Argentina: laboratorio para la región

Página/12 | Opinión

En su último Panorama Económico de América Latina y el Caribe, el Banco Mundial destaca a la Argentina como uno de los “claros focos de fuerte impulso económico”, en una región donde las perspectivas siguen siendo “moderadas”.

El resumen ejecutivo comienza directamente con nuestro país, haciendo referencia a “un impulso derivado del ajuste fiscal, reformas tributarias y laborales, una economía más abierta y su Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI). Estas medidas han ayudado a reducir significativamente el riesgo soberano”. Sin embargo, no se hace mención alguna a los impactos negativos que se observan en el empleo, el ingreso de los hogares o la industria, entre otros.

En un pasaje del documento se afirma que las actuales políticas “han atraído un considerable interés de inversiones privadas (…), aunque la mayoría de estos proyectos aún no se han materializado, respaldan perspectivas positivas de inversión a mediano plazo”.

De lo expresado puede pensarse que la postura del Banco Mundial deja ver un intento de validar las reformas implementadas localmente, e incluso de que este enfoque se extienda en toda la región.

En el texto se indica que la economía argentina se expandirá durante tres años consecutivos (4,5% en 2025, 2,1% en 2026 y 3% en 2027), por primera vez en casi dos décadas. Es de notar que el supuesto impulso se construye a partir de un dato cierto (el de 2025) y de dos años para los que se realizan proyecciones (2026 y 2027). En el caso de los organismos, la experiencia marca que sus estimaciones suelen estar sesgadas al alza y sometidas a importantes revisiones. De hecho, tan solo cuatro meses atrás el Banco Mundial avizoraba para 2026 y 2027 un crecimiento del 3,6% (+1,5 puntos que en el último informe) y del 3,7% (+0,7 puntos).

Desde otra perspectiva, los participantes del REM estiman un crecimiento del 1,5% para 2026 y del 2,4% para 2027.

De todas formas, he comentado en varias oportunidades que incluso si las inversiones llegaran y generaran alguna dinámica de crecimiento, esto no llevaría automáticamente a que la ciudadanía esté mejor, ya que los sectores que se beneficiarían de un posible crecimiento no son aquellos que derraman ni generan el empleo suficiente como para compensar las pérdidas del resto.

Los casos paradigmáticos de los principales sectores perjudicados por el modelo son los de la industria y la construcción. Recientemente se publicaron las estadísticas de la producción manufacturera de agosto, que marcaron un crecimiento mensual del 1,9%.

El aumento era previsible, tras la gran caída observada en julio (-5%). El ministro de Economía, Luis Caputo, comentó tiempo atrás que en la economía impactaron “shocks transitorios”, como la menor disponibilidad de gas en el caso de la industria manufacturera, o la menor cantidad de horas trabajadas en algunos sectores por el Mundial de Fútbol. Sin embargo, el insuficiente crecimiento de agosto daría cuenta de que hay un problema más estructural.

Si se toman los números en períodos más largos, la tendencia no deja dudas. En el acumulado enero-agosto se observó una caída interanual del 2,7% y una baja respecto a 2023 del 11,7%. En cuanto a los niveles de producción, es el peor agosto de la serie, sin considerar la pandemia.

Por su parte, el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) subió un 0,4% mensual en agosto, luego de dos caídas consecutivas importantes (que rondaron el 4% en junio y julio). Aquí también la tendencia no deja dudas: en el acumulado enero-agosto la construcción se encuentra un 24% por debajo de 2023, producto en gran medida de la virtual eliminación de la obra pública que llevó a cabo este gobierno.

Como correlato de lo que ocurre en los sectores mencionados, y midiendo el promedio enero a junio (último dato publicado) entre el 2026 y el 2023 se han observado caídas en los puestos de trabajo registrados tanto en la industria (-71.000) como en la construcción (-86.000), sectores que lideran las bajas.

En 2027 el actual gobierno finalizará el mandato. Habrán pasado cuatro años, lo cual no es poco, y los frutos seguirían sin verse. ¿Cuánto tiempo más de sacrificios hará falta?

En la base del discurso oficial está que lo mejor estaría por venir, siempre y cuando no se modifique el actual rumbo. Sin embargo, las promesas se chocan constantemente con la realidad de un modelo insostenible, cuya profundización hará cada vez más difícil una vuelta atrás.

Nota publicada en Página/12 el 11/10/2026

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