Nada bueno que mostrar

Tiempo Argentino | Opinión

Para la ciudadanía, la mentada estabilidad no está exenta de fuertes sacrificios presentes en términos de actividad, empleo, y condiciones de vida.

Los beneficios, en tanto y como ha pasado en los gobiernos de las 4M (Martínez de Hoz, Menem, Macri y Milei), se presentan como promesas a futuro.

Durante su participación en el encuentro de ministros de Finanzas y presidentes de Bancos Centrales del G20, Luis Caputo afirmó que “la estabilidad macroeconómica es la base para un crecimiento sostenido” y señaló además a la inversión privada como principal motor de expansión, con reglas claras y menor intervención estatal.

Los datos indican otro derrotero. Según las cuentas nacionales, la Formación Bruta de Capital Fijo (inversión) cayó un 11,6% interanual en el primer trimestre del 2026, mientras que como proporción del PIB se situó por debajo de idéntico lapso de 2023.

A su vez, la Inversión Extranjera Directa (IED) sigue brillando por su ausencia. Según los datos del Balance Cambiario, entre enero de 2024 y julio de 2026 se registró una salida neta de U$S 1282 millones. Durante este año, con todos los estímulos del RIGI presentes, hubo un egreso neto de U$S 90 millones.

En materia de utilidades de la IED, desde 2024 se fueron unos U$S 3534 millones, concentrados en 2026, momento a partir del cual rige la autorización para el giro de dividendos al exterior.

El ministro de Economía hizo referencia a las conversaciones que mantuvo en el G20 con Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, y con funcionarios del FMI. En un intento de empezar a mostrar apoyos de cara a las elecciones, el funcionario argentino destacó que “el compromiso que tienen con nosotros es muy alto”. Y ante la pregunta de un cronista acerca de si Estados Unidos y el Fondo están preocupados por la “inflación”, o por la “morosidad crediticia”, la respuesta fue, ratificando la postura del Poder Ejecutivo: “no tienen ninguna preocupación”.

Respecto de las garantías para el cumplimiento de la meta fiscal, afirmó que la recaudación “está levantando” y que alcanzarán “sin problemas” las metas pautadas con el organismo multilateral. Sin embargo, los últimos datos de recaudación muestran un descenso interanual del 3,9% real en el acumulado a agosto, con una gran debilidad de los tributos vinculados a la actividad económica, como el IVA DGI. Así es difícil que el consumo esté en niveles récord, tal como sostiene el Presidente.

En este contexto, es esperable que el gobierno profundice el ajuste del gasto, es decir, los recortes en salud y educación, así como en las transferencias a las provincias, entre otros.

El presidente Javier Milei acaba de rechazar una flexibilización de la política fiscal: “el resultado fiscal no se negocia”, afirmó en la semana. ¿Cuán compatible es este objetivo con un año electoral en el que se debe convencer a los votantes de que la gestión precisa cuatro años más para cumplir con las promesas (que nunca llegan)?

En este contexto, la actual administración presentará ante el Congreso el proyecto de Presupuesto 2027, a más tardar el 15 de este mes. Allí se incluirán temas como los ingresos de las provincias, la inversión en obra pública, etc. ¿Cómo harán los gobernadores amigables para que los/as legisladores/as de sus provincias apoyen un Presupuesto con probables mayores recortes que los de este año? Intuyo un debate muy interesante, intenso (y complicado para el oficialismo) en términos de la obtención de los apoyos necesarios.

La discusión de fondo

En la conmemoración del Día de la Industria surgieron diversas críticas al gobierno. Algunas reflejaron la posición de la entidad, que sostiene la aceptación del modelo, pero objeta “las formas” del Ejecutivo para responder a la reivindicación de mejoras sectoriales. Otras, como la de Guillermo Moretti, vicepresidente de la UIA, fueron más al fondo de la cuestión, apuntando, por caso, a la desconexión de las políticas aplicadas con lo que le pasa a la industria.

Desde mi perspectiva, mientras no se resuelva el problema de ingresos de la población, la caída de la demanda interna y de la producción industrial difícilmente vaya a revertirse. En el modelo actual de tres o cuatro sectores que no son grandes generadores de empleo, la industria no es prioridad.

Suena contradictoria la idea de que “con la macro estamos de acuerdo, pero nos preocupa lo que pasa en la micro”. Con estas políticas no hay manera de que tanto la industria, como las PyMEs y los/as asalariados/as transiten un camino distinto. De la misma forma, tampoco suena consistente el pedido al gobierno de medidas como la reducción de la carga tributaria para las manufacturas, pero sin comprometer el orden fiscal ni gravar las grandes fortunas u otros impuestos progresivos.

El Poder Ejecutivo intenta hacer creer que la macroeconomía se mide por lo que ocurre con unas pocas variables monetarias, financieras y fiscales. Pero no se puede dejar afuera del análisis todo lo que tiene que ver con la vida de las personas y con la producción. No existe política macro que sea buena si no cuida el empleo, los ingresos, la calidad de los servicios públicos, o el presupuesto en educación.

¿Cómo desvincular las políticas con el cierre de miles de empresas, con el despido de cientos de miles de trabajadores formales, o con la fuerte suba de la morosidad? Cuando se está frente a situaciones masivas de este tipo hay que pensar que el problema está en el modelo. No se puede responsabilizar a las personas que sufren sus consecuencias ni pedirles que tengan paciencia.

¿Defensa de la soberanía?

Javier Milei anunció en cadena nacional el endurecimiento de sanciones a empresas que participen de iniciativas de explotación de petróleo en el área de las Islas Malvinas, una legislación que está vigente e impone estas penalidades, pero a la que en estos tres años el propio gobierno le ha dado la espalda.

¿Cómo hacer compatible las palabras vertidas en su discurso, por ejemplo, respecto de la construcción de una base naval en Tierra del Fuego, con los ingresos necesarios para ello en el marco del equilibrio fiscal innegociable?

No deja de llamar la atención que el Presidente haya invocado un concepto como el de la defensa de la soberanía, cuando son las actuales políticas las que la sacaron de la agenda de prioridades. Tal es el caso del endeudamiento con el FMI, del descuido de los recursos naturales en el marco del RIGI, o de la política de alineamiento incondicional a los intereses de Estados Unidos.

El discurso del jueves se contradice con los anteriores, así como con los principales posicionamientos de esta gestión.

La intención pareciera ser aprovechar el surco que dejan las declaraciones de Donald Trump acerca de que podría retirarle el apoyo a Gran Bretaña, abandonando su postura de “neutralidad” en el conflicto, que más que un apoyo a la Argentina es un castigo a Gran Bretaña por “no ayudar en Ormuz”, frase que utilizó el presidente norteamericano en una entrevista.

En un marco en que hasta diversos funcionarios implícitamente han reconocido que la economía no se reactiva, la utilización con fines electorales de una causa como Malvinas es otro indicio de que el gobierno no tiene nada nuevo por mostrar. El cansancio de la población parece ser cada vez mayor y no hay anuncio que pueda ocultar que el modelo no funciona para la inmensa mayoría de las argentinas y los argentinos.

Nota publicada en Tiempo Argentino el 06/09/2026

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