Para tener una moneda única en una región es necesario solucionar varias cuestiones antes, unas de las más importantes son integrar las políticas fiscales, las políticas laborales y las políticas financieras.
Si bien los europeos en el Tratado de Maastrich previeron varias cosas, con esta crisis quedó en evidencia que aún les falta mucho. Para poner un ejemplo simple, es muy difícil que la productividad de un trabajador griego sea la misma que la de un trabajador alemán porque hay una diferencia objetiva entre ambos países.
En los comienzos de la Unión Europea, cuando había bonanza, los países más desarrollados aportaban cuantiosas sumas a favor de los menos desarrollados. España fue uno de los beneficiarios, recibía aportes de Alemania, Francia e Inglaterra para poder invertir en recortar la diferencia. Curiosamente, cuando esos subsidios dejan de fluir, la crisis aparece.
Los bloques deben integrarse a partir de avanzar en identidades legales y regímenes similares. Es necesario, para que la moneda única no se distorsione, que haya salarios iguales, precios iguales, impuestos iguales, tecnologías y hasta una legislación laboral igual, de lo contrario, la productividad en los países con un mayor nivel de desarrollo y en los que tengan un menor nivel de desarrollo va a ser muy distinta.

Si la cuestión de la inseguridad fuera un problema simple, sencillo de resolver con medidas obvias, como las que sugiere cierto sentido común o mejor dicho cierta visión mecanicista o reduccionista del problema, los distintos gobiernos de muchos países de la región y del mundo ya lo hubieran solucionado. En realidad el tema es de gran complejidad, vamos a intentar ofrecer un punto de vista que trate de dar cuenta de dicha complejidad y ofrecer algunas ideas con visión política.
La actual Ley Nº 21.526 de Entidades Financieras deja las operaciones del sistema bancario al arbitrio de los bancos y de la política comercial fijada por cada uno de ellos en función del parámetro de la máxima rentabilidad. Esta norma es en gran parte la responsable del escaso nivel de crédito en nuestro país (12% del PIB) que es el nivel más bajo de toda América Latina. Y también de la aguda escasez de financiamiento productivo a largo plazo.
El jueves 20 de agosto participé de la sexta convocatoria del gobierno al arco político. En la ronda de diálogo participamos las fuerzas de centro izquierda, entre ellas los socialistas, el partido humanista, el Partido intransigente, el Partido nuevo de Corrientes y mi partido, el Partido Solidario.
Considero que la redistribución de la riqueza es un proceso abarcativo de muchísimas políticas. Cuando se decide que el Estado gaste más en educación pública se está redistribuyendo la riqueza; si se invierte más en mejorar los sistemas de salud, si se aumentan las remuneraciones de los jubilados, si mejora el sistema de transporte público e invierte para eso, se esta distribuyendo la riqueza.






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