada de los mercados, con todo lo que ello implica con relación a la destrucción de la producción nacional. Esto no puede tener otro resultado que el crecimiento de la informalidad y de la pobreza.

Por supuesto: hay otro modelo, el que defiende la producción nacional, el empleo, la salud, la educación, los derechos de las clases medias y demás sectores populares y la soberanía nacional, entre muchas otras prioridades.

Nota publicada en Página/12 el 01/03/2026

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