“Pactos” para aumentar las ganancias

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Tiempo Argentino | Opinión

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En un avance más hacia la construcción de un relato edulcorado del neoliberalismo, el gobierno de Cambiemos ha continuado la impronta de flexibilización laboral, solo que bajo una nueva denominación: “Pactos de productividad”.

En la gira por China, Mauricio Macri ratificó la mayoría de los acuerdos firmados por Cristina Kirchner, en especial la construcción de las centrales nucleares en Zárate y Río Negro. Pero el gobierno prometió a los inversores chinos extender a estas dos centrales el “pacto productivo” firmado por la empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina junto con la Uocra, para bajar los niveles de conflictividad en los trabajos de remodelación de la Central Embalse. El acuerdo busca evitar medidas de fuerza que puedan derivar en “una demora indeseada que afecte el normal desenvolvimiento” de la obra. La contrapartida será una “bonificación extraordinaria”.
Este es un paso más en la dirección de los acuerdos ya firmados en Vaca Muerta y con los gremios de la construcción, automotrices, textiles, calzado. En tanto, están en las gateras los rubros motos y biotecnología.

No obstante, este no es un camino de rosas para el gobierno. El acuerdo originario, el de Vaca Muerta, está encontrando varias resistencias para implementarse. Sucede que si bien fue firmado por las cabezas del sindicato, no obtiene el apoyo de las bases, que ven lesionadas significativamente sus condiciones de trabajo. Estas resistencias podrían replicarse en algunos de los acuerdos ya firmados. Como siempre, será la lucha de los trabajadores la que decida sus condiciones de trabajo, en la medida en que puedan sobreponerse al entorno de elevada desocupación que no ayuda.

Un cronista de La Nación, el 21 de mayo último, describió con precisión el objetivo de estos pactos de productividad: “Se trata, ni más ni menos, de un plan para mejorar los niveles de actividad y la rentabilidad en sectores agobiados por la pérdida de competitividad”. Es decir, el fin principal es mejorar la ganancia empresarial.

En este punto, el presidente Macri sostuvo: “Como decía el General, que cada argentino aporte lo que consume, y yo digo que aporte todavía más de lo que consume, y eso va a hacer crecer al país, y nos vamos a ir para arriba”. Como en otras oportunidades, es una interpretación desfigurada de la historia.

En La fuerza es el derecho de las bestias, Juan Domingo Perón diferencia claramente dos sectores sociales. Por un lado, la clase trabajadora, definida como “la clase útil”. Enfrentada a ella, “la oligarquía, el clero, los sectores parasitarios de los profesionales y de las fuerzas armadas”.

Estos dos sectores son esenciales para entender el texto que parafrasea erróneamente Macri. Perón sostiene que “el régimen justicialista había lanzado una ‘consigna negra’ para los parásitos: ‘cada argentino debe producir, por lo menos, lo que consume’”. Una frase que parece dirigida al actual gobierno que fomenta la especulación financiera, así como las ganancias extraordinarias de los grupos empresarios concentrados.

Además, el “plus “que le agrega Macri para los trabajadores, “producir todavía más de lo que consumen”, aparenta ser un llamado a la sobreexplotación. Nuevamente, en la mente del presidente, los trabajadores deberán cargar con todo el esfuerzo productivo. Una idea que coincide ampliamente con la presión de su gobierno para flexibilizar al máximo las relaciones laborales.

Negativo impacto social

El Indec publicó los valores de la Canasta Básica Total (CBT), compuesta por alimentos y servicios, que alcanzó los $ 14.501 en abril para una familia tipo, un monto necesario para no caer en la pobreza.

Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, en diciembre de 2016 –último dato relevado–, la mitad de los trabajadores percibía un ingreso inferior a los $ 10 mil. En este segmento, pueden caer en la pobreza muchos hogares, incluso con ambos cónyuges trabajando.

Lo más preocupante es que los valores de la CBT han venido creciendo por encima de la inflación. Ya sea que la midamos en términos interanuales (abril 2017/abril 2016), con respecto a diciembre de 2016 o en el propio mes de mayo, la CBT supera los incrementos del IPC del Indec. Esta evolución señala una tendencia firme por la cual los más vulnerables sufren una inflación superior al promedio, determinada principalmente por los precios de los servicios, en especial por los incrementos tarifarios. También indica, en parte, que la tarifa social no está alcanzando a quienes debería: es más una definición para construir el relato oficial, que una medida efectiva.

Tarifas que se incrementarían significativamente tras las elecciones, tesis reforzada por las declaraciones del ministro de Energía, Juan José Aranguren. Sobre el aumento del precio de la electricidad en la provincia de Buenos Aires, frenado por un juez, el ministro se preguntó “¿Quién decide lo que es gradual? Para eso están las elecciones”, indicando que no habrá cambios en la política tarifaria. Para intentar justificar los incrementos, sostuvo que “el aumento es razonable porque, si no, está en riesgo el abastecimiento”, una tesis que carece de sustento: lo que se discute es si las tarifas son accesibles para la población de recursos medios y bajos.

En el reportaje se le escapó una concesión a la gestión anterior, al sostener: “Cuando hablamos de razonabilidad tenemos que hablar de tiempos. Entre 2003 y 2015, los sueldos en Argentina aumentaron en promedio un 1600%, el tipo de cambio un 1500%, la inflación (…) 1300% y las tarifas en Edenor y Edesur 200%”. Reconoce, aunque quizás no signifique una valorización positiva de su parte, que en los pasados 12 años kirchneristas los salarios les ganaron a la inflación, al tipo de cambio y a las tarifas. Todo un dato que ya se comentó en esta columna, y que ahora aparece inadvertidamente en boca de un ministro macrista.

Lo que no explica Aranguren es que a pesar del fuerte aumento de las tarifas de los servicios energéticos (electricidad y gas), en los primeros cuatro meses de 2017 los subsidios al sector energético disminuyeron solo un 10 por ciento.

La reducción de subsidios obtenida por el incremento de tarifas en el primer cuatrimestre es prácticamente compensada por los recursos para el “Plan Gas” que van a las firmas gasíferas para que supuestamente inviertan, aunque no hay metas explícitas y queda al arbitrio de las empresas.

De esa forma, lo que antes el gobierno direccionaba a los bolsillos de los consumidores, ahora se redirecciona a las compañías prestadoras. Un cambio que sin duda beneficia a las empresas, algunos de cuyos CEO están en el gobierno.

En su breve alocución por el 25 de Mayo, el presidente de la Nación criticó a “jueces, sindicalistas, empresarios, que se creen dueños de decirnos lo que tenemos que hacer” y se definió como “servidor público” luego de expresar que “somos los ciudadanos los que tenemos el poder”. Una generalización asombrosa, el pararse en el grupo de los ciudadanos y autoexcluirse de los empresarios. No obstante, habría que preguntarse con cuáles ciudadanos se referencia Macri, puesto que el mensaje del cardenal primado, Mario Poli, fue muy claro: “Buena parte de nuestro pueblo no se siente invitado” porque “carece de lo necesario para una vida digna”. Una frase que resume la situación social que imponen las políticas de desregulación, financiarización económica y beneficios a los grandes capitales. En el corto plazo, este modelo solo puede enfrentarse a partir de una oposición unida alrededor de un acuerdo programático en las próximas elecciones de medio término.

Nota publicada en Tiempo Argentino el 28/05/2017

El liderazgo de Cristina

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Página/12 | Opinión

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Los liderazgos no nacen por pases de magia o porque un grupo así lo decide, ni mueren por los movimientos sigilosos de dirigentes que desean suplantarlos. Los liderazgos nacen o mueren por decisión de las mayorías.

Diversas fuerzas y tradiciones que integran el Proyecto Nacional, Popular y Democrático atraviesan un periodo de tensiones, reorganizaciones y confluencias. Este devenir, crítico y expansivo, ocupa hoy el centro de gravedad de la oposición al macrismo, desplazando al massismo a un lugar silencioso.

En ese proceso de reordenamiento de fuerzas y tradiciones para enfrentar con éxito al neoliberalismo gobernante, una mayoría reivindica un liderazgo que no consideran agotado ni, por lo tanto, necesario de suplantar: el liderazgo de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Para que quede bien claro: se trata de un conjunto de fuerzas, entre las que se cuenta el Partido Solidario, que creen –que creemos– que el liderazgo de Cristina continúa siendo el dinamizador y catalizador de un proceso plural de fuerzas opositoras detrás de un programa de transformaciones económicas, sociales y culturales.

A diferencia de todos los gobiernos desde la reposición de la Democracia en 1983, hasta 2003, que no pudieron completar sus mandatos o se retiraron agotados y sin legitimidad, Cristina dejó su segundo periodo de gestión con altos índices de popularidad y en el marco de una plaza repleta y emocionada que se agolpó para despedirla.

Fueron veinte años de una democracia defensiva y perturbada por una política económica con ejes muy similares a los actuales, que condujo a la crisis del 2001.

Le sucedieron, desde 2003, doce años de una democracia ofensiva que llegó con movilización social, generó movilización social y se retiró con movilización social.

Doce años de gobiernos que desplegaron convicciones y políticas transformadoras apenas llegaron, mientras estuvieron y cuando se fueron.

En un largo ciclo histórico caracterizado por el derrumbe de liderazgos, Cristina –y antes Néstor– fue la excepción a la regla.

Ese liderazgo, que no fue destituido o que no pudieron destituir, es hoy un patrimonio de las mayorías populares y el punto de partida alrededor del cual diseñar la nueva etapa de transformaciones de la Argentina.

Una maquinaria sincronizada de grandes medios hegemónicos, fuerzas económicas concentradas y jueces obedientes intentaron, e intentan, destruir ese activo social que es uno de los tres componentes de cualquier proceso de reorganización política: el liderazgo, el que debe actuar junto a un programa y un conjunto de fuerzas que construyan mayorías.

Pero no lo lograron y, entonces, el Proyecto Nacional, Popular y Democrático cuenta hoy con ese liderazgo disponible.

¿Por qué razón habría que renunciar a ese liderazgo disponible para intentar crear otros alternativos?

Es bueno recordarlo: Cristina es lo que Cristina representa. Lo que construyó material y simbólicamente en sus gobiernos: un piso muy alto de políticas implementadas que garantizan la dirección y el sentido de la continuidad del proyecto nacional, popular y democrático.

Entre otros aspectos, representa los procesos de integración regional, de vinculación sur-sur y una estrategia exterior soberana y activa; una política consecuente de derechos humanos en torno a la búsqueda inclaudicable de memoria, verdad y justicia; procesos permanentes de inclusión social, económico y cultural; un proyecto de desarrollo industrial con la ciencia y la tecnología como agregado de valor; mayor financiamiento educativo y del sistema de salud; paritarias libres, aumento del salario real e incrementos jubilatorios por ley, entre muchas otras políticas e iniciativas.

Eso representa su historia. Pero un liderazgo contiene siempre un futuro. Y, en ese futuro, está nuestra oportunidad de retomar lo que no logramos hacer, lo que quedó incompleto o lo que no hicimos bien.

Para ello, un programa. Una nueva agenda de iniciativas que estimulen a la sociedad, que la acerquen aún más a la política y que la alejen definitivamente de las seducciones del neoliberalismo.

Mientras, un agresivo plan de restauración neoliberal se despliega con formas diversas sobre los países de la región, ya sea a través de golpes políticos-judiciales como en Brasil, despliegues sistemáticos de violencia destituyente como en Venezuela o por vías electorales como en nuestro país.

Rafael Correa, quien logró poner un límite a este proceso de restauración neoliberal en la región, afirmó recientemente que “es necesario desarrollar sociedades con mercado y no sociedades de mercado”. Y agregó: “Cualquier proceso de cambio en América Latina tiene que empezar por hablar de la distribución. Ese es el gran problema de la región: la desigualdad. Aquí tenemos ricos más ricos que en Suiza y pobres más pobres que en África.”

Es una clave importante: ese programa, para la nueva etapa del proyecto nacional, popular y democrático iniciado en 2003, debe retomar como horizonte la reducción de la desigualdad social.

Para ello, junto a la reposición de la defensa irrestricta de los derechos humanos, la búsqueda innegociable de memoria, verdad y justicia, y la lucha abierta contra toda forma de discriminación de género y de xenofobias, es necesario impulsar una reforma tributaria orientada a gravar a la riqueza y a los grandes patrimonios; una ley de inversiones extranjeras que vincule el arribo de capitales externos al interés nacional; una nueva ley de servicios financieros; el establecimiento de límites precisos a las operaciones especulativas y control del endeudamiento; una política monetaria comprometida con el desarrollo económico con equidad social; la recuperación y ampliación de los planes de desarrollo científico, de estímulo a la industria, de asistencia y expansión de las economías regionales y de protección y desarrollo de las pymes, restringiendo importaciones que producen pérdidas de puestos de trabajo; la regulación de la extracción de recursos naturales para hacer a la actividad compatible con la adecuada protección del medio ambiente; progresivos aumentos del financiamiento educativo y del sistema de salud, entre muchas otras medidas.

Enfrente no estará sólo el macrismo. Lo acompañaran las fuerzas profundas de la economía concentrada, quienes ensayan desde hace años distintos intentos fallidos por estabilizar un modelo de país excluyente. Son los grandes grupos económicos y financieros, hoy nucleados en AEA y en el Foro de Convergencia Empresarial, los que ya lo intentaron con la dictadura y con Martínez de Hoz, luego con el menemismo y ahora han retornado con Mauricio Macri.

Hay un liderazgo disponible. Hay un conjunto de fuerzas y tradiciones confluyendo. Debemos construir un nuevo programa de gobierno. Es nuestra propuesta o la de ellos. La diferencia es la exclusión o la inclusión de millones de argentinos y argentinas.

Nota publicada en Pagina/12 el 21/05/2017

Brasil y sus enseñanzas

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Tiempo Argentino | Opinión

Los sucesos políticos que atraviesan la coyuntura de Brasil no pueden ser desvinculados de la precaria situación económica que allí se observa desde hace un par de años, con importantes caídas del PIB en 2015 y 2016. Sin embargo, la debilidad de fondo de esta economía no es nueva y tiene raíz en las medidas ortodoxas que se implementan.

Mucho de esto tiene que ver con los límites que impone la estrategia de metas de inflación que se adoptó en 1999 e involucró la existencia de una de las tasas de interés reales más elevadas del mundo. Esto generó un significativo ingreso de capitales especulativos, bajos niveles de inversión productiva, una fuerte pérdida de competitividad y una significativa primarización de la economía.

El reciente congelamiento del gasto público real por 20 años, la idea de avanzar con la flexibilización laboral y la propuesta de reforma de la seguridad social completan un complejo panorama a futuro, aunque ahora son más escasas las posibilidades de que lo pueda llevar adelante un gobierno con tan poco consenso como el actual. De allí que el “círculo rojo” de Brasil decidió que Michel Temer ya realizó “el trabajo sucio” al avalar el “golpe blando” contra Dilma Rousseff, y ahora requiere ser reemplazado por un político potable para la sociedad, que pueda continuar con las reformas de Temer, requeridas también por el FMI.

Brasil es, además, otro ejemplo acerca de cómo los modelos económicos neoliberales impactan en la sociedad y terminan afectando al propio sistema político, algo por lo que ya atravesó con grandes costos nuestro país en 2001. Una enseñanza que el gobierno de Mauricio Macri no debería minimizar.

En lo coyuntural, se verá amenazado el (exiguo) crecimiento de Brasil y ello afectará en alguna medida a nuestra economía, fundamentalmente por la vía comercial, ya que se trata del principal destino de nuestras exportaciones (16%). En el caso de las exportaciones de manufacturas industriales (MOI), el 32% del total se destina a Brasil, siendo la mayoría de ellas del sector automotor. En tanto, los efectos del canal financiero son mucho más automáticos. Son los riesgos que imprime el esquema de desregulación de los movimientos de capitales al que adscribe nuestro gobierno. Los bajos niveles de deuda heredados hacen que el panorama financiero luzca por ahora menos complicado, pero no deja de ser una luz de alerta de cara a los próximos años.

En este marco, cabe mencionar el título de El Cronista en la portada del viernes: “El caso Temer revive la crisis brasileña y complica el repunte de la economía en la Argentina”. Una excusa que no extrañaría escuchar en un futuro próximo por parte de nuestras autoridades para justificar la ausencia de “brotes verdes”, aunque en realidad la economía no reacciona por las propias políticas del gobierno nacional.

En la semana se conoció el Índice General de Actividad de Orlando Ferreres (un indicador con similar espíritu al estimador de actividad económica del Indec, EMAE) que registró un crecimiento para abril del 3,3%. Pero esto mucho tiene que ver con el derrumbe que dicho índice mostró en abril de 2016, con una baja interanual del -4,9%. Entonces, si comparamos los datos de abril de 2017 con los del mismo mes del de 2015, aun presenta una baja del 1,8%, lo cual es otra muestra de que se está muy lejos de los mentados “brotes verdes”.

Algo parecido ocurre con la facturación de los supermercados y centros de compra, que en marzo subió un 18,2% y un 10,6% interanual. Estos datos indican una fuerte caída real, considerando el 35% de inflación que para dicho período indica el IPC-CABA. No podía esperarse otra evolución teniendo en cuenta la política salarial que promueve el gobierno.

Al respecto, cabe mencionar el acuerdo paritario entre el Estado y los trabajadores de la administración central. El aumento será del 20% en tres tramos (5% desde el 1 de junio, otro 5% en julio y finalmente el 10% en agosto). Además habrá una cláusula gatillo para cuando la inflación supere el 20% en el año. Lo más grave es que se convalida la pérdida por la inflación del período anterior. También se acordaron metas bastante exigentes por presentismo y por productividad.

En paralelo, el gobierno anunció la entrega de subsidios a las grandes compañías electro-intensivas, con uno especial para las ultra-electrointensivas que parecería tener nombre y apellido. Son $ 2250 millones que se destinarán a las grandes empresas, bajo la forma de descuentos del 20% en la factura de energía. Mientras, a las pymes y las empresas de la economía social no se les reduce en nada las fuertes subas de tarifas energéticas. Una clara idea de para quiénes gobierna el macrismo.

Tren sojero

El presidente Macri estuvo de gira por Asia y obtuvo un reconocimiento del primer ministro japonés, Shinzo Abe, quien le dijo que “Argentina tiene el papel de locomotora en el continente”. Claramente no es por la potencialidad industrial ni por la envergadura de su economía; tal vez sí lo sea por su legalidad y su orientación marcadamente neoliberal, atributos que hoy brillan más aun ante la fuerte crisis política en Brasil. Incluso podría pensarse que, de ser una locomotora económica, encabezaría un gran tren sojero y cerealero.

En tanto, durante su visita a China el presidente Macri ratificó varios compromisos firmados por el anterior gobierno, que rechazó cuando era oposición. En 2015, por caso, le envió una carta al embajador chino en Argentina en la cual justificó su rechazo a los acuerdos por contener conductas “violatorias de la Constitución Nacional y contrarias al más elemental principio de transparencia en el manejo de la cosa pública”. Parece que este no es más el caso.

La presión de China para que se respete lo firmado no fue menos importante. En abril el gobierno chino había exigido “firmemente” a la Argentina –para “estimular la confianza de las empresas chinas”– respetar los convenios anteriores, específicamente los relacionados con el proyecto de recuperación del Ferrocarril Belgrano Cargas, las represas hidroeléctricas de Santa Cruz y la construcción de las centrales nucleares IV y V.

En cuanto a los nuevos acuerdos pactados por Macri, más allá de varios memorándums de entendimiento sobre educación, cultura, deportes y cooperación agrícola, se ratificaron los acuerdos para la construcción de una planta de energía renovable en Jujuy, el proyecto de recuperación del ferrocarril San Martín de Cargas y se estableció un “Protocolo de requisitos fitosanitarios para la exportación de uvas” de Argentina al país asiático, entre otros.

Al igual que con los brotes, el gobierno sigue sin poder mostrar resultados que indiquen al menos una llovizna de inversiones. La gira por China dejó en claro que el gobierno sacó a pasear por Asia las directrices principales de su pensamiento: que Argentina sea el “supermercado del mundo”. Acompañado en la comitiva, entre otros, por el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Luis Etchevehere, Macri afirmó que nuestro país “es un gran productor de alimentos”, con capacidad para cubrir “la demanda de 400 millones de personas (…) y esperamos duplicar eso en cinco a ocho años; estoy seguro de que con la ayuda del empresariado chino lo podremos hacer”. Con los desorbitantes valores de la canasta básica alimentaria que acusa el Indec, y los problemas de empleo, suena extraño que el presidente esté pensando en alimentar al mundo. «

Nota publicada en Tiempo Argentino el 21/05/2017

Heller participó de la presentación del libro “Patria o dólar” de Alejandro Vanoli

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El diputado nacional y presidente del PSol presentó la publicación en un panel compuesto por el diputado Juan Manuel Pedrini, el titular de la Asociación Bancaria Sergio Palazzo y el periodista Gustavo Sylvestre.

El sábado 13 de mayo, el diputado nacional y presidente del PSol, Carlos Heller participó del panel de presentación del libro “Patria o dólar” de Alejandro Vanoli, junto al diputado Juan Manuel Pedrini, el titular de la Asociación Bancaria Sergio Palazzo y el periodista Gustavo Sylvestre.

Durante su intervención, Heller destacó que “Patria o dólar” es un documento importante para la reflexión en el marco del plan económico que implementa el gobierno de Cambiemos. “Se trata de una publicación que entiende a la economía como una ciencia social que permite transformar la realidad afectando la distribución de la riqueza entre todos los sectores. En este sentido, todas las medidas que se han implementado en los últimos tiempos siguen la línea contraria: favorecen la concentración de la riqueza en pocas manos en perjuicio de los que menos tienen”, destacó Heller.

Luego, el diputado enumeró algunos de los roles destacados que ocupó Vanoli a lo largo de su carrera, como su participación en el grupo de economistas del Plan Fénix, su tarea al frente de la Comisión Nacional de Valores -donde fue un actor principal en reforma de la Ley de Mercado de capitales que reemplazó una legislación de la dictadura de Onganía-, y luego en el Banco Central donde creó una comisión para investigar delitos realizados durante el terrorismo de Estado, “una Subgerencia desde donde se sacaron a la luz maniobras e irregularidades realizadas durante el último Golpe, por ejemplo, el proceso de endeudamiento que deriva en la crisis del 2001”, destacó. Y al respecto, recordó que Agustín Rossi le acercó un documento encontrado en el Ministerio de Defensa en donde la ex ADEBA le proponía a la junta militar (en abril de 1978) definir las bases estructurales de un modelo de país donde los ejes de la política económica deberían ser la implantación de una auténtica economía de mercado y la subsidiaridad del Estado, “lo que ahora nuestro Presidente llama «Estado canchero», que crea las condiciones para que los privados hagan el mejor negocio”, explicó Heller. Por último, con miras a la próximas elecciones, el diputado del Psol afirmó “en su libro, Alejandro dice acertadamente que hay que fraguar el triunfo de un proyecto nacional en las elecciones del 2019 y garantizar un gobierno fuerte, de base popular, que pueda no solo recuperarnos de la destrucción iniciada el 10 de diciembre de 2015, sino también sentar bases sólidas para no volver a retroceder. Los ciudadanos también tendrán la posibilidad de elegir antes de las elecciones presidenciales a diputados y senadores que sostengan propuestas programáticas y no sean funcionales al actual gobierno”.

Palazzo, en tanto, señaló que el Pueblo no tolerará un despojo similar al ocurrido en la década del ´90 y remarcó la necesidad de “ampliar el espacio de los sectores populares, independientemente del origen partidario, para poder establecer una nueva mayoría que le dispute no solo el gobierno a Cambiemos, sino que pueda conformar una fuerza que concluya las reformas que comenzó el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner”.

A su turno, el diputado Pedrini, hizo un repaso por los logros de Vanoli adelante del Banco Central, en donde garantizó que el Estado pueda tener presencia en empresas como YPF y Siderar, entre otras, y donde demostró que “se pueden hacer políticas que no sean solamente mantener el valor del dinero”.

Sylvestre sostuvo que el Banco Central que le tocó presidir a Vanoli demuestra que durante los años del kirchnerismo la política estuvo por encima de la economía, ya que en su gestión la preocupación estaba puesta en los sectores productivos, las pequeñas y medianas empresas, cómo se podía cuidar el consumo y los derechos humanos.

Al cierre del encuentro, Vanoli sostuvo que escribir el libro fue “un acto de resistencia para dar testimonio y que cada uno pueda pensar y ayudar a pensar a aquellos que fueron engañados por el actual gobierno”. Y prosiguió “debemos lograr que con esa porción de la población se pueda recrear otra mayoría que saque al neoliberalismo del poder en el año 2019 y para eso, también hace falta una dirigencia política que deje de lado los personalismos y se interponga la unidad con contenido en el 2017”. Sobre las consecuencias de la actual política de endeudamiento sostuvo “no hay ningún país que pueda sostener este nivel de deuda cuando también por imperio de estas políticas la capacidad de pago se va destruyendo, porque el aparato productivo se va demoliendo día a día y cae la recaudación, por eso, después del megaendeudamiento viene el ajuste. No podemos caer dos veces con la misma piedra, por ello son vitales las elecciones del 2017”, concluyó.

La presentación de “Patria o dólar” se desarrolló ante un auditorio colmado en la Feria del libro y entre los asistentes estuvo presente Nora Cortiñas (Madre de Plaza de Mayo).

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El gobierno: ¿en retroceso?

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Tiempo Argentino | Opinión

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En los últimos días, el gobierno salió a responder alguna de las críticas que le vienen haciendo desde diversos sectores. Lejos de representar algún tipo de retroceso, la estrategia para la coyuntura pasa por atajar la disconformidad –cada vez más amplia—, esperar que transcurra el tiempo hasta las elecciones y evitar comprometer el proyecto de largo plazo que encarna la gestión de los CEOs.

Para ello, no duda en utilizar de una manera sesgada los datos de la realidad y cuando ni siquiera eso le es posible, promete el futuro venturoso característico del discurso neoliberal. El caso de la inflación es ilustrativo. En la semana se conoció que el IPC del Indec creció un 2,6% en mayo, mucho más de lo esperado por las autoridades, llevando la inflación al 27,5% interanual, muy por encima de la meta del BCRA, de entre el 12% y el 17 por ciento. Ante ello, el ministro de Finanzas, Luis Caputo, salió a aclarar que lo importante no es la meta sino que la inflación baje. Habría que recordarle que esto no es lo que está pasando, ya que antes de que asumieran el crecimiento de los precios alcanzaba el 24,6 por ciento. El futuro providencial también es alimentado por el mediático ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, quien proyectó que “en el cuarto trimestre la inflación debería estar en niveles cercanos al 1% mensual, y eso sería un cambio notable para Argentina”, un claro pedido de cheque en blanco para la sociedad, a ser llenado tras las elecciones. Las subas de tarifas proyectadas del cuarto trimestre para servicios como la luz y el gas generan más dudas que certezas sobre esta promesa.

La estrategia “pírrica” de combate contra la inflación no se detiene. Según Dujovne, “estamos muy comprometidos con la lucha antiinflacionaria. Vamos a persistir (…) y a lograr reducir esta tasa”. Brasil es un buen espejo para analizar este tema. Allí la inflación cayó en abril al 4,08% interanual, por debajo de la meta central del 4,5%, luego de índices más elevados en los años previos. Para conseguirlo debió atravesar una fuerte caída de la actividad económica: en 2015 y 2016 el PBI se redujo un 3,8% y 3,6%, respectivamente, y este año crecería un 0,16%, casi nada. Justo en estos días se conoció que las ventas minoristas en Brasil cayeron un 1,9% en marzo, el peor desempeño de los últimos 14 años.

Teniendo en cuenta que la experiencia teórica y práctica de las políticas ortodoxas indica que la menor actividad afecta el empleo, y que ello es fundamental para reducir la presión salarial y contener la inflación, cabe preguntarse, ¿qué sendero debe seguir en nuestro país el nivel de actividad económica para que la desinflación buscada efectivamente ocurra? La respuesta no es muy alentadora y es precisamente en este marco que la gente no “siente” los beneficios de la supuesta bonanza. Tampoco los percibirá más adelante, pensando en el ajuste fiscal que anticipa el gobierno, aunque no le guste al ministro Dietrich, que prefiere denominarlo “responsabilidad fiscal”.

Mientras tanto, el gobierno continúa haciendo malabares con la información de la que dispone buscando que crezca algún milímetro su achatado bosque de brotes verdes. Pero el principal pilar, el consumo, sigue sin repuntar. Difícilmente lo haga con las condiciones que muestra el mercado laboral y con paritarias que se pactan en porcentajes mucho más bajos que la inflación. Incluso numerosos gremios aún no han cerrado sus acuerdos y siguen percibiendo los mismos salarios del pasado año.

En el actual estado de posverdad, el jueves las autoridades económicas dieron a conocer un cuadro con indicadores tratando de mostrar mejoras. Se trata de una selección sesgada que deja afuera muchas variables importantes y que, así y todo, no es concluyente. Algunas muestran los impactos positivos en sectores vinculados a la obra pública, como avances en los despachos de asfalto, o producción de laminados no calientes. Pero otras muestran caídas, como los despachos de cemento.

En el mejor de los casos, los indicadores actualizados dan una pauta de que el PBI continúa estancado. De hecho, el propio jefe de asesores de Hacienda, Guido Sandleris, dijo que el “el PBI se mantuvo levemente en terreno negativo en la comparación interanual”. No hay que dejar de mencionar la inclusión del dato de marzo de actividad económica (EMAE), que el ministerio se apuró a mostrar y que aún no fue publicado por el Indec. Refleja un crecimiento del 1,7% desestacionalizado, tras la caída de enero (-0,4%) y febrero (-1,9%), dando a entender que el crecimiento habría comenzado. No obstante, para ser rigurosos es preciso analizar la tendencia y no datos aislados. El optimismo luce desproporcionado teniendo en cuenta que una situación de este tipo ya había ocurrido en noviembre (+0,84%) y diciembre (+2,08%), datos que prácticamente volvieron a “foja cero” en el primer bimestre del año. Entre los positivos (que las autoridades muestran con color verde) también figura la variación del empleo público y privado de marzo: ¡un significativo 0,1%!

Cerrando filas con el gobierno

Mientras la economía no reacciona y el gobierno da explicaciones por todos los medios, el tablero del empresariado concentrado se sigue moviendo, aprovechando al máximo los espacios que brinda la gestión de los CEO.

Por un lado, la aerolínea colombiana Avianca obtuvo el visto bueno del Ministerio de Transporte para operar las rutas que había pedido en la audiencia pública de diciembre. La definición había quedado en suspenso por la vinculación con la empresa del propio presidente Macri y su familia, y por las irregularidades surgidas en el otorgamiento de las rutas.

El conflicto sigue pendiente y se remonta a marzo del año pasado, con la venta de MacAir Jet, una compañía de la familia Macri, a Avian Líneas Aéreas. Una de las irregularidades que se investiga se basa en la garantía que MacAir le concedió a la empresa colombiana de que se le otorgarían todas las rutas solicitadas. No es casual que en una entrevista brindada al diario El Tiempo de ese país, el principal accionista de Avianca Holdings, Germán Efromovich, aclaró que antes de efectuar la compra consultaron con el ministro Dietrich si había algún inconveniente en intervenir en el mercado aerocomercial. La respuesta que le habría dado el ministro está a la vista: Avianca obtuvo 16 rutas por 15 años.

Hasta el propio presidente se encuentra imputado por este conflicto. No obstante, la Oficina Anticorrupción y la Sindicatura General de la Nación autorizaron a que la compañía empiece a operar en el país, constituyendo una de las tantas aerolíneas que ya compiten con la línea de bandera.

La otra novedad del mundo empresario tiene que ver con la incorporación de nuevos jugadores al “plantel” de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), un think tank que refleja fielmente el pensamiento del modelo de Cambiemos. Los nuevos miembros son Carlos Blaquier, Alejandro Bulgheroni, Eduardo Constantini, Marcos Galperín, Martín Migoya y Luis Perez Companc. La asociación es la principal impulsora de la concepción del Estado “canchero” –el que prepara las condiciones para que los privados hagan sus negocios—, tantas veces citado por el propio Macri, tiene como vicepresidentes a Héctor Magnetto y Paolo Rocca, entre otros, un fiel reflejo de la protección mediática de la que goza el actual gobierno. Son sectores que han crecido a la luz del Estado subsidiario, y que esperan seguir haciéndolo. La flexibilización laboral y la baja del gasto social o de los impuestos a las empresas, son algunos de los pilares del escenario que se planea construir después de octubre. El establishment no parece, por el momento, estar en retroceso.

Nota publicada en Tiempo Argentino el 14/05/2017

 

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